El Juvenil A del RCD Espanyol puso fin a su trayectoria en la Copa del Rey Juvenil tras una batalla memorable contra el CD Leganés que se resolvió en la prórroga con un marcador final de 2-4. El encuentro, celebrado en las instalaciones de la Ciudad Deportiva Dani Jarque, dejó a los aficionados pericos con un sabor agridulce tras presenciar una actitud combativa y ofensiva de su equipo que, pese a la eliminación, demostró la calidad del proyecto formativo del club.
Desde el pitido inicial, los jóvenes futbolistas dirigidos por Marc Xalabarder asumieron el control del juego con una mentalidad valiente que caracteriza a las canteras del Espanyol. La presión adelantada y la búsqueda constante de espacios entre las líneas del rival evidenciaron una clara intención de no especular con el resultado. Esta determinación encontró premio temprano cuando, en el minuto 10, Martí Rivas se convirtió en protagonista al batir al portero visitante con un preciso disparo de pierna izquierda desde la frontal del área. La jugada, fruto de una combinación elaborada, desató la euforia en el banquillo y en la grada.
Sin embargo, la alegría duró apenas 60 segundos. El conjunto madrileño, experto en transiciones rápidas, aprovechó un despiste defensivo para igualar la contienda mediante un contraataque fulminante que sorprendió a la zaga blanquiazul. Este golpe anímico podría haber mermado la confianza de los locales, pero el carácter competitivo de la plantilla se hizo evidente al mantener la misma intensidad y fe en su modelo de juego.
La insistencia del Espanyol generó múltiples aproximaciones peligrosas, con desborde por las bandas y llegadas de segunda línea. La recompensa llegó nuevamente a través de una jugada de estrategia, un aspecto trabajado meticulosamente en los entrenamientos. Guillermo Angulo se erigió como ejecutor perfecto, enviando el esférico al fondo de la red y restableciendo la ventaja para los pericos antes del descanso. Este segundo tanto reflejó la capacidad del equipo para generar alternativas ofensivas y aprovechar las situaciones a balón parado.
La segunda mitad presentó un guion diferente. El Leganés, consciente de la necesidad de reaccionar, intensificó su presión y logró equilibrar el dominio territorial. El empate a dos llegó en el minuto 62, tras una serie de acciones insistenes que desbordaron a la defensa local. A partir de ese momento, el partido se convirtió en un intercambio de golpes, con ocasiones claras en ambas porterías. Los de Xalabarder tuvieron en sus botas la clasificación directa, pero la falta de puntería y el acierto del guardameta visitante impidieron mover el marcador antes del 90 minutos.
La prórroga expuso el desgaste físico acumulado por ambos conjuntos. Los 30 minutos extra se convirtieron en una prueba de resistencia y carácter. El primer tiempo adicional transcurrió sin goles, aunque con un dominio alterno donde el cansancio comenzó a pesar más que las tácticas. Los cambios realizados por ambos técnicos buscaron aportar frescura, pero la calidad de la plantilla corta se hizo evidente en las piernas de los futbolistas.
En el segundo periodo de la prórroga, el Leganés aprovechó un error en la salida del balón para adelantarse con un zurdazo imparable desde la frontal. El Espanyol, lejos de darse por vencido, volcó todas sus fuerzas al ataque en busca del empate. La polémica llegó cuando Aarón Soriano consiguió batir la portería rival, pero el colegiado anuló la diana por una presunta falta sobre el portero. Esta decisión generó protestas airadas y desmoralizó momentáneamente a los jugadores, que veían escapar la oportunidad de forzar los penaltis.
Con el equipo totalmente entregado al ataque, el Leganés sentenció la eliminatoria mediante un contraataque letal que culminó en la red vacía. El cuarto gol fue un golpe de knock-out técnico que reflejó la experiencia del rival en gestionar las situaciones de ventaja. La eliminación, aunque dolorosa, debe contextualizarse dentro de un proceso de formación donde los resultados no son lo único relevante.
La participación del Juvenil A en esta competición copera representa una valiosa experiencia para los futbolistas en su desarrollo hacia el fútbol profesional. Enfrentarse a rivales de distintas categorías y estilos en formato eliminatorio aporta un aprendizaje incomparable. Los minutos disputados en presión, la gestión de emociones ante contratiempos y la exigencia física de una prórroga son lecciones que perdurarán en la formación de estos promesas.
El proyecto de cantera del Espanyol continúa mostrando jugadores con proyección y una identidad clara de juego. Aunque la eliminación temprana en la Copa del Rey no era el objetivo deseado, la actitud desplegada ante el Leganés refuerza la confianza en el trabajo diario de los técnicos y en el talento de la generación actual. La temporada aún presenta retos importantes en liga donde el equipo puede demostrar su verdadero potencial.
Los aficionados que acudieron a la Dani Jarque presenciaron un espectáculo de fútbol vibrante y emocionante, con goles, polémica y drama hasta el último segundo. Estos duelos, aunque dolorosos en el resultado, fortalecen el vínculo entre la base y el primer equipo, recordando que el fútbol base es el corazón del club. La próxima oportunidad para la gloria llegará pronto, y este grupo de jugadores tendrá la ocasión de demostrar que han aprendido de esta experiencia.