Los Ángeles Lakers vieron interrumpida su imparable racha de resultados positivos en un encuentro que les sirvió para constatar que hasta las estrellas más brillantes tienen días oscuros. La derrota por 108-125 ante los Phoenix Suns en el Crypto.com Arena supuso el quinto revés para el conjunto californiano, el tercero en su propio feudo, y puso fin a una racha de siete triunfos consecutivos que había consolidado a los angelinos en la segunda posición de la Conferencia Oeste de la NBA.
A pesar del resultado adverso, el equipo de Jeanie Buss mantiene su privilegiada posición en la tabla, situándose únicamente por detrás de un dominador Oklahoma City Thunder que lidera la competición con autoridad. No obstante, el tropiezo ante los de Arizona dejó en el aire ciertas dudas sobre la efectividad del equipo en momentos de presión, especialmente cuando su máxima estrella no está en su día más acertado.
Luka Doncic, la gran incorporación estival de la franquicia, protagonizó un duelo de contrastes. El esloveno firmó un espectacular primer cuarto que hizo soñar a la afición con otra remontada épica. Con 20 puntos anotados en los primeros doce minutos, el exjugador del Real Madrid demostró una vez más por qué se le considera uno de los talentos más descomunales de la liga. Aquel arreón inicial le permitió igualar su mejor marca personal en un período, un logro que solo ha conseguido en cuatro ocasiones anteriores a lo largo de su carrera profesional.
Este hito coloca al balcánico en una selecta élite de la historia de la competición. Solo Kobe Bryant, leyenda eterna de la franquicia angelina, ha superado esa cifra en la historia de la NBA, lo que convierte a Doncic en el segundo jugador con más actuaciones de 20 o más puntos en un solo cuarto. Un registro que, en circunstancias normales, habría sido suficiente para liderar a su equipo hacia la victoria.
Sin embargo, el baloncesto es un deporte de cuarenta y ocho minutos, y lo que sucede después de ese arranque fulgurante puede eclipsar por completo el buen inicio. A medida que el partido avanzaba, las cosas comenzaron a torcerse para el base esloveno. El acierto inicial dio paso a una serie de decisiones cuestionables y pérdidas de balón que acabaron por condenar a los suyos.
El marcador final reflejó 38 puntos, 11 rebotes y 5 asistencias para Doncic, números que en cualquier otro contexto serían motivo de celebración. Pero estos datos positivos se vieron ensombrecidos por una estadística negativa que el propio protagonista no pudo obviar: nueve pérdidas de balón, una cifra que rozó lo histórico por lo desfavorable. El propio jugador, en una muestra de madurez y liderazgo, no dudó en asumir toda la responsabilidad del revés.
"Fue mi culpa. No debería tener nueve pérdidas de balón en un partido", declaró contundente el esloveno en la zona mixta tras el pitido final. Estas palabras reflejan el autocrítico carácter de una superestrella que, pese a acumular su sexto encuentro consecutivo superando la barrera de los 30 puntos, prioriza el resultado colectivo por encima de los logros individuales.
Las nueve pérdidas de Doncic no fueron un problema aislado. El conjunto angelino sumó un total de 21 balones perdidos, una cifra que resulta insostenible cuando se enfrenta a un rival de la entidad de los Suns. Cada pérdida se convirtió en una oportunidad de contraataque para los visitantes, que supieron aprovechar al máximo los regalos defensivos de los Lakers. La falta de cuidado con el balón se convirtió en el talón de Aquiles de un equipo que, hasta ese momento, había mostrado una solidez envidiable.
Mientras Doncic protagonizaba su particular calvario, LeBron James conseguía mantener vivo un récord que parece inalcanzable para cualquier otro mortal. El alero logró anotar un triple en el último cuarto que le permitió seguir alargando su estratosférica racha de 1.297 partidos consecutivos anotando al menos 10 puntos. Esta marca, que se remonta al 7 de enero de 2007, representa una constancia y durabilidad que trasciende generaciones.
La combinación del espectacular inicio de Doncic con la constancia de LeBron no fue suficiente para contrarrestar el desastre en el manejo de balón. Los Suns, liderados por su dinámico ataque, supieron mantener la calma ante los arreones locales y capitalizar cada error. La diferencia en el marcador se fue dilatando hasta alcanzar los 17 puntos finales, un margen que refleja la superioridad de los visitantes en los momentos decisivos.
El conjunto de Darvin Ham se vio superado en intensidad y precisión cuando más lo necesitaba. A pesar de contar con dos de los mejores jugadores del planeta en su quinteto, la falta de sintonía en el apartado de cuidado del balón resultó demasiado costosa. Cada posesión perdida representó no solo una oportunidad de anotar para los Suns, sino también un golpe anímico para unos Lakers que veían cómo se escapaba una victoria que parecía asequible tras el primer cuarto.
La derrota, aunque dolorosa, no modifica sustancialmente la situación de los Lakers en la clasificación. El equipo permanece en segunda posición en la Conferencia Oeste, consolidado como uno de los principales candidatos a pelear por el anillo. Sin embargo, este tropiezo sirve como llamada de atención sobre los aspectos que deben mejorar de cara a la fase final de la temporada.
El calendario no da tregua y los próximos compromisos exigirán una versión más cuidadosa y eficiente de Doncic. El esloveno ha demostrado ser capaz de liderar a su equipo en los momentos más difíciles, pero también debe aprender a minimizar los errores cuando las cosas no salen como espera. Su capacidad de autocrítica y asunción de responsabilidades demuestra una madurez que será clave en la recta final del campeonato.
Para los aficionados de los Lakers, este revés debe servir como un recordatorio de que el camino hacia el título no está exento de obstáculos. La racha de victorias había generado una euforia justificada, pero la realidad de la NBA es que cualquier rival puede ganar en cualquier cancha. La clave está en saber reaccionar ante las adversidades y corregir los errores cometidos.
El vestuario de los Lakers tendrá que trabajar intensamente en los próximos días en el cuidado del balón. Las 21 pérdidas totales son un número que no se puede repetir si aspiran a competir por el título. El propio Doncic, con sus nueve balones perdidos, será el primero en exigirse un cambio de actitud en este aspecto. Su liderazgo pasa no solo por anotar 30 puntos por partido, sino por ser ejemplo en la toma de decisiones y el respeto a cada posesión.
La lección de este encuentro es clara: en la NBA, ni los mejores jugadores del mundo pueden permitirse el lujo de regalar balones. La competición es tan igualada que cualquier detalle, por mínimo que parezca, puede decantar el resultado. Doncic lo sabe, lo ha asumido públicamente y ahora le toca demostrar en la cancha que puede corregir estos errores.
Los Suns, por su parte, celebran una victoria que les permite seguir ascendiendo en la clasificación y consolidarse como un rival a tener en cuenta en el Oeste. Su capacidad para aprovechar las debilidades del rival habla de un equipo maduro y preparado para los desafíos de playoffs.
El tiempo dirá si esta derrota fue un simple bache en el camino de unos Lakers que dominaban la competición o el inicio de una tendencia preocupante. Lo que parece claro es que Luka Doncic no volverá a caer en los mismos errores. Su autocrítica y compromiso con el equipo son la mejor garantía de que este tropiezo servirá para crecer.
La NBA continúa su imparable marcha y los Lakers tendrán pronto la oportunidad de demostrar que esta derrota fue una excepción en una temporada que promete ser histórica. La combinación de juventud y experiencia, de talento individual y juego colectivo, sigue siendo la receta del éxito. Solo falta afinar los detalles que separan a los buenos equipos de los grandes campeones.