El Wolverhampton Wanderers continúa sumergido en una crisis sin precedentes tras caer derrotado ante un Aston Villa que demostró su capacidad para resolver partidos con un mínimo margen de error. El conjunto de Birmingham se impuso por 0-1 en Villa Park gracias a un golazo de Boubacar Kamara en la segunda mitad, consolidando su posición en los puestos de acceso a la Champions League mientras que los de Rob Edwards permanecen anclados en la última plaza con apenas dos puntos tras trece jornadas.
El contexto previo al encuentro no podía ser más desfavorable para los locales. El Wolves llegaba como colista de la Premier League, con una racha de doce encuentros sin conocer la victoria. La destitución de Gary O'Neil había dejado el banquillo en manos de Edwards, que dirigía su segundo partido tras caer ante el Crystal Palace en su debut.
Por el contrario, el Aston Villa de Unai Emery atravesaba su mejor momento. Los villanos habían encadenado cuatro victorias consecutivas en la liga y llegaban con la moral alta tras imponerse en su último compromiso europeo. La clasificación para la Champions League ya no era un sueño, sino un objetivo tangible.
El once de Edwards reflejaba la necesidad de oxigenar un equipo falto de confianza. El técnico introdujo tres cambios respecto a su debut, con la inclusión de Jean-Ricner Bellegarde y los dos futbolistas colombianos, Yerson Mosquera y Jhon Arias. Por parte del conjunto visitante, Donyell Malen ocupó la posición de referencia ofensiva en lugar de Ollie Watkins.
El inicio del duelo perteneció a los villanos. A los tres minutos, un remate impactó en el travesaño de la portería defendida por Sam Johnstone. Sin embargo, esa sería una de las pocas ocasiones claras que generarían durante el primer acto, ya que el dominio territorial y las mejores oportunidades correrían a cargo de los locales.
El Wolves salió con una actitud agresiva y mereció adelantarse en el marcador en varias ocasiones. La más clara llegó pasados los quince minutos, cuando Jørgen Strand Larsen logró batir a Emiliano Martínez, pero el tanto fue anulado correctamente por fuera de juego previo de Rayan Tchatchoua en la jugada de origen.
El delantero noruego, que llegó al club en verano con la etiqueta de goleador pero que hasta ahora no había cumplido las expectativas, volvería a tener su oportunidad antes del descanso. En el minuto 45, Strand Larsen se plantó solo ante el Dibu Martínez, pero el guardameta argentino, una de las figuras indiscutibles del encuentro, salió airoso del mano a mano.
La resistencia del portero mundialista no se detendría ahí. En el tiempo añadido de la primera mitad, Mosquera cabeceó con potencia un saque de esquina ejecutado por André, pero el balón se estrelló contra el larguero, dejando a los de Molineux con la miel en los labios.
La segunda mitad mantuvo el guion de dominio local. El Wolves continuó creando peligro y Strand Larsen, nuevamente, dispuso de una ocasión de oro. Una excelente asistencia de Bellegarde dejó al noruego en posición privilegiada, pero Pau Torres se lanzó con determinación para evitar el golpeo en el último instante.
Tres minutos después, el propio Bellegarde probó fortuna desde la frontal, pero Martínez volvió a demostrar por qué es considerado uno de los mejores porteros del planeta con una intervención de mérito.
El partido parecía encaminarse hacia un empate, pero en el minuto 67, Kamara recibió el esférico en la frontal del área y descargó un zurdazo imparable que se coló por la escuadra de Johnstone. Un golazo que decidió un encuentro que, en términos de merecimiento, estaba mucho más equilibrado de lo que refleja el resultado final.
Los datos técnicos del encuentro reflejan la superioridad numérica de los locales en cuanto a ocasiones generadas, pero también la contundencia de un Villa que sabe aprovechar sus oportunidades. El conjunto de Unai Emery gestionó el resultado con experiencia, realizando cambios tácticos como la entrada de Watkins para dar profundidad o la de Ross Barkley para controlar el centro del campo.
Por su parte, Edwards intentó refrescar el ataque con la incorporación de Boubacar Traoré y Hugo Bueno, pero la fortuna no sonrió a los suyos. La expulsión tácita de Mosquera por doble amarilla en el minuto 76 complicó aún más las opciones de remontada.
El árbitro Chris Kavanagh pitó el final del encuentro dejando a los Wolves con la sensación de haber perdido dos puntos en lugar de uno. La estadística es demoledora: trece jornadas sin conocer la victoria, solo dos empates y once derrotas. Una situación que pone a Edwards en la cuerda floja.
Para el Aston Villa, este triunfo representa la quinta victoria consecutiva, una racha que les permite soñar con la Champions League. El equipo de Emery ha demostrado una madurez competitiva envidiable, sabiendo sufrir cuando el rival domina y siendo letal en las transiciones. Con 42.139 espectadores en Villa Park, el conjunto de Birmingham demostró que está preparado para competir con los grandes.
El balance final es claro: el fútbol castiga al que no marca y premia al que es eficaz. El Wolves dominó, creó, mereció... pero no anotó. El Villa sufrió, resistió y, en un momento de inspiración individual, resolvió. Una lección más de que en esta Premier League, la calidad en ambas áreas marca la diferencia entre la gloria y el desastre.