John Wayne y el western que le obligó a romper su regla de oro

El legendario actor cedió ante las presiones de los 70 y mostró violencia explícita en 'El gran Jack', su último gran western

John Wayne representa un arquetipo indiscutible del cine clásico estadounidense, una figura cuyo nombre se convirtió en sinónimo del género western durante más de cuatro décadas. Sin embargo, la llegada de los años setenta trajo consigo una transformación radical en la industria cinematográfica que puso en jaque sus más arraigadas convicciones artísticas y morales. El conservadurismo férreo del actor, tanto en su vida personal como en su concepción del séptimo arte, chocó frontalmente con las nuevas tendencias que demandaban mayor crudeza y realismo en la pantalla grande.

Durante toda su extensa trayectoria, Wayne mantuvo una postura inflexible respecto al contenido que consideraba apropiado para el público. Su filosofía se basaba en la creencia de que el cine debía entretener sin corromper, una máxima que traducía en una regla de oro personal: rechazar rotundamente cualquier tipo de violencia gráfica, escenas de contenido sexual explícito o insinuaciones sobre homosexualidad. Esta posición lo convertía en un anacronismo cada vez más evidente en un Hollywood que comenzaba a explorar límites antes inimaginables.

El año 1969 marcó un punto de inflexión para el género western con el estreno de 'Grupo salvaje' de Sam Peckinpah. Esta película desplegó una violencia sin precedentes, con cámara lenta y efectos escabrosos que mostraban la brutalidad del Oeste de manera cruda y despiadada. Wayne, que asistió al estreno, quedó horrorizado. Consideraba que tal nivel de gore no solo era innecesario, sino que traicionaba la esencia del western clásico que él había defendido durante toda su carrera. La película de Peckinpah representaba todo lo que aborrecía: un cine que glorificaba la violencia por el simple morbo.

Paralelamente, la carrera de Clint Eastwood tomaba un rumbo que a Wayne le resultaba igualmente preocupante. Con títulos como 'Por un puñado de dólares', Eastwood personificaba el antihéroe sombrío y moralmente ambiguo, un arquetipo que contrastaba radicalmente con los personajes claros y patrióticos que el 'Duque' prefería interpretar. Para Wayne, este nuevo western era una perversión del género, una traición a los valores que había encarnado en más de ciento cincuenta películas.

Fue en este contexto de transformación industrial cuando George Sherman, un director ya en declive físico, recibió la propuesta de Wayne para dirigir 'El gran Jack' en 1971. Sherman, consciente de que su salud le impedía asumir completamente las riendas del proyecto, sabía que necesitaba adaptarse a las nuevas exigencias del mercado. El público ya no se conformaba con tiroteos limpios donde el héroe caía elegantemente sin una gota de sangre. Las nuevas generaciones demandaban ver las consecuencias reales de la violencia.

En una entrevista posterior, Sherman reveló los detalles de su conversación con el actor: "Hacía mucho tiempo que no dirigía una película importante cuando el Duque me preguntó si quería hacer 'El gran Jack'". El cineasta comprendió que su oportunidad de regresar al candelero dependía de modernizar su estilo. "La mayor oportunidad era la violencia en las películas de los 70", explicó. "El Duque no estaba de acuerdo conmigo, pero le dije que teníamos que hacer la violencia más realista, porque el público así lo esperaba".

La respuesta de Wayne, aunque reacia, reflejaba su pragmatismo profesional. Aceptó a regañadientes, consciente de que su relevancia en la industria dependía de ceder terreno a las nuevas costumbres. Sin embargo, este compromiso le costaría críticas severas y la incomprensión de parte de su propia base de seguidores. El rodaje, iniciado en diciembre de 1970, se convirtió en un ejercicio de equilibrio entre la visión tradicional del actor y las demandas contemporáneas del mercado.

El resultado final sorprendió a propios y extraños. Como era habitual en la filmografía de Wayne, 'El gran Jack' culmina con un tiroteo final en el tercer acto, pero esta vez la violencia superaba con creces cualquier cosa que el actor hubiera permitido antes. Las balas impactaban con efectos visuales explícitos, la sangre era visible y abundante, y la coreografía del enfrentamiento carecía de la elegancia clásica que caracterizaba los duelos tradicionales del género.

Las reacciones no se hicieron esperar. Muchos críticos especializados ridiculizaron la secuencia, calificándola de excesivamente sangrienta e innecesaria. Para ellos, la violencia no servía a la narrativa sino que era un añadido gratuito para complacer a las masas. Peor aún, consideraron que Wayne había traicionado sus propios principios, convirtiéndose en una versión débil de lo que Peckinpah había hecho con maestría dos años antes. El público, dividido, asistía a una representación del fin de una era.

Desde una perspectiva histórica, 'El gran Jack' representa el epítome del dilema generacional que sacudió Hollywood a principios de los setenta. Wayne, con sesenta y cuatro años en el momento del rodaje, personificaba la resistencia al cambio en una industria que se renovaba o moría. Su decisión de ceder ante las presiones del mercado, aunque pragmática, marcó simbólicamente el ocaso de su carrera y la muerte del western clásico que él había encarnado.

La película, disponible actualmente en España a través de Prime Video tanto para compra como alquiler, sirve como documento fílmico de una transición cultural. No es solo un western más en la extensa filmografía de Wayne, sino un testimonio de cómo incluso las estrellas más poderosas deben adaptarse o desaparecer. El conflicto interno del actor entre sus valores tradicionales y las exigencias de un nuevo cine se refleja en cada fotograma de esa controvertida secuencia final.

La lección que deja este episodio trasciende el mero análisis cinematográfico. Habla de la inevitabilidad del cambio, de la tensión entre la integridad artística y la supervivencia profesional. Wayne, que había construido su leyenda sobre principios inquebrantables, se vio obligado a transigir con su propio código ético para no quedar relegado al olvido. En cierto modo, 'El gran Jack' es menos una película sobre el Oeste americano y más una metáfora del ocaso de una estrella que comprendió que su tiempo, efectivamente, había pasado.

La influencia de esta decisión se percibe en cómo las generaciones posteriores han interpretado el legado de Wayne. Para algunos, representa una debilidad de carácter; para otros, una muestra de profesionalismo ante la adversidad. Lo cierto es que ningún otro western en su carrera generó tanta controversia interna en el actor. Fue la única ocasión donde el ícono del cine tradicional se vio forzado a abandonar su zona de confort, un momento que define tanto el final de una época dorada como el nacimiento de un cine más crudo y despiadado que aún hoy domina la industria.

Referencias