Neuroderechos: proteger nuestra mente de la lectura cerebral

Rafael Yuste alerta sobre la necesidad urgente de regular el acceso a nuestros datos neuronales

La noche que cambió todo para Rafael Yuste llegó de forma inesperada. Mientras su equipo de investigación celebraba un logro sin precedentes en el laboratorio, el científico madrileño no podía dejar de darle vueltas a lo que acababan de conseguir. Un investigador postdoctoral mexicano, Luis Carrillo, había logrado que un roedor se comportara como si estuviera bebiendo agua cuando, en realidad, no había una gota de líquido delante. La clave estaba en que el animal no lo sabía: su cerebro recibía señales que le hacían percibir algo que no existía.

Aquella proeza científica, lograda mediante la estimulación artificial de la corteza visual, representaba un hito en la neurociencia. Por primera vez, un equipo de investigadores había conseguido generar una percepción visual artificial en el cerebro de un mamífero. El ratón «veía» agua donde no la había, y actuaba en consecuencia. Era como si alguien hubiera encontrado la forma de tocar directamente las teclas del cerebro para hacerlo «bailar» al ritmo que se deseara.

Sin embargo, mientras sus colegas veían el potencial científico, Yuste solo podía pensar en las implicaciones éticas. «Esa noche no pegué ojo», reconoce el neurobiólogo. La pregunta que le atormentaba era inevitable: si hoy podemos hacer esto con un ratón, ¿qué pasará mañana cuando esta tecnología esté disponible para seres humanos?

De aquella inquietud nació su último libro, «Neuroderechos. Un viaje hacia la protección de lo que nos hace humanos», publicado por Paidós en 2025. La obra no es solo un análisis científico, sino un llamado a la acción urgente para regular una frontera tecnológica que, según advierte, ya está aquí.

### Los seis pilares de la protección cerebral

El concepto de neuroderechos que propone Yuste se articula en torno a seis ejes fundamentales. El primero y más urgente es la privacidad mental: evitar que nuestros datos cerebrales puedan ser descodificados sin consentimiento explícito. Pero la lista continúa con la protección de la identidad personal, la garantía del libre albedrío, el acceso equitativo a la neuroaumentación, y la defensa contra sesgos y discriminaciones derivadas de estas tecnologías.

«El problema de la privacidad mental es el más acuciante», explica Yuste. «Estamos hablando de datos que revelan directamente lo que pensamos, sentimos o deseamos. Si no los protegemos, estamos abriendo la puerta a un nivel de vigilancia y manipulación sin precedentes».

### De la preocupación a la acción legislativa

Lo que comenzó como una inquietud personal se ha convertido en un movimiento global. En la actualidad, seis territorios ya han aprobado leyes específicas que protegen los datos neuronales de sus ciudadanos. La lista incluye a Chile, la región de Río Grande en Brasil, y cuatro estados estadounidenses: Colorado, Montana, Connecticut y, crucialmente, California.

La inclusión de California no es un detalle menor. Es el estado donde tienen su sede las gigantes tecnológicas mundiales, incluidas las empresas de neurotecnología que desarrollan estos avances. Las leyes aprobadas en septiembre del año pasado obligan a estas corporaciones a respetar la privacidad mental bajo pena de sanciones legales.

Pero la lista no termina ahí. Otros diez estados estadounidenses tienen iniciativas legislativas en marcha, mientras que en España se trabaja en tres propuestas diferentes. El movimiento también ha llegado a Naciones Unidas y se expande por Latinoamérica.

### Un consenso político inusual

Quizás lo más sorprendente de esta carrera legislativa es la unanimidad con la que se han aprobado estas normativas. Desde la primera votación en el Senado de Chile hasta la más reciente en Connecticut, doce votaciones han sido unánimes. En tiempos de polarización política, este consenso transversal resulta llamativo.

«En todos los lugares donde hemos llevado esta problemática hemos encontrado comprensión inmediata», señala Yuste. «Los políticos entienden lo que está en juego. No se trata de un debate ideológico, sino de proteger la esencia misma de nuestra humanidad».

Este apoyo universal sugiere que la sociedad está empezando a tomar conciencia de la velocidad a la que avanza la neurotecnología. Los dispositivos capaces de leer patrones cerebrales ya no son ciencia ficción. Existen interfaces cerebro-computadora que permiten escribir con la mente, prótesis controladas por pensamiento y sistemas que pueden predecir estados de ánimo o intenciones.

### El dilema de la neuroaumentación

Mientras la privacidad mental ocupa el centro del debate, Yuste advierte sobre otro desafío igualmente complejo: la neuroaumentación. La posibilidad de mejorar capacidades cognitivas mediante tecnología plantea profundas desigualdades. «¿Quién tendrá acceso a estos avances? ¿Crearemos una nueva brecha entre los que pueden permitirse mejorar su cerebro y los que no?», cuestiona.

Este riesgo de segregación cognitiva es uno de los seis pilares que su libro aborda con propuestas concretas. La idea no es prohibir el desarrollo, sino garantizar que sus beneficios se distribuyan equitativamente y que los riesgos estén mitigados desde el diseño.

### Un optimismo cauteloso

A pesar de los desafíos, Yuste se muestra optimista. «Creo que estamos llegando a tiempo», afirma. La rapidez con la que se han movido las legislaciones —en apenas diez años desde su noche de insomnio— demuestra que la concienciación funciona.

La clave, según el neurobiólogo, ha sido la colaboración entre científicos, legisladores y sociedad civil. «Todo ha ido más rápido de lo esperado y, sorprendentemente, ha sido fácil políticamente. La gente entiende lo que hay en juego cuando les explicas que alguien podría leer tus pensamientos sin permiso».

El trabajo de Yuste y su equipo no se limita a la teoría. Han desarrollado propuestas legislativas específicas, asesorado a gobiernos y participado en foros internacionales. Su objetivo es crear un marco legal global antes de que la tecnología se despliegue masivamente.

### El futuro de nuestra mente

La pregunta que mantiene despierto a Yuste ya no es si podremos leer mentes, sino quién tendrá el derecho de hacerlo y con qué fines. La tecnología para descodificar actividad cerebral avanza a pasos agigantados. Algunos estudios ya pueden reconstruir imágenes que una persona está viendo basándose solo en sus patrones neuronales.

«El desafío no es técnico, sino ético y legal», concluye. «Tenemos la oportunidad única de regular una tecnología antes de que cause daños irreversibles. No podemos desperdiciarla».

Mientras tanto, en laboratorios de todo el mundo, la investigación continúa. Los ratones siguen «viendo» cosas que no existen y los científicos siguen descifrando el código de la conciencia. Pero gracias al trabajo de Yuste, cada avance técnico viene acompañado de una pregunta ética: ¿estamos protegiendo lo que nos hace humanos?

La respuesta, por ahora, parece ser sí. Al menos en doce territorios donde la ley ya blinda la privacidad mental. El reto es extender esa protección al resto del planeta antes de que la tecnología lo haga todo irreversible.

Referencias