Jessica Simpson ha vuelto a revivir una de las anécdotas más recordadas de sus primeros años en el mundo del espectáculo: su decisión personal de preservar la virginidad hasta el matrimonio. En una reciente conversación con Entertainment Tonight, la artista estadounidense de 45 años ha abierto la caja de los recuerdos para compartir cómo fue el momento en que reveló esta intimidad a Ashton Kutcher por primera vez, un episodio que marcó su relación con la fama y los medios de comunicación.
El escenario fue el rodaje de la quinta temporada de That ’70s Show, la icónica serie de comedia de los años 90 que catapultó al estrellato a varios jóvenes actores. Simpson, quien encarnaba el personaje de Annette, encontró en Kutcher —que entonces contaba también con 22 años— a un compañero de reparto con quien mantener una conversación sincera. Fue en ese contexto donde la cantante y actriz decidió compartir su particular forma de entender las relaciones personales, una confesión que quedaría grabada en la memoria de ambos.
La confesión que sorprendió a Kutcher
El momento de la revelación resultó ser un punto de inflexión en cómo Simpson gestionaba su imagen pública. "Nunca olvidaré cuando le dije a Ashton que era virgen", recordó durante la entrevista. La respuesta del actor fue inmediata y reveladora: "¿Por qué?". Una pregunta simple pero que reflejaba la sorpresa de alguien que no esperaba semejante declaración en un ambiente tan desenfadado como el de un set de televisión, donde las conversaciones suelen girar en torno a temas más superficiales.
La explicación de Simpson resultaba coherente con sus convicciones de aquella época, arraigadas en sus valores familiares y religiosos. "Le dije: 'Porque no he conocido a mi esposo todavía'", relató. Aunque ya había conocido a Nick Lachey —con quien posteriormente contrajo matrimonio en 2002—, mantenía firme su decisión personal. "A los chicos les gustaba eso", añadió la artista, reconociendo que su postura generaba cierto interés en el género opuesto y la convertía en una figura intrigante dentro de la industria.
Inocencia y exposición pública
Con la perspectiva que da el paso del tiempo y la madurez, Simpson ha reflexionado sobre cómo su candidez juvenil contribuyó a que este aspecto de su vida privada se convirtiera en un elemento central de su imagen pública. "A esa edad, yo era muy, muy inocente. No estaba pensando en la vida sexual de otras personas en absoluto", confesó, reconociendo su ingenuidad en aquellos años.
La intérprete de "I Wanna Love You Forever" quiso dejar claro que nunca buscó convertir su virginidad en un argumento de marketing o una estrategia calculada. "No iba a presentarme diciendo: 'Hola, soy Jessica Simpson. Soy virgen'", enfatizó. Según su versión, todo surgió de forma natural durante entrevistas con los medios de comunicación, que en la era de los primeros 2000s empezaban a mostrar una creciente obsesión por la vida íntima de las celebridades. "Estoy segura de que me preguntaron qué tipo de chico me gustaba o algo por el estilo. Tenía que ser algo relacionado con el sexo", especuló.
El impacto de estas declaraciones no se limitó a la opinión pública. Simpson sospecha que su propio sello discográfico quedó "probablemente en shock" al verla compartir un tema tan personal sin consultar previamente con su equipo de marketing. Sin embargo, la artista siempre se ha caracterizado por su franqueza, una cualidad que resume con una de sus características frases: "Piernas cruzadas —pero abierta".
El videoclip desaparecido con Kutcher
La entrevista también sirvió para desenterrar un capítulo olvidado de la carrera temprana de Simpson: la existencia de una primera versión del videoclip de su debut musical, "I Wanna Love You Forever", que nunca llegó a publicarse y que contaba con la participación sorpresa de Kutcher.
Este material, cuya producción costó aproximadamente un millón de dólares, representaba una inversión considerable para una artista novata. Kutcher actuaba como coprotagonista y posible interés romántico. "Hay una 'versión uno' que nadie ha visto, y necesitamos que Sony libere los derechos porque yo elegí a Ashton Kutcher como el modelo masculino, mi interés amoroso. Teníamos que, literalmente, valsar", detalló Simpson, evocando la coreografía clásica que debían interpretar.
El rodaje tuvo lugar en una imponente mansión y giraba en torno a una coreografía elegante y romántica entre ambos jóvenes artistas. Sin embargo, el proyecto fue abruptamente descartado por un motivo que hoy le resulta casi ridículo y evidencia las absurdas exigencias de la industria. "Mi cabello estaba un poco ondulado. Y el jefe del sello quería que estuviera liso", reveló, un detalle estético que terminó con semanas de trabajo y un presupuesto millonario.
Esta exigencia capilar provocó que todo el trabajo previo quedara en el olvido. Simpson tuvo que filmar rápidamente una segunda versión del videoclip, radicalmente diferente a la original. "No había interés amoroso. Solo yo en un avión vintage, en un campo de margaritas falsas, girasoles o algo así", describió, contrastando la sencillez de la versión final con la sofisticación de la original.
Legado y nueva perspectiva
Hoy en día, con una trayectoria consolidada que abarca la música, la actuación y los negocios —incluyendo su exitosa línea de moda y accesorios—, Jessica Simpson revisita su pasado con una mezcla de humor y honestidad. La artista, que ahora promociona su nuevo perfume Mystic Canyon, demuestra que sigue manteniendo esa transparencia que la definió desde sus inicios, aunque ahora con mayor control sobre su narrativa.
La historia de su virginidad y la reacción de Ashton Kutcher se ha convertido en uno de los episodios más emblemáticos de su biografía, un testimonio de cómo las decisiones personales de una joven artista pueden generar un impacto mediático inesperado y definir una carrera. Simpson, lejos de arrepentirse, ha sabido capitalizar su naturaleza abierta para construir una conexión auténtica con su audiencia, convirtiendo lo que pudo ser un escándalo en una historia de empoderamiento personal.
A través de estas revelaciones, la empresaria demuestra que la sinceridad puede ser tanto una virtud como una carga en la industria del entretenimiento. Su experiencia sirve de ejemplo para nuevas generaciones de artistas que deben navegar entre la preservación de su intimidad y las demandas de una cultura cada vez más interesada en los detalles personales de las figuras públicas, especialmente en la era de las redes sociales donde la línea entre lo público y lo privado se ha vuelto aún más difusa.
El caso del videoclip descartado, por su parte, ilustra las absurdas exigencias a las que se enfrentan los jóvenes talentos, donde cuestiones estéticas triviales pueden echar por tierra proyectos costosos y prometedores. Simpson, con su característica buena disposición, ha transformado estos recuerdos en anécdotas que refuerzan su imagen de mujer auténtica y sin filtros, capaz de reírse de las arbitrariedades de la industria que la vio crecer.