El pasado viernes llegaba a las carteleras españolas Singular, el nuevo proyecto cinematográfico dirigido por Alberto Gastesi y protagonizado por el gallego Javier Rey y la navarra Patricia López Arnaiz. A pesar de contar con el respaldo de Warner como distribuidora y una presencia en 135 salas de todo el territorio nacional, los datos de taquilla confirman lo que muchos analistas ya anticipaban: la cinta no ha conseguido colarse entre los diez títulos más vistos del fin de semana.
Las proyecciones iniciales ya apuntaban a un estreno discreto, pero la realidad ha superado las expectativas más conservadoras. Los expertos del sector estiman que la película, producida por Vidania Films y White Leaf Producciones, difícilmente alcanzará los 200.000 euros de recaudación durante su paso por los cines. Una cifra que, en el contexto actual del panorama cinematográfico nacional, resulta insuficiente para cubrir los costes de producción y distribución.
El film se presenta como un thriller psicológico con elementos de ciencia ficción que indaga en las fronteras de la inteligencia artificial y el proceso de duelo humano. La trama se centra en Diana y Martín, una pareja que decide reunirse doce años después de la trágica pérdida de su hijo en la casa del lago donde antaño veranearon. Ella ha consolidado una brillante carrera como experta en inteligencia artificial; él, por el contrario, ha optado por alejarse de la civilización y llevar una vida recluida. La aparición de un joven enigmático con un inquietante parecido al hijo fallecido desencadena una serie de revelaciones que ponen en jaque la estabilidad emocional de ambos protagonistas.
El argumento, que prometía una reflexión profunda sobre la tecnología y el dolor, no ha logrado conectar con el gran público. La película anterior de Gastesi, "La quietud en la tormenta", le valió cierto reconocimiento en el circuito de festivales, pero no parece haber traducido ese prestigio en atractivo comercial para su nuevo trabajo. La combinación de un ritmo pausado, típico del thriller psicológico, con una temática que mezcla ciencia ficción y drama emocional, puede haber resultado demasiado específica para conquistar las masas.
La distribución, en teoría, no ha sido el problema. Contar con Warner garantizaba presencia en las principales salas multiplex y horarios prime. Sin embargo, la competencia del mercado ha sido feroz. En un fin de semana dominado por los blockbusters internacionales y algunos títulos nacionales con mayor tirón mediático, Singular se ha visto eclipsada. La falta de una campaña de marketing masiva y la ausencia de un factor sorpresa que generara conversación en redes sociales han contribuido a su paso desapercibido.
El fenómeno no es aislado. El cine español de autor o con pretensiones más allá del mero entretenimiento comercial enfrenta cada vez más dificultades para encontrar su hueco en la cartelera. Las plataformas de streaming han cambiado los hábitos de consumo, y el público que busca propuestas arriesgadas prefiere esperar a su llegada a los servicios bajo demanda. La taquilla, cada vez más, se reserva para las grandes superproducciones o las comedias locales con rostros televisivos consolidados.
El caso de Singular refleja una tendencia preocupante: incluso con actores de prestigio como Rey y López Arnaiz, ambos con sólidas trayectorias en series de éxito y filmes aclamados por la crítica, la transición al éxito comercial no está asegurada. Javier Rey, tras su consagración en "Fariña" y su salto internacional, y Patricia López Arnaiz, recientemente galardonada por su trabajo en "La bestia", representan lo mejor de la interpretación nacional. Sin embargo, su presencia no ha sido suficiente para atraer a las masas.
La crítica especializada, por su parte, ha recibido la película con opiniones divididas. Mientras algunos valoran la osadía narrativa y la contundencia de las interpretaciones, otros critican un guion que se pierde en metáforas demasiado ambiciosas y un ritmo que castiga la paciencia del espectador. La ausencia de un consenso crítico favorable tampoco ha ayudado a generar el boca a boca necesario para salvar un estreno complicado.
Desde el punto de vista industrial, el fracaso en taquilla de Singular plantea interrogantes sobre el modelo de producción de cierto cine español. ¿Tiene sentido invertir en una distribución tradicional cuando el público objetivo es minoritario? ¿No sería más eficiente un estreno híbrido o directo en plataformas? Las productoras independientes deben equilibrar la visibilidad que ofrece la pantalla grande con la rentabilidad que proporcionan los acuerdos digitales.
La película, con su exploración de la inteligencia artificial como posible válvula de escape para el dolor humano, tocaba temas de máxima actualidad. La IA generativa está en el centro del debate cultural, y una narrativa que la vincula con la experiencia de duelo podría haber tenido un eco mediático mayor. Sin embargo, la conexión no se produjo. Quizás el público prefiere abordar estas cuestiones a través de documentales o series más accesibles, dejando el cine de autor para un nicho cada vez más reducido.
El resultado final es que Singular se suma a la lista de propuestas cinematográficas nacionales que, pese a su calidad artística, no logran traducirse en éxito de taquilla. La brecha entre la crítica y el público general se agranda, y el mercado se polariza entre los superéxitos comerciales y las películas que pasan sin pena ni gloria por las salas.
Para el equipo creativo, el golpe es duro. Los meses de trabajo, la investigación sobre la IA, el rodaje en localizaciones de montaña y el profundo trabajo psicológico con los personajes no han encontrado la recompensa del reconocimiento popular. Ahora, la película deberá buscar su vida en festivales internacionales y, posteriormente, en el mercado doméstico digital, donde quizás encuentre el público que le fue esquivo en su estreno comercial.
La lección es clara: en el cine español actual, la calidad artística no garantiza el éxito económico. Son necesarias estrategias de marketing innovadoras, una definición clara del público objetivo y, en muchos casos, una dosis de suerte para destacar en una cartelera saturada. Singular, con todas sus virtudes, no ha tenido esa suerte. Su fracaso no es tanto una condena a su calidad, sino un reflejo de las duras leyes del mercado cinematográfico contemporáneo.