Sean Connery: La leyenda de Bond y la frase del Oscar que conmovió Hollywood

Hace 40 años, el icónico actor escocés sorprendió con una declaración sobre su estatuilla dorada por 'Los intocables de Eliot Ness'

Durante más de cincuenta años, Sean Connery permaneció como una de las figuras más carismáticas y respetadas del cine mundial. Su presencia en pantalla, marcada por una voz inconfundible y un magnetismo natural, le permitió construir una filmografía llena de personajes memorables que trascendieron generaciones. Aunque su trabajo abarcó múltiples géneros y colaboraciones con directores de renombre, su nombre quedará eternamente vinculado al agente secreto más famoso de la historia del cine.

El vínculo indisoluble con James Bond comenzó en 1962 con Agente 007 contra el Dr. No, película dirigida por Terence Young que estableció los cimientos de toda una franquicia. Connery no solo dio vida al personaje creado por Ian Fleming, sino que lo redefinió con una mezcla de sofisticación, rudeza y encanto que cautivó al público global. Durante la década siguiente, el actor escocés volvió a ponerse en la piel del agente británico en cinco ocasiones más, incluyendo joyas como Desde Rusia con amor, James Bond contra Goldfinger y Solo se vive dos veces. Cada entrega consolidó al personaje como un ícono cultural, aunque también generó cierta controversia por retratar a un héroe con rasgos mujeriegos y actitudes misóginas propias de su época.

Consciente del riesgo de quedar eternamente encasillado, Connery decidió abandonar el papel para explorar otros horizontes artísticos. Sin embargo, el personaje lo perseguiría durante años, lo que lo llevó aceptar un último compromiso con Nunca digas nunca jamás en 1983, una producción independiente que no forma parte del canon oficial de la saga, pero que demostró que, a sus 53 años, aún conservaba el carisma que lo hizo famoso.

El periodo posterior a su despedida inicial de Bond resultó extraordinariamente fructífero. Connery demostró su versatilidad trabajando bajo las órdenes de maestros del cine como Alfred Hitchcock en Marnie, la ladrona, donde interpretó a un hombre obsesionado con una mujer con problemas psicológicos. En 1974, formó parte del espléndido reparto coral de Asesinato en el Orient Express, adaptación de la novela de Agatha Christie dirigida por Sidney Lumet, donde compartió créditos con leyendas como Albert Finney, Lauren Bacall, Ingrid Bergman y Anthony Perkins. Dos años después, John Huston lo dirigió en El hombre que pudo reinar, una épica aventura basada en la obra de Rudyard Kipling que le permitió explorar la amistad y la lealtad en un contexto colonial.

La madurez artística de Connery alcanzó su cénit durante los años ochenta y noventa con una serie de interpretaciones que reafirmaron su estatus como actor de primera línea. En El nombre de la rosa (1986), bajo la dirección de Jean-Jacques Annaud, encarnó a Fray Guillermo de Baskerville, un monje franciscano con dotes de detective que investiga una serie de muertes misteriosas en una abadía medieval. Este papel le valió elogios unánimes y demostró su capacidad para liderar un drama histórico con profundidad intelectual.

Su colaboración con Steven Spielberg en Indiana Jones y la última cruzada (1989) resultó memorable. Como Henry Jones Sr., el padre del arqueólogo, Connery aportó calidez, humor y una química excepcional con Harrison Ford, convirtiéndose en uno de los elementos más queridos de toda la trilogía original. La escena donde ambos personajes discuten sobre el nombre de «Arturo» mientras huyen de los nazis se convirtió en un momento icónico del cine de aventuras.

En 1996, Michael Bay lo dirigió en La roca, donde interpretó a John Mason, un ex agente del servicio secreto británico encarcelado en Alcatraz por espionaje. El personaje, supuestamente el único hombre capaz de escapar de la famosa prisión, le permitió combinar acción, ironía y experiencia en un thriller que se convirtió en un éxito de taquilla.

Tras décadas de excelencia interpretativa, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas finalmente reconoció su talento con un Oscar al Mejor Actor de Reparto por su interpretación del sargento de policía irlandés Jimmy Malone en Los intocables de Eliot Ness (1987). A sus 57 años, Connery recibió la estatuilla dorada que certificaba una trayectoria impecable. Sin embargo, la noticia que generó más impacto no fue tanto el premio en sí, sino una declaración que hizo en una entrevista donde confesó: «Iba a darle el Oscar a mi mujer, pero está valorado en 15.000 dólares y ahora ya no estoy tan seguro de querer hacerlo». Esta frase, dicha hace cuatro décadas, reflejó el humor característico del actor y su pragmatismo, generando sonrisas y controversias por igual en la industria.

La carrera de Sean Connery representa un arco completo de evolución artística. Desde su explosiva irrupción como el espía más famoso del mundo hasta su consolidación como un actor dramático de prestigio, demostró una capacidad única para reinventarse sin perder la esencia que le hizo especial. Sus personajes, ya sea en thrillers históricos, aventuras épicas o dramas policíacos, compartían una autoridad natural y una inteligencia que trascendía el guion. El legado de Connery no se mide solo en taquilla o premios, sino en la permanencia de sus interpretaciones en la memoria colectiva del cine, donde cada generación descubre nuevas razones para admirar al escocés que conquistó Hollywood sin perder su identidad.

Referencias