El gobierno boliviano anunció oficialmente su decisión de retirarse del Grupo de La Haya, una coalición internacional que respaldaba causas palestinas y promovía medidas de presión contra Israel. Esta determinación, comunicada mediante un comunicado oficial de la Cancillería, marca un giro significativo en la política exterior del país andino y se enmarca en una serie de movimientos estratégicos que incluyen el reciente restablecimiento de vínculos con Israel y Estados Unidos.
¿Qué era el Grupo de La Haya?
El Grupo de La Haya surgió en enero de 2025 como una iniciativa informal de ocho naciones -Colombia, Sudáfrica, Cuba, Malasia, Namibia, Senegal, Bolivia y Honduras- con el objetivo de coordinar posiciones en favor de la causa palestina. La plataforma buscaba fundamentalmente dos propósitos: respaldar las solicitudes de la Corte Penal Internacional (CPI) para ejecutar órdenes de arresto contra presuntos responsables de crímenes contra el pueblo palestino, y promover medidas internacionales para frenar lo que consideraban una ocupación israelí ilegal en territorio palestino.
Sin embargo, la estructura siempre operó como un mecanismo no institucionalizado, sin reconocimiento formal dentro del sistema de Naciones Unidas. Esta característica, que inicialmente permitió flexibilidad a sus miembros, terminó siendo el argumento central que Bolivia esgrimió para justificar su salida.
Las razones oficiales del retiro
El comunicado de la Cancillería boliviana fue explícito al señalar que la decisión responde a la convicción del gobierno de que los asuntos de responsabilidad internacional deben abordarse exclusivamente a través de los mecanismos institucionales y jurídicamente establecidos en el sistema de Naciones Unidas. Con este argumento, La Paz busca posicionarse como defensora del multilateralismo formal y del derecho internacional tradicional.
El texto oficial enfatiza que Bolivia reafirma su compromiso histórico con el derecho internacional, la solución pacífica de controversias, el respeto a la soberanía de los Estados y el fortalecimiento del sistema multilateral. Esta retórica permite al gobierno del presidente Luis Arce mantener una postura ideológicamente coherente con su tradición de defensa de la soberanía nacional, mientras realinea sus alianzas prácticas.
Contexto diplomático: un rompecabezas de alianzas
El retiro del Grupo de La Haya no puede analizarse de forma aislada. Representa la pieza más reciente de un complejo rompecabezas diplomático que Bolivia ha estado reconstruyendo durante los últimos meses.
Las relaciones con Estados Unidos habían estado congeladas desde 2008, cuando el entonces presidente Evo Morales expulsó al embajador estadounidense acusándolo de conspiración contra su gobierno. Por su parte, los vínculos con Israel se rompieron por primera vez en 2009, como protesta por las operaciones militares israelíes en Gaza, para luego restablecerse brevemente durante el gobierno interino de Jeanine Áñez (2019-2020), y volver a ruptura en octubre de 2023 cuando el gobierno de Arce consideró que la ofensiva israelí en Gaza era "agresiva y desproporcionada".
El 9 de diciembre de 2024, los cancilleres de Bolivia e Israel firmaron en Washington el acuerdo que restablecía las relaciones diplomáticas completas. Este movimiento fue inmediatamente seguido por un voto favorable de Bolivia a favor de Israel en una resolución de la ONU, y ahora por la salida del Grupo de La Haya, con el cual Bolivia respaldaba la demanda de Sudáfrica contra Israel en la Corte Internacional de Justicia (CIJ).
Reacciones internacionales
El canciller israelí, Gideon Sa'ar, no tardó en reaccionar positivamente. Agradeció públicamente a Bolivia por su decisión y calificó el movimiento como estar "del lado correcto de la historia". Esta declaración refleja el valor que Israel otorga a cada voto y cada aliado en el complejo escenario multilateral, especialmente en organismos internacionales donde tradicionalmente enfrenta mayorías críticas.
Por su parte, Honduras también anunció su retiro del Grupo de La Haya, lo que sugiere que la coalición podría estar perdiendo peso justo cuando buscaba consolidarse como actor relevante en el conflicto palestino-israelí. La salida de dos miembros reduce significativamente la representatividad geográfica y política del bloque.
Implicaciones regionales y globales
La decisión boliviana tiene múltiples lecturas. En el plano regional, posiciona a Bolivia en una línea más pragmática, alejada de las alianzas ideológicas puras que caracterizaron la era de Evo Morales. El actual gobierno parece buscar un equilibrio entre sus principios históricos y las necesidades económicas y políticas del presente.
A nivel global, el movimiento refuerza la tendencia de algunos países latinoamericanos a adoptar posiciones más ecuánimes en el conflicto de Medio Oriente. Mientras que naciones como Colombia mantienen una retórica firme en defensa de los derechos palestinos, otras como Bolivia están optando por una vía más moderada que priorice las relaciones bilaterales con potencias occidentales.
El caso también ilustra la tensión entre mecanismos informales de presión diplomática y la estructura tradicional de Naciones Unidas. Bolivia argumenta que solo los canales oficialmente reconocidos tienen legitimidad para abordar cuestiones de paz y seguridad internacional, una postura que podría inspirar a otros países a abandonar coaliciones similares.
El futuro del Grupo de La Haya
Con la salida de Bolivia y Honduras, el Grupo de La Haya queda conformado por seis naciones. Su viabilidad futura dependerá de la capacidad de los países restantes -Sudáfrica, Colombia, Cuba, Malasia, Namibia y Senegal- para mantener la cohesión y demostrar que pueden generar impacto real más allá de la declaración de principios.
La demanda de Sudáfrica contra Israel en la CIJ seguirá su curso, pero contará con un apoyo latinoamericano reducido. Esto podría afectar la percepción de legitimidad que el grupo buscaba proyectar como representante de la opinión de la comunidad internacional.
Conclusiones
El retiro de Bolivia del Grupo de La Haya representa más que una simple decisión diplomática. Es un indicador de una reconfiguración geopolítica en curso, donde países tradicionalmente alineados con causas antiimperialistas están reevaluando sus posiciones en función de intereses pragmáticos.
La justificación basada en el respeto a los mecanismos institucionales de la ONU permite al gobierno de Luis Arce mantener su discurso ideológico mientras ejecuta un giro práctico en su política exterior. La restauración de relaciones con Israel y Estados Unidos, sumada a la salida del grupo pro-palestino, dibuja un nuevo mapa de alianzas para Bolivia.
En un mundo donde los conflictos globales cada vez más polarizan la comunidad internacional, las decisiones como la de Bolivia demuestran que incluso los países con posiciones históricas firmes pueden buscar espacios de diplomacia flexible que equilibren principios e intereses. El Grupo de La Haya, por su parte, enfrenta ahora el desafío de demostrar su relevancia sin dos de sus miembros latinoamericanos, en un escenario donde cada voto y cada aliado cuenta en la batalla por la legitimidad internacional.