Lakers en racha: Doncic lidera el asalto al anillo

Los de Los Ángeles suman siete triunfos consecutivos con un Doncic deslumbrante, mientras Redick avisa: todavía queda margen de mejora

Los Lakers continúan imparables en su travesía hacia la cima de la NBA. La última exhibición llegó ante unos desfallecidos Pelicans, a los que doblegaron por un contundente 133-121 en un encuentro que ya sentenciaron en los primeros doce minutos. El protagonista indiscutible fue Luka Doncic, quien firmó un primer cuarto para el recuerdo con 20 puntos que dejaron tocada de muerte a la defensa de Nueva Orleans.

El esloveno demostró una vez más por qué se le considera uno de los talentos más descomunales de la liga. Sin forzar el mecanismo, con una elegancia casi pausada, Doncic desplegó todo su repertorio: triples desde el logo, penetraciones letales y asistencias que desnudaban el aro rival. Su conexión con el resto del equipo, especialmente con Austin Reaves, dibuja un panorama ofensivo que promete pesadillas para cualquier rival en la segunda mitad de la temporada.

El balance de los angelinos ya asusta: 15 victorias y 4 derrotas, cifras que solo superan los infalibles Thunder de Oklahoma City (20-1) y los sorprendentes Pistons (16-4). La racha positiva alcanza ya las siete victorias seguidas, una demostración de solidez que contrasta con el caos de la pasada campaña. El próximo desafío, un duelo de alto voltaje contra los Suns en Phoenix, podría extender la racha a ocho y dejar a los arizonenses a seis partidos de distancia en la zona de play-in.

Tras el encuentro, JJ Redick, el técnico que ha revolucionado el rumbo del equipo, recurrió a una metáfora gastronómica para explicar el momento: "Queda mucha pizza en la caja". La frase, pronunciada con la sonrisa de quien sabe que su equipo aún no ha tocado techo, resume a la perfección la filosofía del cuerpo técnico. "Cuando juego al golf uso esa misma analogía: hay muchos pedazos que todavía podemos coger. No hemos terminado", añadió el entrenador.

El mensaje es claro y contundente: los Lakers son conscientes de su potencial, pero también de sus carencias. El objetivo no es solo ganar partidos, sino construir un equipo capaz de competir de tú a tú con los verdaderos candidatos al título. Y en ese sentido, la franquicia sabe que aún queda trabajo por delante.

La situación de los Pelicans, por su parte, resultaba casi lamentable. El equipo de Luisiana aterrizó en el Crypto.com Arena con un rosario de bajas que rayaba lo surreal: Zion Williamson, Trey Murphy, Herb Jones, Jordan Hawkins, Jordan Poole y Dejounte Murray permanecían en el dique seco. La lista, larga y dolorosa, dejaba a los visitantes en una situación de extrema vulnerabilidad. No es de extrañar que su récord sea un desolador 3-18, peor solo que el de Washington.

El back-to-back sin sus estrellas, sumado a la calidad del rival, convertía el encuentro en una misión imposible. Los Pelicans apenas opusieron resistencia en el primer cuarto, donde los Lakers les endosaron un parcial de 46-27 que sentenciaba el choque antes de que el público se acomodara en sus asientos. El resto del partido fue un mero trámite, una gestión de minutos para Redick y una oportunidad para que los suplentes sumaran ritmo.

Lo verdaderamente llamativo de este arranque de temporada es que los Lakers han logrado semejante racha sin contar con su pieza más emblemática a pleno rendimiento. LeBron James solo ha disputado cuatro encuentros, gestionando minutos y asumiendo un rol secundario que, lejos de restar, multiplica las opciones del equipo. La versión chico para todo de James, feliz sin la pelota en las manos, resulta un lujo táctico que pocos equipos pueden permitirse.

La química entre el 'Rey' y Doncic, aunque aún en fase de construcción, ya deja destellos de grandeza. Los dos contra los Jazz, los únicos encuentros donde han coincidido los siete principales de la rotación, ofrecieron una muestra de lo que puede llegar a ser este equipo. La generación constante de juego, la presión ofensiva incesante y la capacidad para desgastar al rival son cualidades que convierten a los Lakers en una máquina de anotar casi imposible de parar en media pista.

Sin embargo, no todo son luces en el firmamento angelino. La defensa, ese aspecto no tan glamuroso pero vital para los grandes objetivos, necesita pulido. Redick y su staff saben que el camino hacia el anillo pasa por convertirse en un equipo sólido también en el otro lado de la cancha. Los Pelicans, a pesar de sus múltiples ausencias, lograron anotar 121 puntos, una cifra que supera la media permitida por los mejores equipos defensivos de la liga.

Ahí es donde reside el quid de la cuestión. La dirección deportiva sabe que falta una pieza, quizás la última del puzzle, para elevar el nivel defensivo. Un alero con físico, capacidad de trabajo y un tiro exterior fiable sería la solución ideal. Un perfil que, por cierto, desean todos los equipos de la NBA, lo que convierte su adquisición en una tarea hercúlea. Si logran cerrar esa incorporación, los Lakers saltarían automáticamente al segundo nivel de aspirantes, compartiendo cartel con Nuggets y Rockets.

De momento, el equipo mantiene un pie en ese escalón y otro en el siguiente, el de los verdaderos contendientes. La distancia con los Thunder, líderes claros del Oeste, sigue siendo considerable, pero la tendencia es positiva. Cada victoria aporta confianza, cada partido sin forzar a las estrellas suma frescura para los momentos decisivos.

El calendario ha sido, eso sí, relativamente benevolente. Un tramo saludable de temporada con rivales asumibles ha permitido a los Lakers ir sumando sin excesivos sobresaltos. Pero eso no resta mérito a la regularidad mostrada. Ganar los partidos que se deben ganar es señal de equipo serio, de plantilla madura que sabe gestionar las expectativas.

La noche del domingo era de las de no fallar, de evitar el despiste. Y los Lakers cumplieron con nota. El reto ahora es mantener esa concentración cuando el nivel del rival ascienda. Los Suns, con menos talento estelar que en años anteriores pero más físico y coraza, representan un examen interesante. Un triunfo en Phoenix certificaría que la racha no es fruto de un calendario favorable, sino de un cambio de chip real.

La temporada del infierno, como se conoce a la maratón NBA moderna, premia la constancia y castiga las distracciones. Los Lakers parecen haber entendido la lección. Con Doncic liderando el ataque, James gestionando su legado y Redick trazando el rumbo, el proyecto cobra forma. Queda mucho camino, pero ya no queda tanto como para no soñar. Y en esa tesitura, entre la prudencia y la ambición, reside la verdadera fuerza de estos Lakers renacidos.

Referencias