Irán prepara su estrategia de resistencia frente a la presión internacional

El analista Luciano Zaccara, desde Qatar, advierte sobre la complejidad del conflicto y la disposición al martirio de millones de iraníes

En las últimas semanas, la escalada de tensiones en el Golfo Pérsico ha alcanzado niveles críticos que preocupan a la comunidad internacional. Desde su residencia en Qatar, el reconocido analista geopolítico Luciano Zaccara, colaborador del prestigioso Centro de Investigación y Documentación Internacional de Barcelona (Cidob), ofrece una perspectiva única sobre un conflicto que redefine las dinámicas de poder en la región.

Zaccara, quien debía participar como ponente principal en un ciclo de conferencias sobre Irán organizado por Cidob en Barcelona, se vio obligado a conectar vía videoconferencia desde su hogar en Doha. La razón: el cierre del aeropuerto internacional de Qatar debido a los recientes ataques con misiles que han transformado la vida cotidiana en la península arábiga. 'Vivimos como en la pandemia: saliendo lo justo', describe con crudeza el experto, quien convive con su esposa, arabista española, su madre de 90 años y el resto de su familia en un contexto de creciente inestabilidad.

Aunque Qatar ha resultado menos afectado que otros países vecinos como Bahréin, Emiratos Árabes Unidos o Kuwait, donde los impactos han sido más severos, la paralización de las conexiones aéreas representa un duro golpe económico para el emirato. Las autoridades iraníes justifican sus acciones afirmando que solo atacan 'intereses estadounidenses en la región', argumento que Zaccara cuestiona rotundamente: 'Ya me dirá si no es atacar cerrarle el aeropuerto a un país'.

La doctrina de resistencia iraní

El núcleo del análisis de Zaccara se centra en la filosofía estratégica de la República Islámica. A diferencia de otros regímenes sancionados, Irán ha desarrollado un modelo de supervivencia basado en la resistencia prolongada. El experto contrasta esta realidad con experiencias recientes: 'Irán no es Venezuela y pueden ver el resultado de Afganistán... Y, sin embargo, lo intenta', señala en referencia a la capacidad de resistencia que ha demostrado el país persa frente a décadas de presión internacional.

Un aspecto particularmente preocupante es la dimensión ideológica del conflicto. Zaccara calcula que entre un 10% y un 15% de la población iraní, aproximadamente diez millones de personas, estaría dispuesta al martirio antes que aceptar una rendición. Esta cifra, derivada de la estructura del Estado, la organización política, la historia y la religión del país, ilustra la profundidad del compromiso ideológico que enfrentan los adversarios de Teherán.

'Esa es la tragedia de esta guerra: enfrenta a tres países con liderazgos mesiánicos', advierte el analista. La referencia apunta a los ejecutivos de Estados Unidos, Israel e Irán, cuyas narrativas nacionalistas y religiosas elevan el umbral para cualquier negociación. Cada uno define la victoria de manera incompatible con la del otro, creando un callejón sin salida diplomático.

La ambigüedad de la victoria

Uno de los obstáculos más graves para la resolución del conflicto radica en la indefinición de los objetivos. 'El grave inconveniente para el fin de esta guerra es decidir qué es ganarla', reflexiona Zaccara. Desde su perspectiva, cada actor persigue una meta diferente e irreconciliable.

Para la administración Trump, la victoria podría traducirse en un impulso electoral. 'Contemplamos cómo Trump y Netanyahu tratan de recuperarse en las encuestas a bombazos para que sumen votos en sus elecciones de final de año', observa el experto. Esta dinámica, donde la escalada militar sirve a fines políticos internos, representa un peligroso juego de poder donde las poblaciones civiles se convierten en moneda de cambio.

Para Irán, la victoria es más sutil pero igual de compleja: 'su victoria sería que el otro parara y aceptara así que Irán es inmortal'. Se trata de una guerra de desgaste donde la mera supervivencia del régimen se convierte en éxito estratégico, independientemente del coste humano y material. Esta lógica de resistencia, sin embargo, plantea la pregunta inevitable: '¿Después de millones de muertos?'.

El tercer actor, Israel, bajo el liderazgo de Netanyahu, opera con su propia lógica de seguridad nacional teñida de consideraciones religiosas y electorales. '¿Cuándo va Netanyahu a decir que ha ganado?', cuestiona Zaccara, señalando que desde el fanatismo religioso, los tres países tienen el umbral para negociar muy alto.

El riesgo nuclear: una posibilidad impensable pero no descartable

El analista no elude el tema más escalofriante: la posibilidad de un escalada nuclear. 'La preocupación del mundo es lograr que acabe cuanto antes sin que ninguno de los tres ejércitos combatientes caiga en la locura, de momento impensable pero no descartable, de recurrir a las armas atómicas'. Esta afirmación pone de manifiesto el temor latente en los círculos diplomáticos internacionales.

Aunque actualmente parezca una opción remota, la combinación de liderazgos mesiánicos, la ausencia de límites claros y la lógica de escalada por desgaste crea un escenario volátil donde la racionalidad estratégica puede fallar. Los mercados financieros, por su parte, aún apuestan por una resolución negociada, reflejando la esperanza más que la certeza.

El contexto regional y global

La posición de Qatar como observador privilegiado pero afectado directamente ofrece una visión única. Aunque los iraníes han respetado hasta ahora las zonas civiles qataríes, la paralización del transporte aéreo demuestra cómo la guerra moderna no distingue entre objetivos militares y económicos. El cierre del aeropuerto, aunque justificado como medida de seguridad, constituye un acto de guerra económica que afecta a toda la población.

Zaccara subraya que la única salida viable pasa por la definición clara de objetivos negociables y la introducción de mediadores internacionales creíbles. Sin embargo, reconoce que 'el problema es que está poniéndose un listón demasiado alto' por parte de todos los contendientes. La ausencia de canales de comunicación directos y la demonización mutua complican cualquier intento de diálogo.

La experiencia personal del analista, viviendo bajo bombardeos con su familia, le da a su análisis una carga emocional y una autenticidad difíciles de encontrar en los informes académicos. Su madre de 90 años, su esposa arabista y sus hijos experimentan directamente las consecuencias de un conflicto que analiza profesionalmente, creando una dualidad entre observador y víctima potencial.

Lecciones para la comunidad internacional

El análisis de Zaccara ofrece varias lecciones clave. Primero, la resistencia iraní no puede subestimarse. Segundo, los factores ideológicos y religiosos son tan importantes como los militares. Tercero, la intersección entre política interna y política exterior en los tres países complica las soluciones.

La comunidad internacional debe entender que este no es un conflicto convencional donde la superioridad militar garantiza la victoria. Se trata de una guerra de percepciones, de resistencia cultural y de supervivencia política donde las reglas del juego están constantemente en disputa.

A medida que las elecciones en Estados Unidos e Israel se acercan, la presión por lograr resultados visibles aumentará, pero estos resultados pueden no traducirse en estabilidad regional. Por el contrario, podrían generar nuevas formas de resistencia y radicalización, perpetuando un ciclo de violencia que beneficia solo a las élites políticas.

Conclusión: la urgencia de una nueva diplomacia

El testimonio de Luciano Zaccara desde Qatar sirve como recordatorio de que, detrás de los análisis geopolíticos, hay vidas humanas en riesgo. Su voz experta pero también personalizada pone rostro a las estadísticas y complejidad a los titulares simplistas.

La situación actual exige una diplomacia innovadora que vaya más allá de las declaraciones públicas y las posturas rígidas. Necesita mediadores que entiendan la profundidad ideológica del conflicto y que puedan ofrecer vías de salida que preserven la dignidad de todas las partes. Mientras tanto, el mundo observa con preocupación cómo Irán se prepara para resistir, Trump busca su reelección y Netanyahu su supervivencia política, todos a costa de una población que solo anhela paz y estabilidad.

El tiempo juega en contra de la diplomacia. Cada día de conflicto refuerza las narrativas de odio, reduce el espacio para el compromiso y aumenta el riesgo de errores calculados que podrían desencadenar consecuencias catastróficas. La pregunta no es quién ganará, sino cuánto costará la victoria a toda la humanidad.

Referencias