La euforia desbordó los límites del Reale Arena este miércoles cuando el silbato final confirmó la clasificación de la Real Sociedad para la gran final de la Copa del Rey Mapfre. Tras superar al Athletic Club en una intensa eliminatoria, los jugadores txuri-urdin ya tienen en el horizonte el próximo 18 de abril, fecha en la que disputarán el título en el estadio de La Cartuja de Sevilla. Entre los más entusiasmados se encontraba Jon Martín, central de la escuadra donostiarra, quien no dudó en dedicar el triunfo a una afición que, según sus palabras, se ha ganado a pulso este momento de gloria.
En declaraciones concedidas a Teledeporte tras el encuentro, Martín analizó con sobriedad pero con evidente ilusión lo que significa este hito para el club. "Allí ya hicimos un gran partido y nos vinimos con un gol de Bilbao", recordaba el defensa en referencia al duelo de ida disputado en San Mamés, donde la Real logró una valiosa ventaja que sabría administrar con maestría en la vuelta. Esa capacidad para manejar la presión en un escenario tan hostil como el de los leones ha sido, precisamente, una de las claves del éxito del conjunto de Imanol Alguacil.
La estrategia de la Real Sociedad en el partido de vuelta fue un ejercicio de madurez táctica. "Traíamos una pequeña ventaja de Bilbao pero veníamos a ganar hoy", insistió Martín, dejando claro que el equipo nunca contempló especular con el resultado adquirido. Esa mentalidad ganadora, tan característica de la filosofía del club, se tradujo en un dominio territorial y un control del balón que frustró las aspiraciones de remontada del Athletic. No obstante, el central reconoció que el camino no estuvo exento de dificultades: "Con esa ventaja, intentamos manejar los tiempos, pero al final ese penalti nos ha venido muy bien", admitió, aludiendo al lanzamiento desde los once metros que certificó el pase y desatascó un marcador que se resistía a reflejar la superioridad realista.
El momento del penalti representó un punto de inflexión emocional en el seno del estadio. La tensión acumulada durante minutos de incertidumbre encontró una válvula de escape que desató la celebración colectiva. Para Martín, ese golpe de fortuna no fue mera casualidad, sino la recompensa a la insistencia y al acierto en la toma de decisiones en los momentos críticos. La experiencia acumulada en competiciones europeas y en LaLiga Santander ha forjado en este grupo de jugadores una capacidad de reacción que trasciende lo puramente futbolístico.
Sin embargo, más allá de las cuestiones tácticas y técnicas, lo que realmente conmovió al defensa fue el comportamiento de la parroquia txuri-urdin. "La afición se lo merece pues nos dio un recibimiento espectacular", aseguró con genuino agradecimiento. Las imágenes previas al encuentro mostraban a miles de seguidores agolpados en los accesos al estadio, creando una atmósfera de verdadero fervor deportivo que traspasó los muros del Reale Arena. Esa conexión emocional entre vestuario y grada se ha convertido en el activo intangible más valioso de esta Real Sociedad, capaz de transformar el empuje de sus seguidores en energía positiva sobre el césped.
La ilusión colectiva ya tiene un destino claro: Sevilla. "La gente tiene muchas ganas de ir a Sevilla y ver una final con público", manifestó Martín, poniendo de manifiesto el anhelo de una hinchada que ha esperado pacientemente por una nueva oportunidad de gloria en la competición del KO. La última final de Copa que disputó la Real data de 2020, aquella derrota ante el Athletic en una edición atípica marcada por la pandemia y las gradas vacías. Ahora, la perspectiva de vivir una jornada de fiesta con el estadio lleno convierte la cita del 18 de abril en un objetivo de dimensiones casi épicas para el sentimiento popular donostiarra.
La elección de La Cartuja como sede no es arbitraria. El estadio sevillano, con capacidad para más de 57.000 espectadores, se ha consolidado como el escenario natural de las grandes citas del fútbol español. Para la Real Sociedad, que busca su tercer título de Copa del Rey en la historia -el último en 1987-, el escenario andaluz representa una oportunidad de redimirse de las frustraciones recientes y de sellar una era dorada que ya ha conquistado la comunidad internacional con su proyecto de cantera y fútbol atractivo.
No obstante, la inmediatez del calendario no permite excesos de euforia. Este mismo sábado, la Real Sociedad visita el Cívitas Metropolitano para medirse al Atlético de Madrid en un compromiso liguero de máxima exigencia. Ante la tentación de calificar este duelo como una "final anticipada", Martín mostró la prudencia que caracteriza al vestuario: "Hay que ir paso a paso", sentenció, conscientes de que la Liga continúa siendo una prioridad para asegurar la presencia en competiciones europeas la próxima temporada.
Esa capacidad de focalizarse en el presente mientras se vislumbra un futuro prometedor define la madurez de este grupo. La gestión emocional será crucial en las próximas semanas para evitar que la ilusión copera reste intensidad a los compromisos domésticos. El propio Alguacil ha inculcado en sus jugadores la necesidad de "vivir el día a día", una máxima que ha permeado en el ADN competitivo del equipo.
El perfil de Jon Martín como referente defensivo cobra especial relevancia en este contexto. Su liderazgo en la zaga, combinado con la veteranía de jugadores como Igor Zubeldia y la frescura de las jóvenes promesas, ha configurado una línea de contención sólida y equilibrada. La confianza que deposita el cuerpo técnico en sus capacidades se refleja en los minutos disputados y en la responsabilidad que asume en las declaraciones públicas, convirtiéndolo en un portavoz natural de las aspiraciones colectivas.
La progresión de la Real Sociedad en esta Copa del Rey ha estado marcada por momentos de calidad indiscutible. Desde la eliminatoria inicial contra el Osasuna, donde ya dejaron patentes sus intenciones, hasta esta semifinal ante el Athletic, el equipo ha demostrado una solidez defensiva envidiable y un ataque capaz de generar peligro desde múltiples variantes. La contundencia en los partidos decisivos se ha convertido en una seña de identidad que contrasta con la irregularidad que, en ocasiones, ha lastrado su rendimiento liguero.
La afición, por su parte, ya trabaja en la logística para desplazarse masivamente a Sevilla. Las peñas realistas han activado los protocolos de viaje y las redes sociales se inundan de mensajes de ilusión y esperanza. Ese fervor popular, gestionado adecuadamente, puede convertirse en la mejor arma del equipo el 18 de abril. La experiencia de la final de la Copa de la Reina, donde la Real también tuvo una masiva representación de seguidores, sirve como precedente de la capacidad de movilización de la parroquia donostiarra.
En el plano institucional, la directiva ya trabaja en los detalles organizativos para asegurar que la experiencia de la final sea memorable. La distribución de entradas, la coordinación con las autoridades sevillanas y la preparación de eventos paralelos forman parte de una maquinaria que se pone en marcha con la ilusión como principal combustible. El presidente Jokin Aperribay, visiblemente emocionado al término del partido, ya anunció que la prioridad será que la afición disfrute de una jornada histórica.
Para Jon Martín y sus compañeros, el reto inmediato es mantener los pies en la tierra. La victoria ante el Athletic es ya historia, y la final de Copa un horizonte lejano en términos competitivos. El foco debe estar puesto en el Metropolitano, donde un triunfo reforzaría la moral para la recta final de la temporada. La capacidad de alternar objetivos sin perder intensidad será la prueba de fuego de un equipo que aspira a dejar huella en la historia reciente del club.
La temporada 2025-2026 está llamada a ser inolvidable para la Real Sociedad. Con la final de Copa en el bolsillo, la posibilidad de certificar su presencia en la próxima Champions League y el crecimiento continuado de su cantera, el proyecto txuri-urdin se presenta más sólido que nunca. Las palabras de Jon Martín reflejan no solo la ilusión de un vestuario, sino la de toda una ciudad que vibra al unísono con los colores de su equipo. Sevilla espera, pero antes, el Metropolitano. Paso a paso, como bien dice el central, hacia la gloria.