El Nápoles volvió a la senda del triunfo en el estadio Diego Armando Maradona después de una racha de tres empates consecutivos que habían generado cierta inquietud entre la afición partenopea. La victoria por 1-0 ante el Sassuolo, con un tempranero gol de Stanislav Lobotka, permite al conjunto de Antonio Conte mantenerse en la pelea por los puestos de privilegio de la Serie A, a la espera del duelo decisivo de Champions League ante el Copenhague.
La presión era evidente para los locales. Tras cosechar tres igualadas seguidas, el Nápoles necesitaba imperiosamente los tres puntos para no distanciarse del Inter y el Milan en la clasificación. No obstante, el técnico italiano se vio obligado a realizar rotaciones en su once inicial debido al exigente calendario. El martes próximo, el equipo azzurro disputará un compromiso vital en la competición europea en tierras danesas, lo que justificaba cierto ahorro físico.
Las novedades en la alineación demostraron ser acertadas desde el pitido inicial. El joven Vergara, que tuvo su oportunidad como titular, mostró una actitud proactiva que sorprendió a la defensa visitante. En el minuto 2, una jugada individual del extremo acabó con un taconazo que generó un córner peligroso. Giovanni Di Lorenzo, el capitán, estuvo a punto de inaugurar el marcador con un remate de cabeza en el primer palo que se marchó ligeramente desviado por falta de precisión.
El dominio local se convirtió en gol prematuramente. Al séptimo minuto, tras una internada de Elmas que fue repelida por el portero Muric, la pelota llegó a las botas de Spinazzola. El lateral izquierdo, uno de los hombres más activos del encuentro, asistió a Lobotka, quien con un disparo raso y colocado batió la portería rival. El tanto del centrocampista eslovaco resultó fundamental para la tranquilidad de un equipo que llegaba con la necesidad de romper su mala racha.
El Sassuolo, lejos de desanimarse, reaccionó con valentía. Al décimo minuto, Andrea Pinamonti tuvo una clara ocasión para empatar, pero la intervención de Milinkovic-Savic evitó el golpe del empate. El portero serbio se convirtió en una de las figuras del choque, demostrando una seguridad que transmitió confianza a toda la defensa.
El ritmo del encuentro decayó tras el cuarto de hora inicial, con un Nápoles que gestionaba la posesión y un Sassuolo que intentaba encontrar espacios para el contragolpe. No fue hasta el minuto 34 cuando la acción volvió a cobrar intensidad. Una jugada por la banda izquierda con Spinazzola y Vergara no fructificó por falta de entendimiento, y el conjunto visitante aprovechó para generar peligro. Aster Vranckx cabeceó con peligro un centro desde la derecha, obligando a Milinkovic-Savic a volver a lucirse bajo palos.
Las acciones a balón parado se convirtieron en una constante. Tanto Doig para el Sassuolo como McTominay para el Nápoles intentaron sorprender desde la distancia con lanzamientos directos, pero ninguno logró batir a los guardametas. Con el 1-0 en el marcador, ambos equipos se marcharon al descanso con sensaciones encontradas: los locales satisfechos con la ventaja, pero conscientes de la necesidad de sentenciar; los visitantes animados por las ocasiones generadas.
La reanudación trajo consigo una ocasión clamorosa para el conjunto de Bolonia. Lipani, que había entrado con intensidad, se anticipó a Elmas en el área napolitana tras un error en la salida de balón. Su disparo cruzado parecía destinado al fondo de la red, pero la estirada de Milinkovic-Savic evitó el tanto del empate. La parada del serbio resultó decisiva para mantener la ventaja en un momento crítico del encuentro.
A partir de ese instante, el Nápoles demostró su madurez táctica. Conte ordenó a sus jugadores que mantuvieran la estructura defensiva, reduciendo espacios y forzando al Sassuolo a jugar en zonas periféricas. El equipo visitante intentó imponer su ritmo y maximizar la posesión, pero careció de profundidad para crear ocasiones claras. El encuentro entró en una fase de escaso fútbol, con ambos conjuntos mostrando señales de fatiga acumulada.
La ansiedad de los últimos minutos reavivó el espectáculo. En el 70', Pinamonti volvió a probar fortuna con un cabezazo que Buongiorno desvió in extremis. La respuesta napolitana no se hizo esperar: McTominay aprovechó un error de salida de Muric para disparar desde la frontal, pero su intento se marchó alto cuando ya cantaba el gol.
El final del partido se convirtió en un suplicio para los locales. Polítano, que había entrado desde el banquillo, sintió molestias físicas que obligaron al cuerpo médico a intervenir. La incertidumbre sobre su estado añadió tensión a una recta final en la que el Sassuolo arriesgó con más efectivos ofensivos.
En el minuto 88, el Nápoles tuvo la ocasión definitiva para sentenciar. Spinazzola, intratable por su banda, protagonizó un contraataque fulgurante que dejó a Lobotka solo ante el portero. Sin embargo, Muric salió a tiempo y evitó el segundo tanto que habría dado la tranquilidad definitiva.
Los compases finales fueron una prueba de resistencia para el conjunto de Conte. La defensa, liderada por Buongiorno y Di Lorenzo, resistió los embates visitantes con orden y sacrificio. El pitido final supuso un alivio colectivo y el regreso a la victoria después de tres jornadas sin conocer el triunfo.
El triunfo resulta fundamental por múltiples motivos. En lo anímico, rompe con la racha de tres empates consecutivos que había generado dudas sobre el potencial del equipo. En lo deportivo, permite mantenerse a tiro de piedra de los líderes en una Serie A que se presenta tremendamente igualada. Y en lo físico, permite afrontar el desplazamiento a Copenhague con la moral reforzada y algunos jugadores descansados.
La figura de Milinkovic-Savic merece un capítulo aparte. El portero serbio realizó tres intervenciones de mérito que, de no haber sido efectivas, hubieran cambiado el signo del encuentro. Su seguridad bajo palos se ha convertido en un pilar fundamental para las aspiraciones del Nápoles en todas las competiciones.
Por su parte, Lobotka demostró una vez más su importancia en el centro del campo. No solo por su gol, sino por la capacidad de robar balones, distribuir el juego y dar equilibrio al equipo. Su compatibilidad con McTominay en la medular está siendo una de las claves del proyecto de Conte.
El técnico italiano puede estar satisfecho con la gestión del partido. Las rotaciones funcionaron, el equipo mantuvo la concentración durante los 90 minutos y, aunque sufrió en los instantes finales, logró el objetivo prioritario. La plantilla demostró tener recursos suficientes para afrontar los retos en múltiples frentes.
El Sassuolo, pese a la derrota, dejó buenas sensaciones. El equipo de Bolonia planteó un fútbol valiente, creó ocasiones de gol y no se amilanó en ningún momento ante uno de los grandes de la liga. Pinamonti y Vranckx fueron los más activos en ataque, mientras que la defensa, salvo el error en el gol, mostró solidez.
La próxima cita para el Nápoles es el martes en Copenhague. La Champions League espera y el equipo necesita un buen resultado para asegurar su clasificación a los octavos de final. La victoria ante el Sassuolo llega en el momento perfecto para viajar a Dinamarca con la confianza renovada.
En definitiva, el Nápoles demostró que sabe sufrir y ganar cuando las circunstancias lo requieren. La victoria por la mínima refleja la igualdad de la competición, pero también la efectividad de un equipo que tiene claro su objetivo. La senda del triunfo vuelve a brillar en el sur de Italia.