La selección española masculina de balonmano ha iniciado con buen pie su participación en el Campeonato de Europa que se disputa en Dinamarca. El conjunto dirigido por Jordi Ribera superó con éxito su primer examen ante una Serbia que, pese a la derrota, demostró su tradicional carácter competitivo hasta el último segundo del encuentro celebrado en Herning.
El partido, correspondiente a la primera jornada del grupo de los Hispanos, se presentaba como un test de exigencia moderada para los españoles, pero la realidad sobre el parquet fue bien distinta. Desde el inicio, Serbia dejó claro que no iba a regalar nada y que cada balón sería una batalla, lo que convirtió el choque en un intenso duelo táctico y físico.
El inicio de los Hispanos fue prometedor, con una defensa sólida y un ataque fluido que permitió a España tomar la delantera en el marcador. Los jugadores españoles mostraron una concentración máxima, conscientes de la importancia de empezar con victoria un torneo de esta magnitud. Los primeros minutos transcurrieron con un ritmo alto, con ambos equipos buscando imponer su juego, pero fueron los españoles quienes lograron abrir una brecha inicial.
Sin embargo, la resistencia serbia no se hizo esperar. Los balcánicos, conocedores de que un tropiezo inicial complicaría seriamente sus opciones en la competición, apretaron el acelerador y comenzaron a recortar distancias. Su defensa, rocosa y bien estructurada, dificultó enormemente la creación de juego española, mientras que en ataque aprovecharon cada error rival para castigar con contundencia.
El portero Gonzalo Pérez de Vargas, más conocido como Biosca, se convirtió en una de las figuras clave del encuentro. Sus intervenciones, especialmente en los momentos de mayor presión, resultaron decisivas para mantener a raya a los serbios. En varias ocasiones, cuando Serbia amenazaba con ponerse a tiro de piedra, el meta español respondió con paradas de gran mérito que desanimaron a los atacantes rivales.
En la primera mitad, España logró imponer su mayor calidad individual y colectiva, llegando al descanso con una ventaja cómoda, aunque nunca definitiva. Los de Ribera mostraron una versión seria y comprometida, con un juego coral donde destacaron las aportaciones de varios jugadores. Ian Tarrafeta se mostró intratable en varias fases del partido, con penetraciones demoledoras que desequilibraron constantemente la defensa serbia. Su capacidad para generar ventajas y finalizar con éxito fue uno de los puntos fuertes del ataque hispano.
El pivote español también tuvo su protagonismo. Serdio se movió como pez en el agua en la zona de seis metros, deshaciéndose de sus marcadores con facilidad y convirtiendo goles de gran importancia cuando el equipo más lo necesitaba. Su trabajo en ataque posicional dio oxígeno a España en los momentos de mayor asfixia serbia.
La segunda mitad comenzó con España intentando administrar su renta, pero Serbia no estaba dispuesta a rendirse. Los balcánicos protagonizaron un parcial importante que recortó la diferencia y puso en jaque a los españoles. Un par de errores en ataque y algunas decisiones arbitrales controvertidas, como un siete metros dudoso pitado a Casado, permitieron a los serbios acercarse peligrosamente en el marcador.
En este contexto de incertidumbre, la calidad de la familia Dujshebaev volvió a brillar. Alex Dujshebaev, pese a recibir un duro golpe en el cuello que le costó dos minutos de exclusión a Borzas, demostró su liderazgo en la pista. Su gol desde el centro del campo, aprovechando la inferioridad numérica serbia y la ausencia de portero, fue una de las jugadas más brillantes del encuentro. Por su parte, Daniel Dujshebaev también dejó detalles de su calidad, con acciones que combinaban potencia y técnica.
El final del partido se convirtió en un intercambio de golpes constante. Cada vez que España intentaba romper el partido, Serbia respondía con un gol que mantenía la tensión. Dani Fernández anotó desde los siete metros en un momento crucial, mientras que Dodic, por parte serbia, aseguraba que su equipo no se despegara del todo.
Los últimos minutos fueron de infarto. Con Serbia a solo dos goles de distancia y el tiempo corriendo en su contra, la tensión era palpable. Fue entonces cuando Biosca volvió a aparecer con una parada monumental a un lanzamiento que hubiera puesto a los serbios a un solo tanto. Esta intervención, seguida de un gol español, prácticamente sentenció el encuentro.
El 29-27 final reflejó la igualdad del choque y el sufrimiento español para hacerse con los dos puntos. La victoria fue trabajada, merecida, pero sufrida, lo que demuestra que en un Europeo no hay rivales fáciles y que cada partido exige el máximo nivel de concentración y esfuerzo.
Jordi Ribera, seleccionador nacional, mostró su satisfacción por el triunfo pero también su preocupación por algunos momentos del juego. El técnico catalán sabe que su equipo debe mejorar aspectos como la gestión de las ventajas y la contundencia en ataque para afrontar con garantías los siguientes compromisos.
El próximo desafío para los Hispanos llegará el sábado, cuando se enfrenten a Austria en su segundo partido del torneo. Los austriacos, que también debutan en esta edición del Europeo, presentarán un perfil diferente al serbio, por lo que España deberá adaptar su juego a las nuevas exigencias.
Este triunfo permite a España liderar provisionalmente su grupo y tomar impulso de cara a la fase final del campeonato. La confianza ganada en este debut triunfal será fundamental para afrontar los retos venideros, pero el equipo sabe que debe mantener los pies en la tierra y seguir trabajando para alcanzar su mejor versión.
El balonmano europeo vuelve a demostrar su nivel de competencia, donde cualquier selección, por su historia o su presente, puede complicar la vida a las grandes favoritas. España ha superado su primera prueba, pero el camino hacia las medallas es largo y requerirá del mejor nivel de todo el plantel.