El Rally Dakar 2026 ha dejado momentos inolvidables, pero ninguno tan emocionante como el vivido por Nani Roma en la penúltima etapa. El piloto de Folgueroles, una leyenda viviente del rally raid, vivió una jornada límite que puso en riesgo todo lo conquistado durante días de competición. A tan solo 500 metros de la línea de meta, su Ford Raptor sufrió una avería que casi le costó el podio. Sin embargo, el espíritu de solidaridad que caracteriza a este deporte apareció de la mano de Laia Sanz, quien se convirtió en su salvadora inesperada.
La jornada transcurría con normalidad para el equipo de Roma, que mantenía una cómoda segunda posición en la general, a poco más de ocho minutos del líder Nasser Al-Attiyah. Tras años de experiencia en el desierto africano y sudamericano, el catalán parecía encaminado hacia un nuevo podio que reafirmaría su estatus como uno de los grandes del Dakar. Pero el destino tenía preparada una prueba de fuego que pondría a prueba no solo su habilidad mecánica, sino también la capacidad de superación que le ha definido toda su carrera.
A escasos metros del final de la especial, el Ford de Roma perdió una rueda de forma inesperada. La situación era crítica: sin la posibilidad de repararla por sus propios medios y con el tiempo corriendo en su contra, cada segundo perdido representaba un peligro real para su posición en la clasificación. Los compañeros de marca Guthrie, Dumas y Prokop acudieron en su ayuda para intentar solucionar el problema mecánico, pero las complicaciones no terminaron ahí.
Durante el enlace hacia el campamento, el vehículo se quedó sin combustible, una situación que podría haber sido el golpe final a sus aspiraciones. Con el reloj en su contra y la amenaza de una penalización que le arrebatara el podio, Roma se vio obligado a buscar una solución desesperada. Fue entonces cuando Laia Sanz, que competía con su Ebro, apareció en el momento justo para ofrecer su ayuda.
La piloto catalana, que ya había demostrado su valía en múltiples ediciones del Dakar, no dudó en detener su carrera para auxiliar a un compañero en apuros. Con su vehículo, Sanz remolcó a Roma durante los kilómetros finales hasta el campamento, en una carrera contrarreloj que mantenía en vilo a todo el equipo español. La tensión era máxima: la organización había establecido un límite estricto de llegada a las 16:47 horas locales (14:47 en España), y cada minuto de retraso supondría una penalización equivalente.
La escena fue de película. Con el sol del desierto como testigo, Sanz tiró del Ford averiado de Roma, sorteando las dunas y los últimos kilómetros del enlace. La llegada al campamento fue por los pelos: 16:47 y 30 segundos. Justo a tiempo para evitar la penalización que le habría costado el podio. El alivio en el rostro de Roma y su equipo fue evidente, pero también la emoción de Sanz, que con este gesto demostró que el Dakar no es solo una competición, sino una hermandad sobre ruedas.
El incidente le costó a Roma únicamente un minuto de penalización, insuficiente para poner en peligro su segunda posición en la general. Por delante, Al-Attiyah mantenía el liderato virtual a falta de una etapa, mientras que por detrás, sus perseguidores directos -Mattias Ekström, compañero en Ford, y Sébastien Loeb, piloto de la marca rival- no pudieron aprovechar el contratiempo gracias a la rápida intervención de Sanz.
Para Laia Sanz, esta ayuda no le impidió completar una gran actuación en la etapa, consolidando su top-20 en la general y demostrando una vez más por qué es una de las referentes del motorsport español. Su gesto de solidaridad ha sido aplaudido por toda la comunidad del Dakar, recordando que más allá de las rivalidades y la competencia, existe un código de honor entre pilotos que se activa en los momentos más difíciles.
Nani Roma, que ya había conquistado el Dakar en motos y coches, regresaba así a un podio que significaba mucho más que un simple trofeo. Representaba la resiliencia de un veterano que ha superado enfermedades, ha ayudado a su hijo Marc a introducirse en el mundo del rally, y que sigue demostrando día a día su pasión por este deporte. La imagen de su coche remolcado por el de Sanz se ha convertido en uno de los momentos más emotivos de esta edición 2026.
El Dakar siempre ha sido una prueba de resistencia, estrategia y coraje, pero también de humanidad. En un mundo donde la competitividad suele primar por encima de todo, gestos como el de Laia Sanz recuerdan que los valores del deporte siguen vivos. La solidaridad, el compañerismo y la capacidad de sacrificar tu propia carrera por ayudar a otro son cualidades que trascienden cualquier clasificación.
Para el equipo de Nani Roma, esta etapa será recordada como "el milagro de Yanbu", una historia que se contará en las próximas ediciones del rally. Y para Laia Sanz, su nombre quedará grabado no solo por su rendimiento deportivo, sino por haber sido el ángel de la guarda de una leyenda del Dakar. El podio final reflejará posiciones y tiempos, pero en los corazones de los aficionados, el verdadero ganador del espíritu del Dakar 2026 será la solidaridad sobre el desierto.
La próxima etapa, la definitiva, será un mero trámite para Roma, que podrá disfrutar de su segunda posición sabiendo que ha merecido cada kilómetro, cada superación y cada ayuda recibida. El Dakar vuelve a demostrar que no siempre gana el más rápido, sino aquel que sabe luchar hasta el final y rodearse de los mejores compañeros de viaje.