El partido entre Mallorca y Athletic Club del pasado 17 de enero en el estadio de Son Moix no solo dejó un marcador adverso para los bilbaínos, sino que también generó una intensa controversia arbitral que continúa dando que hablar. Las expulsiones de Gorka Guruzeta e Iñigo Lekue en los minutos 70 y 71 respectivamente han desatado un debate sobre la interpretación de las normas y la coherencia en la aplicación de las sanciones.
El encuentro, que finalizó con una victoria local por 3-2, se vio marcado por una jugada clave en el segundo tiempo. Durante una revisión del VAR por una posible mano de Yuri Berchiche dentro del área, el colegiado José Luis Guzmán señaló penal y, casi simultáneamente, mostró la segunda cartulina amarilla a Guruzeta, dejando al Athletic con diez hombres en un momento crítico del choque.
Según consta en el acta arbitral oficial, el delantero rojiblanco fue sancionado por "hacer observaciones de orden técnico en disconformidad con una de mis decisiones", acercándose al árbitro "a escasos metros" y pronunciando una frase que ha resultado especialmente polémica: "Esta es para compensar la jugada de Elche". Esta declaración, según el colegiado, justificó su amonestación y posterior expulsión.
Sin embargo, la versión oficial contrasta radicalmente con el relato ofrecido por los propios jugadores del Athletic en la zona mixta. Unai Simón, guardameta titular del equipo, ofreció una perspectiva completamente diferente de los hechos. "La de Guruzeta es una conversación que tiene con Yuri. El árbitro está al lado, sí, pero Guruzeta le dice 'es la misma que en Elche'", explicó el portero, dejando claro que el comentario no iba dirigido al colegiado, sino a su compañero de equipo.
Esta discrepancia en las interpretaciones ha generado un profundo malestar en el seno del club bilbaínos. Simón insistió en que "el comentario no iba dirigido al árbitro" y que, a pesar de ello, el colegiado decidió mostrar la segunda amarilla. La referencia a Elche no es casual: los jugadores aludían a una jugada previa en la que este mismo árbitro no había expulsado a Daniel Vivian por una acción similar en el centro del campo con André Silva, limitándose a señalar falta al central.
La polémica no terminó ahí. Minutos después, Iñigo Lekue, que se encontraba en el banquillo, fue expulsado con tarjeta roja directa. El acta arbitral detalla que el defensa protestó "de manera airada y enérgica, con los brazos en alto y a viva voz, saliendo del banquillo una decisión mía", acción que fue advertida a instancias del cuarto árbitro.
Unai Simón también cuestionó esta segunda expulsión. "El cuarto árbitro le dice a José Luis (el árbitro) que saque una tarjeta al banquillo para que se calme el tema… y saca una tarjeta roja directamente", relató el guardameta, mostrando su perplejidad por la dureza de la sanción. El portero defendió a su compañero: "Confío en lo que me ha dicho Lekue. Lo conozco y no tiene ese perfil de jugador de insultar u ofender".
El contexto de estas expulsiones resulta fundamental para entender la frustración del vestuario rojiblanco. El partido se encontraba en un momento de máxima tensión, con el VAR revisando una jugada que podría decantar el resultado. La decisión de señalar penal por mano de Berchiche ya había generado protestas, y las tarjetas mostradas a continuación agravaron la situación.
El uso del VAR ha sido objeto de debate recurrente en el fútbol español, y este caso vuelve a poner sobre la mesa la interpretación de las normas y la transparencia en la comunicación entre árbitros y jugadores. La tecnología, diseñada para reducir los errores, a veces genera nuevas controversias por el tiempo de revisión y la presión que ejerce sobre los protagonistas.
Desde el Athletic Club, las sensaciones son de injusticia y falta de criterio coherente. La comparación con la jugada de Elche, donde el mismo árbitro actuó de forma diferente en circunstancias similares, ha alimentado el sentimiento de que las decisiones fueron arbitrarias. Los jugadores insisten en que sus protestas no fueron dirigidas de manera despectiva al colegiado, sino que fueron expresiones de frustración en el calor del momento.
La figura del cuarto árbitro también ha sido cuestionada. Según la versión de Simón, su recomendación de mostrar una tarjeta para calmar los ánimos se tradujo en una roja directa, lo que sugiere una posible desproporción en la respuesta. Este papel intermedio, a menudo invisible para el espectador, cobra relevancia en situaciones de conflicto.
El impacto de estas expulsiones trasciende el resultado del partido. Guruzeta, uno de los delanteros más en forma del equipo, se perderá el próximo compromiso liguero, mientras que Lekue, aunque su papel sea secundario, representa una pérdida de efectivos en la defensa. Las sanciones podrían ampliarse si la competición considera que las protestas fueron especialmente graves.
El debate sobre la comunicación entre árbitros y futbolistas vuelve a estar en el centro del debate. Mientras los colegiados demandan respeto incondicional a sus decisiones, los jugadores reclaman poder expresar su desacuerdo sin ser sancionados de forma drástica. El límite entre la protesta legítima y la falta de respeto parece difuso y, a menudo, depende de la interpretación subjetiva del árbitro.
La coherencia arbitral es otro de los puntos calientes. Si el mismo colegiado actúa de manera diferente en situaciones similares, como sugieren los jugadores del Athletic, se erosiona la confianza en el sistema. La referencia explícita a la jugada de Elche no es una excusa, sino un argumento basado en precedentes recientes.
Este incidente se suma a una larga lista de polémicas arbitrales en LaLiga, donde la presión mediática y la intensidad de los encuentros a menudo generan situaciones límite. La necesidad de transparencia en los criterios sancionadores es cada vez más evidente para mantener la credibilidad del arbitraje.
El Athletic Club deberá ahora centrarse en la siguiente jornada sin dos de sus efectivos, pero la sensación de haber sido perjudicado perdurará. El vestuario, unido como siempre, ha cerrado filas en torno a sus compañeros sancionados, cuestionando públicamente las versiones oficiales y demandando mayor equidad en la aplicación de las normas.
El tiempo dirá si estas expulsiones generan algún tipo de repercusión disciplinaria adicional o si sirven para abrir un debate más profundo sobre la formación arbitral y la gestión del conflicto en el terreno de juego. Mientras tanto, el fútbol español sigue dividido entre quienes defienden la autoridad inapelable del árbitro y quienes reclaman un sistema más justo y transparente para todos los implicados.