El Gran Wyoming desvela su secreto de vitalidad tras 40 años en televisión

El presentador de 'El Intermedio' reflexiona sobre su trayectoria, su pasado nocturno en bares y la energía que le diferencia de las nuevas generaciones

El pasado miércoles, Barcelona se convirtió en el escenario principal de la ceremonia de los premios Ondas, donde El Gran Wyoming se alzó como uno de los protagonistas indiscutibles de la velada. El veterano presentador recibió el galardón al mejor comunicador, un reconocimiento que celebra una trayectoria profesional que ya supera las cuatro décadas en la pequeña pantalla. Su intervención, cargada de reflexiones sobre el oficio periodístico, conquistó al público asistente, que le dedicó una de las ovaciones más emotivas de la noche.

Durante su discurso, Wyoming abordó con contundencia la relación entre periodismo y verdad, una temática que ha marcado su carrera desde sus inicios. Sus palabras, mezcla de ironía y compromiso, resonaron especialmente en un momento en el que la información enfrenta desafíos sin precedentes. El cómico y comunicador aprovechó la ocasión para reivindicar el papel de los profesionales que, como él, han construido su reputación sobre la base de la honestidad y la crítica constructiva.

Tras la ceremonia, ante los micrófonos de la cadena Ser, el tono cambió por completo. El Gran Wyoming mostró su faceta más desenfadada y gamberra, alejándose de la solemnidad de los discursos institucionales. Una periodista le cuestionó directamente sobre cuál era la clave para mantenerse en forma y con tanta vitalidad después de más de cuarenta años dedicándose a la televisión. Su respuesta no dejó lugar a dudas: «Probablemente sea una cuestión genética. Siempre he sido hiperactivo», confesó con la naturalidad que le caracteriza.

Pero el presentador no se quedó ahí. Quiso contextualizar su energía infinita rememorando sus años juveniles, cuando su rutina nocturna era aún más intensa que la actual. «Estuve ocho años trabajando en un bar con un pianista y llevaba una vida muy disipada», reconoció sin tapujos. Aquella etapa, lejos de ser un obstáculo, se convirtió en su mejor entrenamiento. «Yo entraba a las ocho o las nueve y llegaba a mi casa a las seis o las siete todos los días. Eso te crea un callo», aseguró entre risas, refiriéndose a la resistencia que forjó durante aquellos años de madrugadas interminables.

La costumbre de cerrar los bares no desapareció cuando dio el salto a la televisión. Wyoming reconoció que mantuvo esa dinámica con un grupo de amigos durante muchísimo tiempo. «Nos reuníamos y cerrábamos los bares. Lo hicimos durante muchos años y ninguno nos cansábamos», relató, dejando entrever que su capacidad para aguantar el ritmo no es cosa de ahora, sino que viene de lejos. Esa resistencia, según sus propias palabras, es lo que le diferencia de las generaciones actuales.

El contraste con la juventud actual resulta evidente para él. «Ahora voy con gente a la que saco 30 años y enseguida se rajan», comentó con sorna, refiriéndose a cómo sus compañeros más jóvenes se agotan con facilidad cuando intentan seguirle el paso. La periodista, intrigada, le preguntó si a él nunca le pasaba, si alguna vez se sentía agotado o perdía su característica energía. Wyoming asintió sin dudarlo, confirmando que su motor parece no tener freno.

La entrevista dejó claro que la clave de su longevidad profesional no reside únicamente en su talento, sino también en una constitución física y mental que parece diseñada para el largo plazo. Su pasado en la vida nocturna, lejos de ser un obstáculo, fue su auténtica escuela de resistencia. Mientras otros colegas se queman tras una década en el medio, él continúa con la misma frescura que al principio, o incluso con más, gracias a ese «callo» que tanto menciona.

El premio Ondas no solo reconoce su obra, sino que también valida un modelo de comunicador que se ha mantenido fiel a sí mismo. En una época donde los formatos cambian a velocidad de vértigo y las nuevas figuras emergen y desaparecen con rapidez, Wyoming demuestra que la autenticidad y la constancia son valores que resisten el paso del tiempo. Su discurso, tanto en el escenario como en la entrevista posterior, refleja una coherencia que pocos pueden mantener durante tanto tiempo.

La industria televisiva española ha visto pasar a innumerables profesionales, pero pocos han logrado crear un legado tan sólido como el suyo. Desde su etapa en El Intermedio hasta sus múltiples proyectos paralelos, Wyoming ha demostrado que es posible ser crítico sin ser destructivo, gamberro sin ser irresponsable, y veterano sin estar obsoleto. Su capacidad para adaptarse sin perder esencia es, quizás, su mayor logro.

La reflexión final que deja su testimonio es que el éxito sostenido no depende solo del talento innato, sino también de la capacidad de forjar resistencia ante la adversidad y el desgaste. Ese «callo» del que habla no es solo físico, sino profesional y emocional. Una piel gruesa que le permite seguir haciendo preguntas incómodas, seguir cerrando bares cuando hace falta y, sobre todo, seguir siendo relevante después de 40 años en una de las industrias más cambiantes y exigentes del mundo del entretenimiento.

El Gran Wyoming no solo ha recogido un premio, sino que ha entregado una lección: la pasión por el oficio, combinada con una resistencia casi sobrehumana, son la receta para no desaparecer en el olvido. Mientras otros se rajan, él sigue. Mientras otros se cansan, él aguanta. Y eso, en el mundo de la televisión, es quizás el premio más grande de todos.

Referencias