Mario Vaquerizo desvela la historia de su boda con Alaska en Las Vegas

El cantante revela cómo Elvis Presley inspiró su ceremonia nupcial de 1999 y por qué eligió la mítica ciudad del juego para casarse con la mujer de su vida

Mario Vaquerizo, reconocido músico y personalidad televisiva, ha abierto su corazón para compartir los detalles más íntimos de una de las decisiones más importantes de su vida: su matrimonio con la icónica Alaska. En una reciente intervención en el programa especial de Cadena SER dedicado a Elvis Presley, Vaquerizo desveló las razones que le llevaron a celebrar su enlace nupcial en la mítica ciudad de Las Vegas durante el año 1999, una ceremonia que, lejos de ser un capricho, respondía a una profunda conexión personal con la cultura pop y el rock and roll.

La figura de Elvis Presley ha sido una constante en la trayectoria del líder de Nancys Rubias. No se trata simplemente de admiración musical, sino de una influencia que ha marcado su forma de entender el espectáculo, la estética y hasta el amor. Cuando llegó el momento de dar el "sí quiero" a la mujer que consideraba su compañera de vida, la elección del lugar no podía ser más simbólica. Las Vegas, la ciudad que vio a Elvis brillar en sus últimos días sobre el escenario, representaba para Vaquerizo un "sitio divino", un espacio donde la artificialidad y el glamour se conjugan para crear algo mágico y único.

La ceremonia, celebrada en el Hotel Excalibur, fue todo menos convencional. Mario Vaquerizo decidió romper con las tradiciones nupciales españolas y apostar por una experiencia que reflejara fielmente su personalidad. La decisión de disfrazarse de Elvis Presley no fue un mero capricho, sino una declaración de principios. "Cuando tú decides unirte de por vida con la chica que más te gusta y con la que crees que vas a pasar el resto de tu vida, cosa que a día de hoy sigue pasando en mi caso y en el de Alaska, pues eliges el sitio divino", explicó el artista con su característico sentido del humor.

El motivo detrás del disfraz tenía múltiples capas. Por un lado, Alaska sentía una gran admiración por el mítico intérprete de "Can't Help Falling in Love", y ver a su futuro marido caracterizado como su ídolo resultaba tremendamente atractivo para ella. Por otro, Vaquerizo veía en esta transformación una oportunidad de conectar con uno de sus referentes más importantes, emulando "salvando las distancias, a uno de los chicos más totales y a los que yo siempre he tenido como referencia". Esta dualidad entre homenaje y deseo personal convirtió la boda en un acto de amor genuino, pero también en un espectáculo íntimo y personal.

El contexto temporal resulta fundamental para entender la magia de aquel momento. A finales del siglo XX, Las Vegas era una ciudad diferente a la que conocemos hoy. Lejos de la estética ultra moderna y los complejos turísticos dirigidos a influencers y celebrities, la Las Vegas de 1999 conservaba un encanto más auténtico, más cercano a sus raíces de paraíso del juego y del espectáculo. Vaquerizo recuerda con nostalgia aquella época: "Los neones y las alfombras. Ibas pasando de un hotel a otro y lo sabías por el tipo de alfombra que se ponía". Estos detalles aparentemente menores conformaban una experiencia sensorial única que el artista echa de menos en la ciudad actual.

La transformación de Las Vegas en "una especie de paraíso de Kardashian", como describe irónicamente Vaquerizo, ha hecho que aquella ciudad de finales de los 90 adquiera un valor nostálgico incalculable para quienes la vivieron en su momento álgido. Para el cantante, hablar de Elvis, de Las Vegas y de esos "paraísos artificiales" no es algo ajeno a su mundo ni a su naturaleza. Al contrario, forma parte esencial de su identidad artística y personal. La artificialidad no es una crítica, sino una forma de vida, una estética que celebra lo exagerado, lo brillante y lo que trasciende lo cotidiano.

El nerviosismo previo a la ceremonia en el Hotel Excalibur forma parte de los recuerdos imborrables de Vaquerizo. Esos momentos de tensión, mezclados con la emoción de estar a punto de contraer matrimonio con la persona amada, se combinaron con la surrealidad del entorno. La ciudad del pecado, con sus excesos y su promesa de sueños cumplidos, resultaba el escenario perfecto para una pareja que ha construido su relación sobre la base de la autenticidad dentro de lo espectacular.

La influencia de Elvis Presley en la cultura popular española es indiscutible, pero en el caso de Mario Vaquerizo y Alaska, esta influencia trasciende lo meramente musical. Se convierte en un código compartido, un lenguaje secreto que define su relación. La decisión de casarse en Las Vegas, disfrazado de Elvis, no fue una boda temática al uso, sino una manifestación de cómo el pop culture puede moldear nuestras vidas más íntimas. Fue, en palabras del propio Vaquerizo, "una cuestión de buen gusto", una frase que resume su filosofía de vida: hacer las cosas con pasión, con estilo y sin complejos.

A lo largo de más de dos décadas de matrimonio, la relación entre Mario Vaquerizo y Alaska se ha convertido en uno de los ejemplos más sólidos del panorama del entretenimiento español. Su boda en Las Vegas no fue solo un evento puntual, sino la fundación de una vida en común construida sobre valores compartidos y una visión del mundo que celebra la diferencia. La ciudad de Nevada, con su promesa de reinventarse cada noche, les ofreció el escenario ideal para iniciar su propia transformación personal y artística como pareja.

El legado de aquella ceremonia persiste en la forma en que ambos artistas entienden su trabajo y su relación. La mezcla de humor, nostalgia y amor genuino que caracterizó su boda sigue presente en cada proyecto que emprenden juntos. Desde su participación en programas de televisión hasta sus colaboraciones musicales, la química entre Vaquerizo y Alaska refleja esa misma alquimia que encontraron en Las Vegas: la capacidad de convertir lo cotidiano en algo extraordinario, de encontrar la magia en lo artificial y de mantener viva la llama del rock and roll en cada aspecto de su vida.

La reflexión de Vaquerizo sobre su boda nos invita a reconsiderar el valor de las tradiciones personales frente a las convenciones sociales. En un mundo donde las bodas suelen seguir un guion preestablecido, la decisión de este matrimonio de celebrar su unión de forma tan particular demuestra que los momentos más significativos son aquellos que resuenan con nuestra identidad verdadera. No se trata de seguir tendencias, sino de crear experiencias que perduren en la memoria y que definan quiénes somos.

La figura de Elvis Presley como santo patrono de su matrimonio resulta particularmente poética. El rey del rock and roll, conocido por romper barreras y crear su propio camino, se convirtió en el espíritu guardián de una unión que ha sabido mantenerse fuerte en la turbulenta industria del entretenimiento. Para Mario Vaquerizo, aquella no fue solo una boda, fue una declaración de principios artísticos y personales que continúa vigente más de veinte años después.

Referencias