La actuación de Felipe Orts en la Copa del Mundo de Benidorm no ha pasado desapercibida para los amantes del ciclocross. El ciclista español ha deslumbrado con una performance que refleja una madurez competitiva innegable. Sin embargo, más allá del resultado inmediato, lo que realmente está captando la atención del mundo del ciclismo es la revolución en su método de preparación, una decisión conjunta con su entrenador Jordi Reñé que está redefiniendo su carrera.
Durante la temporada 2024-2025, Orts puso todo su foco en el Campeonato de Europa de Pontevedra. El circuito gallego le favorecía por sus características técnicas y, además, competir en territorio nacional añadía una motivación extra. La apuesta resultó exitosa: una medalla de plata que ya forma parte de los anales del ciclismo español. Pero esta consecución tuvo un precio: un desgaste acumulado que se hizo evidente en las semanas posteriores.
El propio corredor de La Vila Joiosa reconoció los síntomas de agotamiento. Las temporadas previas mostraban un patrón preocupante: cuando llegaba el tramo decisivo del calendario, tanto su cuerpo como su mente pedían tregua. La exigencia de la fase navideña, con competiciones casi diarias, dejaba una huella imposible de ignorar. Incluso la semana anterior a la cita de Benidorm del año pasado, admitía encontrar dificultades para afrontar los entrenamientos con la intensidad requerida.
Este año, la historia es diferente. La nueva filosofía de trabajo se basa en la premisa de que menos puede ser más. Orts ha reducido significativamente el volumen de kilómetros en la fase inicial de la temporada e incluso se ha permitido un descanso activo de dos semanas justo antes de las fiestas. El objetivo es claro: llegar a enero y febrero con hambre de competición, tanto física como mentalmente.
La estrategia no es improvisada. Los números hablan por sí solos: Felipe Orts ha subido al podio de la Copa del Mundo en tres ocasiones a lo largo de su trayectoria. Sin embargo, su mejor registro en el Campeonato del Mundo se queda en un décimo puesto. Esta discrepancia entre su rendimiento en la Copa del Mundo y el Mundial es el indicador que le llevó a replantearse todo. La sensación de llegar justo de energías a principios de febrero se había convertido en una constante que necesitaba romperse, especialmente cuando el Mundial de 2026 se presenta en un circuito que encaja a la perfección con sus cualidades.
Los resultados de esta apuesta arriesgada ya son palpables. En las últimas ocho competiciones, su peor resultado ha sido un octavo puesto, demostrando una regularidad envidiable. Además, ha conquistado su octavo título nacional consecutivo, un dominio absoluto del ciclocross español que refuerza su estatus. Pero quizás lo más significativo son los podios logrados en pruebas de máximo nivel.
En la mítica prueba de Mol, bajo un manto de nieve, Orts compartió podio con nada menos que Mathieu van der Poel y Toon Aerts. Repetir la gesta en Benidorm, esta vez con el sol como testigo y con van der Poel y el joven Niels Vandeputte, confirma que el nivel alcanzado le permite codearse con los gigantes de la especialidad.
La clave está en la gestión energética a largo plazo. El ciclocross es una disciplina brutalmente exigente que combina resistencia, técnica y explosividad. La temporada se extiende durante meses, con picos de forma que deben coincidir con las citas más importantes. Orts y Reñé han entendido que la acumulación de competiciones sin un propósito claro solo genera fatiga crónica.
El Mundial de ciclocross 2026 representa la oportunidad de oro. El circuito, aún por confirmar oficialmente, promete características técnicas que benefician al estilo de Orts. La experiencia acumulada, sumada a esta nueva gestión de la carga de trabajo, podría ser la combinación perfecta para lograr el salto de calidad que necesita el ciclocross español.
La comunidad del ciclismo observa con atención este experimento. Si los resultados continúan siendo positivos, podría sentar un precedente para otros corredores que sufren el mismo problema de desgaste. La tendencia tradicional de acumular el máximo número de carreras para ganar experiencia y puntos UCI está siendo cuestionada por un enfoque más quirúrgico y selectivo.
Felipe Orts no solo está corriendo contra sus rivales; está reescribiendo las reglas de su propio rendimiento. La medalla de plata en Pontevedra fue el colofón de una era, pero el podio en Benidorm podría marcar el inicio de una nueva etapa. Una etapa donde la inteligencia competitiva prima sobre la mera acumulación de esfuerzo.
El reto ahora es mantener esta línea ascendente hasta el Mundial. La regularidad demostrada en estas ocho últimas carreras es la base, pero el gran objetivo requiere un plus de inspiración. Con Van der Poel, Aerts, Vandeputte y otros especialistas en forma, el nivel será extremo. Pero por primera vez en años, Orts llegará con la confianza de haber gestionado perfectamente su preparación.
La madurez deportiva se mide no solo por los resultados, sino por la capacidad de autocrítica y adaptación. Reconocer que la estrategia anterior tenía un límite y atreverse a cambiarla mid-season demuestra un nivel de profesionalismo que pocos atletas alcanzan. El apoyo de Jordi Reñé ha sido fundamental para implementar este cambio sin perder la competitividad.
En el horizonte, el sueño de un top-5 en el Mundial, o incluso un podio, ya no parece una utopía. La gestión del cansancio mental es tan importante como la física. La motivación que muestra Orts en cada entrenamiento y carrera es el mejor termómetro de que el cambio está funcionando. Esa frescura competitiva que tanto valora es el activo más preciado de cara a las semanas decisivas.
El ciclocross español tiene en Felipe Orts a su mejor embajador. Cada pedalada no solo busca un resultado personal, sino que abre puertas para las generaciones futuras. Demostrar que un español puede luchar de tú a tú con los belgas y neerlandeses, dominadores históricos de la disciplina, es una motivación extra que empuja cada día.
La estrategia de carga y descarga implementada este año podría ser el modelo a seguir. En lugar de buscar el pico de forma en noviembre-diciembre, se ha retrasado para febrero-marzo. Esto implica sacrificar resultados potenciales en las primeras carreras, pero maximiza las opciones cuando realmente importa.
Los datos son contundentes: tres podios en Copa del Mundo, pero un décimo puesto como mejor resultado mundialista. Esa brecha debe cerrarse. Y la única forma es llegando al 100% de sus capacidades. No al 90% o al 95%, sino al máximo. Ese es el objetivo de la nueva planificación.
El calendario de competiciones ha sido selectivo. No se trata de correr más, sino de correr mejor. Cada carrera tiene un propósito específico en el plan de entrenamiento. Algunas son para ganar ritmo, otras para testar la forma, y las más importantes para pelear por la victoria.
La comunidad técnica del ciclismo valora este enfoque. Demasiados corredores se queman por no saber decir que no a ciertas competiciones. La presión de los patrocinadores, la acumulación de puntos UCI y la necesidad de visibilidad a menudo llevan a una sobrecarga competitiva. Orts está demostrando que es posible mantener el nivel sin caer en esa trampa.
El factor psicológico es crucial. La sensación de estar fresco, de disfrutar entrenando, de llegar a cada cita con ilusión, se traduce en décimas de segundo que marcan la diferencia entre el top-10 y el podio. Esas décimas son las que separan a los buenos de los grandes.
El Mundial de 2026 se avecina como la cita definitiva. Con 29 años, Orts está en su mejor momento físico y técnico. La experiencia acumulada en los últimos años, combinada con esta nueva gestión, podría ser la receta del éxito. El circuito, se rumorea, tendrá zonas técnicas donde su habilidad sobre la bici será decisiva.
Mientras tanto, la temporada continúa. Cada carrera es un test, una oportunidad para afinar detalles. La regularidad mostrada (top-8 en ocho carreras seguidas) es la base de la confianza. Pero el verdadero examen llegará en febrero de 2026. Allí, no habrá excusas. Solo resultados.
La lección para el deporte español es clara: a veces, para avanzar hay que saber dar un paso atrás. La planificación inteligente, la escucha del cuerpo y la valentía para romper esquemas son cualidades que definen a los campeones. Felipe Orts las tiene todas.