El programa Hoy por Hoy de la Cadena SER mantiene una sección especial dedicada a desenterrar las historias más curiosas y entrañables del escritor Luis Alegre. A través de este espacio, diversas personalidades del mundo del espectáculo han pasado por los micrófonos para compartir vivencias inéditas junto al autor. Entre los rostros conocidos que ya han participado figuran nombres como Paula Echevarría, Fran Perea, Amparo Larrañaga, Raúl Arévalo o Malena Alterio, todos ellos unidos por un denominador común: formar parte del círculo de amistades de Alegre.
Este jueves ha sido el turno de la actriz Verónica Sánchez, una de las intérpretes más consolidadas del panorama nacional. Con una trayectoria que abarca desde series de gran éxito como Sky Rojo hasta películas memorables como Los dos lados de la cama, La montaña rusa o Gordos, Sánchez ha demostrado una versatilidad que le ha valido el reconocimiento del público y la crítica. En su conversación con Àngels Barceló, la artista no dudó en desgranar qué significa realmente compartir amistad con alguien tan impredecible como Luis Alegre.
"Ya podemos contarlo, han pasado 20 años", manifestó la actriz en un momento de la entrevista, solicitando permiso para desvelar una de las anécdotas más sorprendentes que atesora junto al escritor. "Luis Alegre es el responsable de los mayores sustos que me he llevado en mi vida", aseguró entre risas, preparando el terreno para una historia que ha perdurado en su memoria durante dos décadas.
El relato se remonta a una tarde cualquiera en la que el teléfono de Verónica sonó con la voz inconfundible de su amigo. La propuesta era sencilla: quedar para tomar algo en el mítico Café Gijón, un establecimiento histórico de Madrid que ha visto pasar generaciones de intelectuales, artistas y pensadores. Este café, ubicado en el paseo de Recoletos, ha sido durante décadas punto de encuentro para tertulias literarias y culturales, y precisamente allí solían citarse el escritor y la actriz.
Lo que empezó como una reunión casual para charlar sobre la vida y los proyectos terminó derivando en algo completamente inesperado. La conversación fluyó con tal naturalidad y complicidad que Alegre no quiso que aquel momento terminase tan pronto. "No me apetece despedirme de ti todavía, ¿por qué no vienes al cine con nosotros?", le propuso de improviso. La actriz, sorprendida pero intrigada, aceptó la invitación. El escritor consultó rápidamente a sus acompañantes, que aguardaban pacientemente, y recibió el visto bueno para incluirla en la comitiva.
Durante el trayecto hacia la sala cinematográfica, la curiosidad de Verónica Sánchez crecía. Quién no se preguntaría sobre la identidad de aquellos amigos tan flexibles y dispuestos a incorporar a una nueva persona en sus planes. "¿Tus amigos son del mundo del espectáculo?", inquirió la actriz, intentando averiguar más detalles sobre quiénes conformaban el grupo. La respuesta de Alegre fue deliberadamente ambigua: "No exactamente", respondió con el tono enigmático que le caracteriza.
La cita cinematográfica tenía lugar en los Cines Verdi, una de las salas de referencia para el cine de autor y independiente en la capital. La película elegida pertenecía a Isabel Coixet y contaba con Penélope Cruz en su reparto, un título que prometía una velada cultural de primer nivel. Sin embargo, el plato fuerte no estaba en la gran pantalla, sino en butacas que ocuparían momentos después.
Verónica Sánchez no tardó en descubrir la razón de tanto misterio. Cuando los amigos de Luis Alegre hicieron acto de presencia en la sala, la actriz se encontró cara a cara con Felipe y Letizia, los entonces Príncipes de Asturias. La sorpresa fue mayúscula. Aquellos "amigos" a los que se refería el escritor no eran otros que los futuros Reyes de España. La escena, que podría parecer sacada de un guion cinematográfico, formaba parte de la realidad más cotidiana y, al mismo tiempo, extraordinaria.
"Esta me la ha jugado varias veces", reconoció la actriz, evidenciando que aquella no fue la única ocasión en la que Alegre le tendió una trampa de similar calibre. La anécdota, ocurrida hace ya dos décadas, demuestra el carácter impredecible y juguetón del escritor, capaz de convertir una simple salida al cine en un encuentro histórico.
La relación entre Verónica Sánchez y Luis Alegre trasciende el mero ámbito profesional. La actriz confesó que su familia, enterada de las habilidades del escritor para las sorpresas, vive con cierto temor cada vez que se anuncia un encuentro entre ambos. "Mi madre se pone nerviosa cuando le digo que voy a verle. Siempre me repite: 'Ponte guapa, no vaya a ser que te lleve a algún sitio importante'", relató entre carcajadas. Esta reacción doméstica refleja el estatus de leyenda urbana que han adquirido las gestas de Alegre entre sus allegados.
El miedo, en este caso, no es más que el reverso de la admiración. La capacidad de Luis Alegre para tejer encuentros inesperados, para convertir lo ordinario en extraordinario, es precisamente lo que hace tan especial su amistad. No se trata de simples coincidencias, sino de un talento deliberado para crear momentos memorables que perduran en el tiempo.
La anécdota de los Cines Verdi no solo ilustra el carácter del escritor, sino que también ofrece una visión más humana y cercana de las figuras reales. Imágenes de Felipe y Letizia disfrutando de una película de Isabel Coixet en una sala de cine madrileña, acompañados de amigos leales como Luis Alegre, dibujan un retrato de normalidad lejos de los focos institucionales. Son esas instantáneas de vida privada, compartidas con discreción, las que construyen la verdadera historia detrás de la corona.
Para Verónica Sánchez, aquella experiencia se ha convertido en uno de los recuerdos más preciados de su relación con el escritor. El paso del tiempo, lejos de desgastar la anécdota, le ha conferido un valor añadido. Cada vez que la cuenta, lo hace con la misma frescura y asombro que el día que sucedió, como si aquella tarde en el Café Gijón y los Cines Verdi hubiera ocurrido ayer.
El legado de Luis Alegre, más allá de sus escritos, reside en estas pequeñas grandes historias que teje a su alrededor. Cada amigo guarda un tesoro similar, un momento en el que lo imprevisible se hizo realidad. La sección de Hoy por Hoy no hace más que recopilar estas joyas, construyendo un mosaico vital que retrata a un personaje único en el panorama cultural español.
La actriz concluyó su intervención dejando claro que, pese a los sustos, no cambiaría esa amistad por nada. Los encuentros fortuitos, las sorpresas planificadas y la magia de lo inesperado son el sello distintivo de una relación que ha resistido el paso de dos décadas. Y mientras sigan existiendo lugares como el Café Gijón y cines como el Verdi, seguirán naciendo historias como esta, listas para ser contadas 20 años después.