El fútbol vivió una jornada marcada por la emoción y el respeto en el estadio Alfonso Murube, donde el Ceuta y el Almería se enfrentaron en el duelo que debía haberse disputado el pasado 9 de noviembre. El encuentro, suspendido entonces por el fallecimiento de un seguidor en las gradas, recuperó su espacio en el calendario con un desarrollo vibrante que culminó con victoria local por 3-2, en un resultado que reflejó la intensidad de ambos conjuntos en un terreno de juego cargado de simbolismo.
Desde el pitido inicial, el ambiente en el coliseo ceutí fue especial. La afición, conmocionada aún por la pérdida de uno de los suyos, convirtió cada aplauso en un homenaje. Los jugadores, conscientes de la magnitud del momento, saltaron al césped con una responsabilidad añadida: honrar la memoria del aficionado desaparecido a través del deporte. Este contexto emocional marcó el ritmo de un encuentro que no defraudó a quienes acudieron a presenciarlo.
El desarrollo del partido estuvo lejos de ser un mero trámite. El Almería, visitante y con la necesidad de sumar puntos, planteó un juego ofensivo desde los primeros compases. No obstante, el Ceuta demostró una solidez defensiva que frustró las acometidas rivales, mientras buscaba sorprender al contragolpe. La primera mitad transcurrió con alternativas para ambos bandos, aunque sin que el marcador se moviera, lo que auguraba una segunda parte de infarto.
Tras el descanso, el guion cambió radicalmente. El Almería adelantó líneas y el Ceuta respondió con una presión asfixiante en zona de creación. Fue en este contexto cuando llegó el momento decisivo. Una acción dentro del área visitante terminó con Anuar Tuhami tendido en el suelo tras una entrada de Federico Bonini. El colegiado no dudó y señaló la pena máxima, decisión que generó protestas entre los futbolistas almerienses. Bonini vio la cartulina amarilla por su intervención, mientras el estadio entero aguardaba en vilo.
Rubén Díez se erigió como el ejecutor designado. Con la frialdad que caracteriza a los grandes especialistas, el futbolista ceutí engañó al portero y colocó el balón junto al palo derecho, inaugurando el tanteador y desatando la euforia en las gradas. Este golpe anímico resultó fundamental para la confianza del conjunto local, que vio cómo su esfuerzo obtenía recompensa.
La alegría duró poco en el bando ceutí. El Almería reaccionó con celeridad y, tras una jugada elaborada por la banda izquierda, André Horta recibió un pase de Álex Muñoz para batir la meta rival con un disparo cruzado. El empate a uno revitalizó a los andaluces, que durante varios minutos dominaron el ritmo del encuentro y generaron ocasiones claras de gol.
La igualdad no perduró. Una pérdida de balón en zona defensiva del Almería permitió a Kuki Zalazar asistir a Rubén Díez, que desde la frontal del área lanzó un zapatazo que se coló junto al poste derecho, restaurando la ventaja para el Ceuta. El mismo Díez, convertido en figura indiscutible del duelo, demostró su calidad con un doblete que ponía el 2-1 en el luminoso.
Los cambios comenzaron a sucederse. El técnico del Almería movió ficha introduciendo a Stefan Dzodic por Bonini, mientras el Ceuta tuvo que reestructurarse por la lesión de Aisar, que abandonó el terreno en camilla para ser sustituido por Diego González. La dinámica del encuentro se volvió más física, con interrupciones constantes que fragmentaron el juego.
La fortuna sonrió de nuevo a los visitantes. Una falta en la frontal ceutí propició una nueva oportunidad para André Horta, que con un disparo potente y colocado superó la barrera y al portero, estableciendo el 2-2. El Almería celebró el empate con la convicción de que podía llevarse los tres puntos, pero le faltó precisión en los metros finales para materializar su dominio territorial.
El desenlace estuvo cargado de dramatismo. Con el cronómetro avanzando y el empate como resultado provisional, el cuarto árbitro anunció ocho minutos de tiempo añadido, una decisión que respondía a las numerosas interrupciones por lesiones. Fue en esta prolongación cuando el Ceuta encontró la chispa definitiva. Un córner botado desde la derecha generó un rechace que Rubén Díez aprovechó para asistir a Marcos Fernández, cuyo remate desde fuera del área se convirtió en el gol de la victoria.
El Almería no se rindió. Introdujo a Álex Centelles, Thalys y Dion Lopy en busca de frescura, pero la organización defensiva del Ceuta, reforzada con la entrada de Capa y Kialy Abdoul Kone, resultó infranqueable. Las tarjetas amarillas a Adri Embarba y Nélson Monte por juego peligroso reflejaron la desesperación visitante en los instantes finales.
El pitido final dejó un marcador de 3-2 que supone un balsamo para el Ceuta, no solo por los puntos conseguidos, sino por el contexto emocional que envolvió el duelo. La victoria se convirtió en un homenaje vivo al aficionado fallecido, cumpliendo así con el deseo de su familia y de toda la comunidad futbolística de que el espectáculo continuara.
Desde el punto de vista táctico, el encuentro evidenció las virtudes de un Ceuta solidario en defensa y letal en la transición. Rubén Díez emergió como el jugador decisivo con su doblete y asistencia, mientras que Marcos Fernández aportó la guinda final. Por su parte, el Almería mostró buen trato de balón pero careció de efectividad en las áreas, un déficit que le costó caro.
Las lesiones de Yann Bodiger y Anuar Tuhami, aunque sin gravedad aparente, obligaron a los técnicos a realizar ajustes que alteraron los planes iniciales. La entrada de Redru por Bodiger y la posterior sustitución de Tuhami demuestran la importancia de una plantilla amplia y versátil en competiciones tan exigentes.
El resultado deja al Ceuta con un sabor dulce, habiendo superado no solo a un rival directo, sino también la presión emocional de una situación excepcional. Por su parte, el Almería deberá analizar sus errores defensivos, especialmente en las jugadas a balón parado, si quiere mantener sus aspiraciones en la categoría.
Más allá de los números, este encuentro recordará como un ejemplo de resiliencia y humanidad. El fútbol, en su esencia, es un espectáculo que une a las personas, y en esta ocasión, sirvió como terapia colectiva para una ciudad herida. La afición ceutí demostró que el espíritu de su equipo trasciende los resultados, y que en los momentos difíciles, la comunidad se une más fuerte que nunca.
La jornada concluyó con un minuto de silencio en memoria del aficionado, un gesto que ambos conjuntos y el público asumieron con solemnidad. El deporte, con sus luces y sombras, dejó una lección invaluable: que la vida continúa y que la pasión por los colores puede convertirse en el mejor homenaje a quienes ya no están. El Ceuta, con esta victoria, no solo sumó tres puntos, sino que también ganó el corazón de todos los que entienden que el fútbol es, ante todo, una familia.