Cristina Pardo, incapaz de contener la risa en El Hormiguero por Ábalos

La periodista sufrió un ataque de carcajadas durante la mesa de actualidad al abordar las polémicas declaraciones del exministro sobre el caso Koldo

La noche del jueves se convirtió en uno de esos momentos televisivos que pasan a la historia de los programas de entretenimiento. El Hormiguero, el espacio de Pablo Motos en Antena 3, vivió una escena inédita cuando Cristina Pardo, periodista habitual de la mesa de actualidad, perdió por completo la compostura al intentar explicar las últimas revelaciones del exministro José Luis Ábalos sobre la trama Koldo.

El episodio recordó a esa famosa secuencia de Mary Poppins donde los personajes flotaban por el techo, incapaces de dejar de reír. Al igual que el tío Albert de la película de Disney, que veía cómo la risa se apoderaba de su ser, Pardo experimentó una reacción similar ante las palabras de Ábalos. La analogía no es gratuita: el programa se convirtió en una suerte de casa mágica donde el humor, a veces involuntario, se impuso a la seriedad de los temas tratados.

El contexto político que desató la risa

Todo comenzó cuando el presentador Pablo Motos abrió la mesa de actualidad con el tema del día: la entrada en prisión de José Luis Ábalos y su exasesor Koldo García. La expectación era máxima, pues el exministro de Transportes había concedido una entrevista a EL MUNDO donde lanzaba una frase que rápidamente se convirtió en trending topic: "Investigar Air Europa sería abrir el melón, ahí podemos llegar a Begoña. Podemos llegar bien llegados".

Cristina Pardo, responsable de poner en contexto la información, intentó mantener su profesionalidad habitual. Sin embargo, la combinación de la gravedad de la situación judicial con la expresión coloquial "abrir el melón" y la referencia directa a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, resultó demasiado para su autocontrol. La periodista, conocida por su rigor y seriedad, se vio superada por una carcajada que contagió al resto de colaboradores.

La mesa de actualidad como terreno de lo impredecible

El formato de la mesa de actualidad de El Hormiguero se caracteriza por su rapidez y por la ausencia de filtros. En apenas media hora, los colaboradores deben analizar los acontecimientos más relevantes de la actualidad política y social. Esta premisa, que suele generar debates intensos, anoche derivó en un momento de pura espontaneidad.

Mientras Pardo intentaba explicar que tanto Ábalos como Koldo habían comenzado a "hablar y contar interioridades del PSOE, del Gobierno y del presidente" a medida que se acercaba su fecha de ingreso en prisión, la tensión entre lo trascendente de las acusaciones y la forma en que se estaban produciendo generó una disonancia cognitiva en la periodista.

"En este momento no sabemos cuántas de ellas son verdad y son exactamente como ellos las están contando", afirmaba Pardo con su característica solemnidad, antes de que el gesto de Trancas y Barrancas, los irreverentes títeres del programa, terminara de desestabilizar su compostura. La intervención de los personajes, siempre ácidos y oportunos, actuó como el detonante perfecto.

La información como espectáculo y el espectáculo como información

Lo ocurrido anoche en El Hormiguero pone de manifiesto un fenómeno cada vez más común en la televisión actual: la imposibilidad de mantener la seriedad absoluta cuando se tratan temas de extrema gravedad con un lenguaje que, por necesidad o estrategia, se trivializa. La expresión "abrir el melón", en boca de un exministro acusado de corrupción, crea una brecha entre el contenido y la forma que resulta, inevitablemente, cómica.

La reacción de Cristina Pardo no fue una falta de profesionalidad, sino todo lo contrario: una manifestación de honestidad emocional. En un medio donde la postura seria y distante suele ser la norma, permitirse mostrar la humanidad de verse superada por lo absurdo resulta refrescante. La periodista, que pasa horas cada día analizando la complejidad de la política española en su programa Más vale tarde, encontró en esa frase el límite de su capacidad de contención.

El efecto dominó en plató

La carcajada de Pardo no quedó aislada. Como en la escena de Mary Poppins donde la risa se vuelve contagiosa y todos acaban flotando, el resto de colaboradores siguieron su ejemplo. Nuria Roca, Juan del Val y hasta Pablo Motos se vieron afectados por la oleada de humor que invadió el plató. Durante varios minutos, la mesa de actualidad dejó de ser un espacio de análisis para convertirse en una tertulia entre amigos donde lo imprevisto tomó el control.

Este tipo de momentos, lejos de restar credibilidad al programa, lo humanizan. En una época donde los espectadores demandan autenticidad, ver a profesionales de la talla de Cristina Pardo mostrar sus emociones sin filtros genera una conexión más profunda con la audiencia. La perfección televisiva ha dejado paso a la espontaneidad como valor añadido.

El caso Koldo y sus repercusiones mediáticas

Más allá del momento anecdótico, lo sucedido refleja la magnitud del caso que tiene en vilo a la política española. Las declaraciones de Ábalos no son una simple anécdota: implican acusaciones directas sobre la gestión del Gobierno y sobre la presidenta madrileña. La frase "podemos llegar bien llegados" sugiere que el exministro posee información comprometedora y que no dudará en usarla.

La gravedad de estas acusaciones contrasta con la ligereza con las que fueron recibidas en el plató, no por falta de interés, sino por la forma en que fueron expresadas. Este contraste entre fondo y forma es precisamente lo que desestabilizó a Pardo. Cómo mantener la seriedad cuando un exministro, a punto de entrar en prisión, utiliza un lenguaje propio de una conversación de bar para advertir sobre un posible escándalo de corrupción que podría alcanzar a la oposición.

La lección de la noche

El momento viral de anoche nos deja varias enseñanzas. Primera, que la política española ha alcanzado un nivel de complejidad y, en ocasiones, de surrealismo, que resulta difícil de procesar incluso para los profesionales que la analizan a diario. Segunda, que la honestidad emocional en televisión puede ser más valiosa que la frialdad analítica. Y tercera, que a veces, la mejor manera de abordar lo absurdo es reconociéndolo como tal.

Cristina Pardo, con su ataque de risa, no menospreció la gravedad del caso Koldo. Lo que hizo fue señalar, inconscientemente, que hay límites para la contención emocional cuando lo ridículo y lo trágico se entrelazan de forma tan evidente. Al igual que los personajes de Mary Poppins necesitaban reír para volver a tierra, la periodista necesitó liberar la tensión acumulada ante un escenario político que desafía cualquier intento de normalización.

El programa de anoche pasará a los anales de El Hormiguero no por el análisis político, que también, sino por recordarnos que detrás de los expertos hay personas que, como todos, tienen un punto de saturación. Y que a veces, lo más profesional es saber reconocer cuando algo ha traspasado los límites de lo procesable con seriedad. La risa, en ese contexto, no fue una debilidad, sino la respuesta más honesta y humana posible.

Referencias