Ferran Torres y su polémico ayuno: 18 horas sin comer para rendir más

El delantero del FC Barcelona revela en El Hormiguero su rutina de ayuno intermitente que comparte con Pedri y que le proporciona más energía en los entrenamientos

El delantero del FC Barcelona, Ferran Torres, ha desatado una intensa conversación sobre nutrición deportiva tras sus declaraciones en el programa 'El Hormiguero'. El futbolista valenciano reveló sin tapujos que mantiene una rutina de ayuno intermitente que le lleva a permanecer hasta dieciocho horas sin ingerir alimentos, una práctica que comparte con su compañero Pedri y que, según sus propias palabras, le proporciona un plus de energía en sus entrenamientos diarios.

Durante su intervención nocturna en el espacio televisivo, Torres desglosó con total naturalidad los detalles de su particular régimen alimentario. La última ingesta del día la realiza entre las siete y media y las ocho de la tarde, momento en el que consume su cena. A partir de ese instante, comienza un período de abstinencia que se prolonga hasta las dos de la tarde del día siguiente, cuando por fin rompe el ayuno con su almuerzo. En ese intervalo de tiempo, que abarca aproximadamente dieciocho horas, el futbolista se limita a hidratarse con agua y, ocasionalmente, a tomar café.

No tengo la necesidad, afirmó tajante el atacante blaugrana cuando se le interrogó sobre si esta práctica le suponía un sacrificio. Esta frase, repetida en varios momentos de la entrevista, resume la filosofía que sustenta su decisión. Torres explicó que, lejos de experimentar debilidad o falta de vigor, se siente más activo y con mayor capacidad de rendimiento durante las sesiones de entrenamiento matutinas, que precisamente realiza en estado de ayuno.

La adhesión de Pedri González a este protocolo nutricional añade un componente de interés considerable. El centrocampista canario, inicialmente reacio, terminó por adoptar la rutina tras las recomendaciones de su compañero. Ambos futbolistas coinciden en que los primeros días resultaron especialmente exigentes, pero una vez superada la fase de adaptación, el cuerpo asimila el nuevo patrón y la sensación de bienestar aumenta notablemente. Juntos han establecido un sistema de dos comidas principales diarias: el almuerzo, que rompe el ayuno, y la cena, que cierra el ciclo.

No obstante, esta disciplina alimentaria no es una norma inquebrantable. Torres matizó que en jornadas de competición oficial, cuando el desgaste físico será mayor y la demanda energética se dispara, ambos jugadores flexibilizan su régimen e incorporan un desayuno específico previo al partido. Esta excepción demuestra la capacidad de adaptación del método a las necesidades concretas del alto rendimiento deportivo.

El ayuno intermitente ha experimentado una expansión meteórica en los últimos años, impulsado principalmente por su difusión en redes sociales y su adopción por parte de figuras públicas y deportistas de primer nivel. Aunque existen múltiples variantes, el modelo más extendido consiste en concentrar la ingesta calórica en una ventana de ocho horas, dejando dieciséis de ayuno. El protocolo de Torres, con sus dieciocho horas, representa una versión más restrictiva que, según defiende, se ajusta perfectamente a sus requerimientos personales.

Desde el punto de vista científico, los estudios sobre los efectos del ayuno intermitente en el rendimiento deportivo ofrecen resultados diversos. Algunas investigaciones apuntan a mejoras en la sensibilidad a la insulina, un control más eficaz del peso corporal y posibles beneficios a nivel celular relacionados con la autofagia. Sin embargo, la comunidad científica coincide en señalar que la evidencia disponible no es concluyente, especialmente cuando hablamos de atletas de élite sometidos a cargas de entrenamiento extremas. La necesidad de supervisión médica y nutricional especializada se convierte en un requisito imprescindible para evitar déficits nutricionales que puedan comprometer la salud o el rendimiento.

El propio Torres dejó entrever que su enfoque va más allá de la mera alimentación. Forma parte de una generación de futbolistas que conciben el rendimiento como un ecosistema integral donde el sueño, la recuperación, la gestión emocional y los microhábitos cotidianos juegan un papel determinante. En este contexto, el ayuno intermitente no es un capricho, sino una pieza más de un complejo rompecabezas diseñado para optimizar cada aspecto de su preparación profesional.

Lo que hace apenas una década hubiera sido considerado una práctica extrema o incluso contraproducente, hoy forma parte del vocabulario habitual en los vestuarios de los grandes clubes europeos. Los nutricionistas deportivos debaten sus ventajas e inconvenientes, los preparadores físicos analizan su impacto en la composición corporal y los propios jugadores intercambian experiencias y sensaciones. La conversación ha dejado de ser tabú para convertirse en una opción más dentro del amplio abanico de estrategias disponibles.

Es fundamental subrayar, no obstante, que la aplicabilidad de este método es altamente individualizada. Lo que funciona para un deportista profesional con un seguimiento médico constante, análisis de sangre periódicos y ajustes personalizados no tiene por qué ser seguro o efectivo para el aficionado medio. Los expertos advierten reiteradamente sobre los riesgos de adoptar estas prácticas sin la debida asesoría, especialmente en poblaciones vulnerables como adolescentes, personas con antecedentes de trastornos alimentarios o aquellas con condiciones médicas preexistentes.

La confesión de Torres abre una ventana a la evolución del fútbol moderno, donde la ciencia y la innovación invaden todos los ámbitos de la preparación. La búsqueda de márgenes de mejora, por mínimos que sean, ha llevado a los jugadores a experimentar con técnicas que van más allá del terreno de juego. El rendimiento deportivo ya no se construye únicamente con balones y tácticas, sino con algoritmos de recuperación, patrones de sueño optimizados y, como en este caso, protocolos de nutrición temporalmente restrictivos.

La polémica que suele acompañar a estas revelaciones refleja la tensión entre la tradición y la innovación en el deporte. Mientras algunos puristas cuestionan la necesidad de tales extremos, otros visionarios los ven como el futuro inevitable de la preparación física. Torres, con su contundente 'no tengo la necesidad', se posiciona claramente en el segundo grupo, defendiendo una práctica que, para él, ha dejado de ser un experimento para convertirse en su estado natural.

La repercusión mediática de estas declaraciones trasciende el ámbito puramente deportivo. En una sociedad obsesionada con la productividad y la optimización personal, la figura del deportista de élite sirve como modelo de referencia. Sus hábitos, sean cuales sean, son analizados, replicados y a menudo mitificados por un público ávido de recetas mágicas para el éxito. Es preciso, por tanto, contextualizar estas prácticas dentro del entorno específico que las hace posibles: recursos económicos, acceso a profesionales de la salud, genética de élite y una dedicación exclusiva al cuerpo.

El futuro dirá si el ayuno intermitente se consolida como una herramienta estándar en el fútbol profesional o si queda relegado como una moda pasajera. Mientras tanto, jugadores como Ferran Torres continuarán explorando los límites de su rendimiento, desafiando convenciones establecidas y, sobre todo, demostrando que la excelencia en el deporte moderno requiere una mente abierta y una voluntad de experimentar con métodos que, aunque controvertidos, prometen ese escaso margen de ventaja que separa al bueno del extraordinario.

Referencias