La Champions League volvió a demostrar por qué es la competición más emocionante del fútbol europeo. En un duelo vibrante celebrado en Bérgamo, la Atalanta consumó una remontada épica ante el Borussia Dortmund que quedará en la memoria de sus aficionados. Lo que comenzó como una eliminatoria complicada se convirtió en una noche mágica para los italianos, sellada con un gol en el último suspiro que dejó helado al conjunto alemán.
El encuentro arrancó con una intensidad frenética desde el pitido inicial. Ambos equipos salieron decididos a imponer su ritmo, pero fueron los locales quienes tomaron la iniciativa con mayor claridad. La primera mitad dejó claro que el Dortmund tendría que sudar de lo lindo si quería mantener su ventaja inicial. Los de Gasperini presionaron con su característico estilo agresivo, creando numerosos apuros a la defensa visitante.
El primer tiempo estuvo marcado por una sucesión de ocasiones claras para ambos bandos. El Dortmund, lejos de encerrarse, respondió con velocidad en las transiciones, pero la falta de precisión en los metros finales le costó caro. Por su parte, la Atalanta demostró una pegada demoledora que acabaría siendo decisiva. El empate llegó antes del descanso gracias a un zarpazo de Zappacosta, que aprovechó un desvío fortuito para batir a Kobel. El portero alemán, que había sido titular indiscutible, vio cómo el balón se colaba por toda la escuadra tras tocar ligeramente en un defensor.
La segunda mitad fue un auténtico festival de emociones. La Atalanta salió con la misma mentalidad guerrera y no tardó en darle la vuelta al marcador. Pasalic se convirtió en el héroe momentáneo con un cabezazo impecable que significó el 2-0 parcial. La celebración del croata reflejaba la euforia de un equipo que olía la remontada. El Dortmund, visiblemente afectado, intentó reaccionar pero se encontró con un muro defensivo bien estructurado y con un Carnesecchi que realizó intervenciones milagrosas.
Los cambios de Terzic no surtieron el efecto deseado. La entrada de Adeyemi y Couto aportó velocidad, pero la falta de acierto en los metros finales seguía lastrando al conjunto alemán. Brandt tuvo la ocasión más clara para empatar, pero su remate se estrelló en el palo y el rechace lo mandó fuera. El partido se volvió loco, con transiciones constantes y defensas desguarnecidas.
El punto de inflexión llegó en los minutos finales. Una jugada a balón parado acabó con una patada en la cabeza de un jugador de la Atalanta dentro del área. El árbitro Sánchez Martínez no dudó en señalar la pena máxima y, tras consultar el VAR, mostró la segunda amarilla a Bensebaini, dejando al Dortmund con diez hombres. La decisión fue controvertida pero definitiva.
Con la eliminatoria en el aire y el tiempo cumplido, Samardzic se plantó ante el punto de penalti. El joven talento serbio, que ya había tenido una ocasión clarísima que desvió al larguero, no perdonó esta vez. Su disparo, potente y colocado al palo derecho de Kobel, hizo inútil la estirada del portero. El 3-0 definitivo desató la locura en el estadio de Bérgamo.
El error de Kobel en el tercer gol, aunque menor que en el primero, simbolizó la noche del Dortmund. Un equipo que había llegado con ventaja pero que se desmoronó ante la presión y el ímpetu de un rival que no dio su brazo a torcer. La expulsión de Bensebaini fue la sentencia final para unos germanos que no supieron gestionar la ventaja inicial.
El análisis del encuentro revela las claves de la remontada. La Atalanta demostró una capacidad de sacrificio y una efectividad letal que el Dortmund no pudo contrarrestar. Gasperini planteó un partido perfecto, ajustando su sistema para explotar las bandas y creando superioridad en el centro del campo. Los cambios del italiano también fueron más acertados, dando entrada a Sulemana y Ahanor en los momentos justos.
Por el contrario, Terzic vio cómo su equipo se desinflaba ante la primera adversidad. La falta de liderazgo en el centro del campo, especialmente tras la salida de Bellingham, se hizo evidente. Guirassy, que había sido una de las sensaciones de la temporada, estuvo desaparecido cuando más se le necesitaba. La defensa, por su parte, cometió errores infantiles que un equipo de este nivel no puede permitirse en Champions.
El resultado deja a la Atalanta con un pie en los cuartos de final, mientras el Dortmund deberá remar a contracorriente en la vuelta. La diferencia de tres goles es abismal, pero en el fútbol moderno nada está decidido hasta el pitido final. Sin embargo, el gol de visitante y la moral por las nubes de los italianos complican enormemente la tarea de los germanos.
La afición de la Atalanta tiene motivos para soñar. Este equipo ha demostrado que puede competir con los grandes de Europa sin complejos. Su estilo directo y ofensivo, combinado con una solidez defensiva que muchos desconocían, lo convierte en un rival temible para cualquier candidato al título. La noche de Bérgamo pasará a la historia como una de las grandes remontadas de la institución.
Para el Dortmund, la lección es clara: en Champions no se puede regalar nada. La competición castiga sin piedad los errores defensivos y la falta de concentración en los momentos clave. La vuelta en Signal Iduna Park será un examen de carácter para un equipo que necesita demostrar que esta derrota fue un accidente, no la tónica habitual.
El fútbol, una vez más, nos regaló una noche inolvidable. La Atalanta celebró como si ya hubiera pasado de ronda, pero la guerra no ha terminado. El Dortmund, con su afición detrás, intentará la gesta de la remontada. Lo que está claro es que el return promete ser otro espectáculo de alto voltaje. La Champions sigue viva y nosotros, los espectadores, seguiremos disfrutando de esta maravillosa locura que es el fútbol europeo.