El Club Atlético Tigre puso fin a la fiesta de Lanús en su propio estadio, imponiéndose en los octavos de final del Torneo Clausura y asegurando un cruce de cuartos contra Racing Club en el Cilindro de Avellaneda. La victoria se construyó sobre una base defensiva sólida y la explotación del evidente desgaste físico del local, reciente campeón de la Copa Sudamericana.
El plantel de Victoria diseñó una estrategia perfecta para contrarrestar las aspiraciones del Granate. Conscientes del esfuerzo desplegado por el conjunto de Pellegrino apenas 72 horas antes en Paraguay -donde conquistó el título continental tras 120 minutos de intensidad máxima y definición desde el punto penal-, los dirigidos por Dabove optaron por ceder la iniciativa y esperar pacientemente el error rival. Esta táctica, lejos de ser pasiva, demostró una madurez competitiva notable.
La clave táctica: paciencia y contención
Desde el pitido inicial, Lanús asumió el control territorial como era previsible tras el impulso emocional de su reciente conquista internacional. Sin embargo, el bloque defensivo dispuesto por el cuerpo técnico visitante, caracterizado por una doble línea de cuatro perfectamente coordinada, resultó infranqueable para la tríada creativa compuesta por Eduardo Salvio, Marcelino Moreno y Carrera.
El espacio escaseaba en zona de definición. Los mencionados futbolistas se vieron obligados a recurrir a centros laterales buscando la cabeza de Castillo como única referencia ofensiva. Esta previsibilidad facilitó la tarea defensiva de Tigre, que neutralizó con orden cada aproximación. La presión colectiva y el cierre de espacios fueron fundamentales para frustrar las intenciones del local.
Las ocasiones más claras del primer período fueron esporádicas. Un extremo izquierdo del local se encontró solo frente al arco defendido por Zenobio tras una incursión sorpresiva por la banda derecha, pero la definición careció de compostura y el esférico terminó en las gradas. Posteriormente, un cabezazo potente del centrodelantero exigió una intervención decisiva del guardameta, que desvió al córner con una estirada espectacular.
La sociedad entre Salvio y Marcelino Moreno, teóricamente la principal arma ofensiva del Granate, encontró obstáculos insalvables. La falta de espacios para el desequilibrio individual, sumada al evidente desgaste muscular de los futbolistas que participaron del desfile olímpico en Asunción, mermó significativamente la capacidad de generación de juego del equipo local. La falta de profundidad en el plantilla se hizo evidente.
El golpe certero de Romero
La escuadra de Victoria, pese a su enfoque predominantemente defensivo, no renunció por completo al ataque. Una acción aislada de Medina, quien probó fortuna con un zurdazo desde distancia considerable, obligó a Losada a realizar una parada de mero trámite mientras el balón impactaba en el palo derecho de su valla. La fortuna no acompañó al visitante en esa ocasión.
La jugada decisiva llegó en los primeros compases del segundo tiempo. Aprovechando una pelota detenida, Tigre ejecutó una jugada ensayada que culminó con Romero batiento el arco defendido por Losada. El tanto sumió en el silencio a la Fortaleza y sembró dudas en el conjunto granate, visiblemente afectado por el golpe anímico. La celebración fue contenida pero significativa para el cuerpo técnico visitante.
A partir de ese momento, las posturas se radicalizaron. El visitante se replegó aún más en su campo, consolidando su ventaja mediante una defensa en bloque bajo. El local, por su parte, entró en un estado de nerviosismo que le restó claridad conceptual para atacar con criterio. Los centros se convirtieron en el único recurso ofensivo de Lanús, pero carecían de la precisión necesaria para generar peligro real.
Polémica y VAR: el gol anulado
La controversia estalló cuando Castillo envió el balón al fondo de la red tras una mala salida de Zenobio. La alegría duró escasos segundos. El árbitro Rey Hilfer, revisando la jugada en el monitor del VAR, detectó que el esférico había impactado levemente en el brazo del delantero tras el rechazo inicial del arquero con su extremidad derecha. La decisión, técnicamente correcta según el protocolo, generó protestas airadas entre los hinchas locales.
Los cambios ofensivos de Pellegrino -Aquino, Méndez y Bou- amontonaron efectivos en ataque pero no lograron desestructurar el muro defensivo. Marcelino Moreno se convirtió en el único futbolista con capacidad para generar peligro mediante su intensidad, inteligencia y precisión técnica, pero la falta de respuesta física de sus compañeros frustró cada intento. La individualidad no bastaba contra la solidez colectiva.
La frescura de Segovia en los minutos finales representó la última esperanza granate, pero la falta de ideas colectivas y el desgaste acumulado sellaron el destino del encuentro. Los intentos desesperados no encontraron el camino del empate. La frustración se apoderó del equipo local.
El futuro: un cruce de alto voltaje
Con este resultado, Tigre se instaló en los cuartos de final y enfrentará a Racing Club, uno de los principales candidatos al título tras haber eliminado a River Plate en instancia previa. El compromiso se disputará en el estadio Presidente Perón, donde el conjunto de Avellaneda presenta un récord casi impecable en condición de local.
El plantel de Victoria deberá replantear su estrategia para competir de igual a igual contra un rival que combina calidad individual con un funcionamiento colectivo solvente. La lección aprendida en la Fortaleza demuestra que la organización defensiva y la paciencia pueden ser armas poderosas en instancias definitorias, pero Racing presenta un desafío de mayor envergadura. La adaptación será clave.
Para Lanús, la eliminación representa un golpe duro tras la euforia continental. La doble competencia evidenció las limitaciones de su plantilla en términos de profundidad, y la necesidad imperiosa de reforzar el roster para futuras temporadas donde deba combinar torneos domésticos con competiciones internacionales. La planificación deportiva deberá evaluar cuidadosamente la rotación de plantilla.
El fútbol argentino, una vez más, demostró que los resultados no siempre favorecen al favorito. La capacidad de adaptación táctica, sumada al aprovechamiento de las circunstancias contextuales, permitió a Tigre escribir una nueva página en su historia institucional mientras el Granate debe procesar una derrota que le arrebata la ilusión de un doblete histórico. La competencia continúa con su imprevisibilidad característica.