Jim Carrey recibe el César de honor y revela sus raíces francesas en emotivo discurso

El actor canadiense sorprendió en la 51ª edición de los Premios César con un discurso en francés, dedicó el premio a su familia y bromeó sobre su 'francés casi mediocre'

Jim Carrey, el icónico actor canadiense conocido mundialmente por sus inolvidables interpretaciones en comedias como La máscara, Dos tontos muy tontos y El Grinch, acaba de sumar un nuevo reconocimiento a su dilatada carrera. En la reciente ceremonia de los Premios César, equivalentes franceses a los Óscar, Carrey fue distinguido con el prestigioso César de honor, un galardón que en ediciones anteriores ha reconocido a figuras de la talla de Julia Roberts.

La 51ª edición de estos premios, celebrada en París, se convirtió en un escenario especial para el intérprete, quien no solo recibió el reconocimiento, sino que también sorprendió al público al revelar detalles desconocidos sobre su genealogía. Acompañado de sus seres queridos –su hija Jane, su nieto Jackson y su pareja Mina–, Carrey demostró una vez más su versatilidad y su capacidad para conectar con el público más allá de las pantallas de Hollywood.

La presentación del actor corrió a cargo de Michel Gondry, director francés con quien Carrey compartió créditos hace más de dos décadas en la cinta ¡Olvídate de mí! (Eternal Sunshine of the Spotless Mind), una producción que se ha convertido en un verdadero clásico de culto. La conexión entre ambos artistas añadió una capa de emotividad al momento, recordando una colaboración que marcó un hito en la carrera del actor, mostrando su faceta más dramática y profunda.

Sin embargo, el momento más destacado de la noche llegó cuando Carrey subió al escenario para recoger su premio. Con un dominio sorprendente del idioma galo, el actor pronunció un discurso íntegramente en francés que dejó boquiabiertos a los asistentes. Sus palabras, llenas de gratitud y reflexión, revelaron no solo su talento como intérprete, sino también su dedicación por honrar a la cultura que lo estaba reconociendo.

"Como actor, cada personaje que interpretas es como arcilla en las manos de un escultor, al que das forma según tus deseos. Qué afortunado he sido de compartir este arte con tantas personas que, de verdad, han abierto su corazón a mí", expresó Carrey en un francés fluido que pocos esperaban escuchar de boca del célebre comediante.

La revelación más sorprendente del discurso llegó cuando el actor compartió con el público un secreto familiar que guardaba desde hacía generaciones. Con una mezcla de orgullo y humor, Carrey desveló que sus ancestros tienen profundas raíces en territorio francés, concretamente en la histórica ciudad de Saint-Malo.

"Hace aproximadamente 300 años, mi 'tataratataratataratatarabuelo', Marc-François Carré, sí, Carré, nació en Francia, en Saint-Malo antes de emigrar a Canadá", confesó el actor, generando un murmullo de sorpresa entre los asistentes a la gala.

Este descubrimiento genealógico no solo conecta a Carrey con Francia de manera ancestral, sino que también le permitió realizar un ingenioso juego de palabras con su propio apellido. "Esta noche, con este magnífico honor, este 'carré' ha cerrado el círculo", declaró, haciendo alusión a la palabra francesa "carré" (cuadrado) y su propio apellido Carrey, simbolizando así el retorno a sus orígenes.

La dedicatoria del premio fue uno de los momentos más emotivos de la velada. Carrey no dudó en compartir el reconocimiento con su familia, visiblemente emocionada en el auditorio. "Gracias a mi maravillosa familia, mi hija Jane y mi nieto Jackson. Os quiero ahora y para siempre. Gracias a mi sublime compañera, Mina. Te quiero, Mina", pronunció con voz entrecortada.

Pero la dedicatoria más conmovedora fue para su padre, Percy Joseph Carrey, fallecido en 1994 y quien influyó profundamente en el desarrollo artístico y personal del actor. "Y, por último, gracias al hombre más divertido que he conocido: mi padre. Percy Joseph Carrey, que me enseñó el valor del amor, la generosidad y la risa", añadió, convirtiendo el momento en una reflexión sobre la importancia del legado familiar.

Tras concluir su discurso, Carrey demostró una vez más su característico sentido del humor autocrítico. Consciente de que su francés, aunque sorprendente, no era perfecto, el actor desarmó al público con una broma sobre sus limitaciones lingüísticas. "¿Entonces, qué tal mi francés? Casi mediocre, ¿verdad? Perdonadme, no hablaba francés, pero lo estoy aprendiendo. Mi lengua está cansada", bromeó, generando carcajadas y aplausos entre los presentes.

Este gesto de humildad y humor fue celebrado como una de las intervenciones más memorables de la noche, demostrando que Carrey no solo domina el arte de la comedia, sino también el de la autocrítica y la conexión genuina con su audiencia.

El reconocimiento a Jim Carrey llega en un momento en que el actor ha mantenido un perfil más discreto en la industria cinematográfica, enfocándose en proyectos personales y en su carrera como artista plástico. Sin embargo, su impacto en el cine de comedia y su capacidad para transmitir emociones profundas en roles dramáticos han asegurado su lugar en la historia del séptimo arte.

Cabe recordar que, a pesar de no haber recibido nunca una nominación al Óscar –una de las grandes omisiones de la Academia–, Carrey sí ha sido reconocido con dos Globos de Oro por sus interpretaciones en El show de Truman y Man on the Moon, películas que demostraron su versatilidad dramática más allá de su faceta cómica.

La ceremonia de los Premios César también tuvo otros momentos destacados. La película Nouvelle Vague, del cineasta Richard Linklater, fue la máxima galardonada de la noche. Esta obra, que rinde homenaje al rodaje de Al final de la escapada de Jean-Luc Godard, recibió múltiples reconocimientos técnicos y artísticos.

Sin embargo, el premio a la mejor película fue para Los lazos que nos unen, un drama familiar protagonizado por Valeria Bruni Tedeschi que conmovió al jurado. En la categoría de mejor película extranjera, el premio fue otorgado a Una batalla tras otra de Paul Thomas Anderson, superando a otras candidaturas como Sirat de Oliver Laxe, que también contaba con expectativas.

El César de honor a Jim Carrey no solo reconoce una carrera excepcional, sino que también simboliza el puente entre el cine de Hollywood y la tradición cinematográfica francesa. La decisión de Carrey de aprender francés para su discurso y de investigar sus raíces ancestrales demuestra un respeto profundo por la cultura que lo acogía, convirtiendo la ceremonia en algo más que una mera entrega de premios: fue una celebración de la conexión humana a través del arte.

En una industria donde los discursos suelen ser protocolarios y repetitivos, la intervención de Carrey destacó por su autenticidad, humor y emotividad. El actor demostró que, más allá de los personajes extravagantes que lo hicieron famoso, existe un artista consciente de su legado, conectado con sus orígenes y capaz de reírse de sí mismo.

El momento ha sido ampliamente celebrado en redes sociales, donde fans y críticos han elogiado el gesto de Carrey de aprender el idioma para honrar a sus anfitriones. Muchos han señalado que este tipo de detalles es lo que distingue a los verdaderos artistas de las simples estrellas de cine.

Con este premio, Jim Carrey se une a una selecta lista de personalidades internacionales que han recibido el César de honor, consolidando así su estatus como uno de los intérpretes más influyentes e innovadores de las últimas décadas. Su discurso en francés, sus revelaciones genealógicas y su humor autocrítico han dado a la ceremonia un momento que, sin duda, pasará a la historia como uno de los más entrañables y auténticos de los Premios César.

Referencias