Baskonia aprovecha crisis del Panathinaikos para soñar con victoria en Atenas

Los vitorianos visitan el temible OAKA con el objetivo de repetir la gesta de 2006 tras romper su maldición europea fuera de casa

El Baskonia ha despertado de su letargo europeo. La victoria cosechada en la cancha del Anadolu Efes el pasado jueves no solo supuso tres puntos en el casillero de la Euroliga, sino que representó la ruptura de una maldición que perseguía al conjunto vitoriano durante más de un año. Concretamente, 394 días de sequía sin conocer la victoria como visitante en la máxima competición continental. Este logro, más allá de su valor numérico, ha liberado a los jugadores de una carga psicológica que condicionaba sus actuaciones en los momentos decisivos de los partidos fuera de casa.

Ahora, con la confianza renovada y la mochila mucho más ligera, el equipo dirigido por Pablo Prigioni afronta uno de los desafíos más temibles del panorama europeo: medirse al Panathinaikos en su fortaleza del OAKA. El pabellón ateniense, conocido oficialmente como Olympic Athletic Center of Athens, se ha convertido durante décadas en un auténtico caldero donde los equipos visitantes sucumben ante la presión de la afición griega y la calidad de un rival que, tradicionalmente, ha sido uno de los grandes dominadores del baloncesto continental.

Sin embargo, la situación actual del conjunto heleno dista mucho de la omnipotencia que mostró en temporadas anteriores. A pesar de contar con una plantilla repleta de talento y experiencia, los de Ergin Ataman atraviesan por un período de turbulencias que el Baskonia podría aprovechar para regresar de Grecia con un triunfo que recordaría a la victoria de 2006, cuando los vitorianos lograron imponerse en territorio heleno en una de las noches más gloriosas de su historia reciente.

Los problemas del Panathinaikos no se limitan al terreno deportivo. La entidad griega arrastra una serie de contratiempos físicos que han mermado significativamente su potencial. La ausencia más sensible es la de Kendrick Nunn, el referente ofensivo indiscutible del equipo y MVP de la pasada edición de la Euroliga. El escolta estadounidense, que está promediando 19,4 puntos por encuentro en esta campaña, se perdió el último compromiso ante el Bayern de Múnich debido a una lesión en el tobillo izquierdo. Su presencia para el duelo del próximo martes es seria duda, y su eventual baja sería un golpe demoledor para las aspiraciones locales.

La lista de bajas no termina ahí. Konstantinos Mitoglou, uno de los pilares interiores más fiables del equipo, tampoco pudo participar en el choque germano por culpa de una lesión muscular en el isquiotibial que sufrió durante un entrenamiento a principios de mes. La falta de este especialista en la pintura priva al Panathinaikos de un recurso fundamental tanto en ataque como en defensa.

En el caso de Nikos Rogkavopoulos, exjugador del Baskonia, las perspectivas son algo más optimistas. El alero griego no viajó a Múnich afectado por una enfermedad, pero dispone de tiempo suficiente para recuperarse y estar disponible cuando el balón salte al aire el próximo martes a las 20:15 horas. Su conocimiento de la idiosincrasia del equipo vasco podría resultar valioso para los intereses de los atenienses.

La baja más prolongada es la de Mathias Lessort, el intimidador francés que forma parte de la élite de los pívots europeos. Lessort, que sufrió una grave fractura de peroné en el choque contra el Baskonia de la pasada temporada, forzó su regreso para la Final Four de Colonia, pero su estado físico no era el óptimo. Desde entonces, ha seguido un plan de recuperación específico que fue interrumpido en noviembre por un edema óseo. Los servicios médicos del club no esperan que el francés vuelva a las pistas hasta finales de enero o principios de febrero, por lo que su ausencia ante los vitorianos está garantizada.

Más allá de las lesiones, el Panathinaikos se mueve en un clima de permanente tensión institucional. Las polémicas protagonizadas por su presidente, Dimitrios Giannakopoulos, son moneda corriente en el día a día del club, generando un ambiente que distrae la atención del equipo. A esto se suman las recurrentes declaraciones de su entrenador, Ergin Ataman, quien esta semana ha lanzado un nuevo ultimátum: si no conquista la Euroliga o la Liga Griega, abandonará el banquillo en verano. Esta dinámica no es nueva, ya que en la temporada 2023-24 emitió una advertencia similar vinculada a la Final Four y, tras cumplise el objetivo, terminó levantando el título continental.

Para el Baskonia, este escenario representa una oportunidad de oro. La victoria en Estambul ha demostrado que el equipo puede competir y ganar en territorio hostil. La clave estará en mantener la intensidad defensiva que neutralizó al Anadolu Efes y aprovechar las debilidades de un rival mermado. La velocidad de juego y la capacidad de anotación desde el perímetro serán armas fundamentales para desbordar a un Panathinaikos que, aunque vulnerable, nunca debe subestimarse en su propio feudo.

El partido del martes se presenta como un auténtico examen de madurez para el proyecto de Prigioni. Superar el OAKA en estas condiciones no solo supondría una nueva victoria en la Euroliga, sino que consolidaría el crecimiento del grupo y reforzaría la creencia de que el Baskonia puede pelear por los puestos de privilegio en la competición. La historia reciente del club vitoriano está llena de gestas imposibles, y esta podría ser la próxima página de un libro que continúa escribiéndose con letras de oro.

Referencias