Laura Escanes atraviesa uno de los momentos más brillantes de su trayectoria profesional y personal. Desde su separación de Risto Mejide, la creadora de contenido ha experimentado una transformación notable, consolidándose como una de las voces más influyentes del panorama digital español. Su evolución no se limita a las redes sociales, donde mantienen una conexión estrecha con millones de seguidores, sino que ha diversificado su carrera con proyectos televisivos y formatos de audio que han cosechado un éxito rotundo.
Actualmente, Escanes presenta el programa La Travessa y se ha convertido en la imagen de las campanadas de Nochevieja junto al cantante Miki Núñez. Paralelamente, su podcast Entre el cielo y las nubes ha recibido el prestigioso premio Ondas al Podcast Revelación, reconociendo su capacidad para abordar temáticas personales y diversas con invitados de perfil destacado. En este espacio, la catalana alterna episodios completos con miniformatos como Toca confesarse, donde abre su corazón sobre cuestiones que generan debate social.
Precisamente en uno de estos espacios de confesión, la influencer ha abordado recientemente una polémica que surgió durante el pasado verano. Algunos usuarios de redes sociales cuestionaron su tendencia a adoptar las aficiones de su actual pareja, el deportista Joan Verdú. La pregunta directa en su podcast no dejó lugar a dudas: "¿Qué piensas cuando te acusan de copiar los hobbies de tus parejas?".
La respuesta de Escanes fue tajante y sin filtro: "Que no tienen ni puta idea, la verdad". Con esta contundencia, la joven desmontó el argumento de sus detractores y desarrolló una reflexión profunda sobre la construcción de la identidad personal. "Todos somos una suma de la gente que nos rodea", afirmó, "y cuando tú te rodeas de personas que te suman, cada una te aporta de alguna manera".
Para ilustrar su filosofía, Laura enumeró ejemplos concretos de cómo distintas personas han enriquecido su vida con nuevas pasiones. "Mi amiga Cinthia me aficionó a la escalada. Con Joan, mi pareja, he empezado a ir en bicicleta. Con Gemma nos dio por correr y lo acabamos dejando y ahora nos hemos puesto a tope con el gimnasio, a levantar peso y hacer nuestras rutinas de glúteo impecables", detalló. Su conclusión es clara: "De cada persona, voy cogiendo lo mejor y voy encontrando mi camino".
Más allá de la simple defensa, la influencer profundizó en el valor emocional de compartir actividades. "La vida es para compartirla", expresó, enfatizando que para ella se trata de "sumar más actividades, poder compartir más tiempo con la gente que quiero, ya sea la pareja, las amigas...". Esta perspectiva transforma lo que algunos ven como una pérdida de individualidad en una oportunidad de fortalecer vínculos y crear memorias comunes.
El análisis de Laura Escanes no se detuvo ahí. Con agudeza, denunció la doble vara de medir que percibe en muchas de las críticas recibidas. "Es curioso que no me dijeran nada cuando empecé a escalar y parecía que no tenía personalidad porque solo escalaba con mi amiga Cinthia. Pero es un hombre y ya parece que sea una mujer indefensa, que no tiene personalidad y los hombres dominan mi vida", señaló con ironía.
Esta observación pone el dedo en la llaga de un prejuicio persistente: las mujeres son juzgadas con mayor severidad cuando adoptan intereses relacionados con sus parejas masculinas, mientras que las amistades femeninas pasan desapercibidas bajo el mismo escrutinio. "Para mí, dice más de la gente que dice esto, que de mí misma", concluyó, desviando el foco de atención hacia quienes emiten juicios sin fundamentos.
La reflexión de Escanes abre una conversación más amplia sobre la construcción de la identidad en la era digital. En un contexto donde cada aspecto de la vida pública es analizado y juzgado, la influencer defiende el derecho a evolucionar y nutrirse de las relaciones significativas. Su postura desafía la noción de que la autenticidad requiere aislamiento, proponiendo en su lugar un modelo de crecimiento colectivo.
El éxito de su podcast y su capacidad para generar debate demuestran que el público valora esta honestidad. Al abordar temas como las relaciones de pareja, la amistad y el desarrollo personal, Laura Escanes ha encontrado un nicho donde la vulnerabilidad se convierte en fortaleza. Sus palabras resuenan especialmente entre un público joven que busca referentes que reflejen las complejidades de la vida real, lejos de perfecciones inalcanzables.
La polémica sobre las aficiones compartidas también pone de relieve la presión que sufren las figuras públicas, especialmente las mujeres, para mantener una identidad "original" y "independiente" que satisfaga expectativas ajenas. Escanes desmonta esta presión argumentando que la riqueza humana precisamente radica en nuestra capacidad de adaptación y aprendizaje mutuo.
Su relación con Joan Verdú, lejos de representar una supuesta pérdida de individualidad, ilustra cómo las parejas modernas pueden funcionar como equipos que se inspiran mutuamente. El hecho de que un deportista de élite haya introducido el ciclismo en su rutina no la hace menos autónoma, sino más versátil. Del mismo modo, sus amigas han dejado huella en su estilo de vida activo, demostrando que la influencia no tiene género ni jerarquía.
El mensaje final de la influencer es un llamado a la empatía y el respeto por las decisiones personales. En lugar de etiquetar comportamientos, propone celebrar la diversidad de formas en que las personas construyen sus vidas y relaciones. Su experiencia sirve como recordatorio de que detrás de cada perfil público hay una persona real, con emociones, inseguridades y, sobre todo, la necesidad de conectar con otros.
En un panorama digital saturado de opiniones extremas, la postura meditada y firme de Laura Escanes ofrece un modelo de comunicación basado en la claridad y la autenticidad. No se trata de justificar cada elección, sino de contextualizarlas dentro de una filosofía de vida coherente. Su capacidad para transformar la crítica en conversación constructiva es precisamente lo que distingue a los creadores de contenido que trascienden las tendencias pasajeras.
La reflexión sobre las aficiones compartidas, por tanto, se convierte en una metáfora de cómo navegar por las relaciones humanas en el siglo XXI. Escanes invita a sus seguidores a ver más allá de las apariencias superficiales y a valorar la intención y el contexto. En su mundo, compartir no es perderse, sino encontrarse a través de los demás, construyendo una identidad en constante evolución pero siempre auténtica.