El Estadio O Couto volvió a ser testigo de una gesta épica. El Ourense CF, conjunto de categoría inferior, consumó su segunda hazaña consecutiva en la Copa del Rey al eliminar al Girona FC, uno de los equipos revelación de LaLiga EA Sports. Con un marcador final de 2-1, los gallegos sellaron su pase a la siguiente ronda y consolidaron su estatus de matagigantes del torneo del KO.
El duelo, correspondiente a los dieciseisavos de final, tuvo de todo: un gol tempranero, una remontada parcial, un tanto decisivo y un final de infarto que mantuvo a los 5.000 espectadores en vilo hasta el último segundo. La victoria ourensana no fue producto de la casualidad, sino de una estrategia bien ejecutada, una defensa heroica y un aprovechamiento quirúrgico de las oportunidades.
El golpe en el primer minuto
El partido no pudo comenzar mejor para los intereses locales. A los 60 segundos de juego, Yuste aprovechó un balón dividido en el área visitante para batir a Gazzaniga con un disparo cruzado que se coló por la escuadra. El tanto, tan prematuro como inesperado, desató la euforia en las gradas de O Couto y obligó al Girona a replantear su plan desde el vestuario.
La ventaja tempranera permitió al Ourense replegarse en su campo con orden, esperando la contra. El conjunto de Míchel, por su parte, intentó imponer su ritmo habitual basado en la posesión y la presión alta, pero se encontró con un rival bien plantado y una defensa que no concedía espacios.
La reacción visitante y el empate
El dominio territorial del Girona se tradujo en ocasiones claras. Asprilla, una de las sensaciones del equipo catalán, recibió un pase filtrado en la frontal y, con un disparo raso y potente, superó al portero local para establecer el 1-1. El tanto, alrededor del minuto 35, tranquilizó momentáneamente a los visitantes, que vieron cómo su superioridad se materializaba en el electrónico.
Durante el resto de la primera mitad, el Ourense se defendió con uñas y dientes. La zaga gallega, liderada por su capitán, despejó cada centro con autoridad y cerró los espacios por banda. Los de Míchel generaron varias ocasiones mediante combinaciones rápidas, pero la falta de puntería y la seguridad del meta local evitaron mayores desventajas.
Ouhdadi, el hombre del partido
La segunda mitad comenzó con el mismo guion: el Girona atacando y el Ourense resistiendo. Sin embargo, un error en la salida de balón de los visitantes cambió el rumbo del encuentro. Un pase errático de Papa Ba fue interceptado por Ouhdadi, que no perdonó. El delantero gallego, con un disparo colocado desde el borde del área, batió a Gazzaniga para poner el 2-1 en el marcador.
El gol, anotado en el minuto 68, fue un jarro de agua fría para el Girona. A partir de ese momento, el partido se convirtió en un asedio constante al área ourensana. Míchel movió el banquillo, introduciendo a Pol Arnau y Joel Roca en busca de mayor creatividad.
El asedio final y la madera salvadora
Los últimos 20 minutos fueron un monólogo ofensivo del Girona. Los catalanes llegaron por todas las vías: centros laterales, disparos desde fuera del área, jugadas a balón parado. Sin embargo, la defensa del Ourense se erigió como un muro infranqueable. Cada rechace era celebrado como un gol, cada despeje, como una obra maestra.
La acción más clara del empate llegó en el minuto 88. Un centro medido de Francés encontró a Gibert solo en el segundo palo, pero su cabezazo se marchó por encima del larguero. La afición ourensana respiró aliviada.
El momento más dramático llegó en el descuento. El árbitro señaló cuatro minutos adicionales. En el último de ellos, una falta peligrosa a favor del Girona fue lanzada por Asprilla. El balón superó la barrera y se estrelló en el larguero. La madera, la salvadora del Ourense, evitó la prórroga y certificó la eliminatoria.
Análisis táctico y claves del triunfo
El éxito del Ourense radicó en su planificación perfecta. El entrenador local diseñó un sistema 4-4-2 compacto que cerró los espacios entre líneas. La presión tras pérdida fue intensa y coordinada, obligando al Girona a jugar en zonas periféricas.
Por su parte, el conjunto de Míchel pecó de precipitación. A pesar de dominar el posesión (superior al 65%), careció de profundidad y verticalidad. Los centros laterales fueron predecibles y la falta de un referente en el área facilitó la labor defensiva ourensana.
El factor campo también pesó. O Couto, con su césped artificial y su atmósfera íntima, se convirtió en un fortín. Los jugadores locales conocen cada centímetro del terreno y eso se notó en los duelos divididos y en la velocidad de los balones.
Próximos desafíos y el sueño de los 'grandes'
Con esta victoria, el Ourense accede a los octavos de final, donde podría enfrentarse a verdaderos gigantes del fútbol español. Barcelona, Real Madrid, Atlético de Madrid o Athletic Club son los posibles rivales que aguardan en el bombo. La ilusión de la afición gallega es enorme, soñando con recibir a uno de los grandes en su feudo.
El próximo compromiso del conjunto ourensano será en liga, visitando al Mérida. El Girona, por su parte, deberá reponerse rápidamente de esta derrota antes de su desplazamiento a Elche en LaLiga.
Una noche mágica en O Couto
La eliminatoria quedará en la memoria colectiva de Ourense como otra gesta más en su historia copera. El equipo demostró que en el fútbol no todo es presupuesto o estrellas. La organización, la entrega y la fe pueden más que cualquier estadística.
El matagigantes gallego vuelve a hacer de las fila vez más que cualquier estadística.
El matagigantes gallego vuelve a hacer de las suyas. Y en O Couto, la Copa del Rey vive su noche más mágica.