El Deportivo Alavés ha escrito un nuevo capítulo glorioso en su historia reciente al clasificarse para los cuartos de final de la Copa del Rey, una instancia que no alcanzaba desde hace ocho años. La victoria por 2-0 ante el Rayo Vallecano en el estadio de Mendizorroza certifica el buen momento del conjunto vitoriano y reaviva las ilusiones de una afición que vuelve a soñar con un título que se le resiste desde 1955.
El encuentro, correspondiente a los octavos de final del torneo del KO, presentó un guion de ida y vuelta donde la eficacia local terminó imponiéndose a la espiral de contratiempos que sufrió el equipo madrileño. Los goles de Toni Martínez y Carlos Vicente sellaron el pase de los babazorros, quienes demostraron una vez más su fortaleza en casa.
Una primera mitad de estudio y precaución
Desde el pitido inicial, el partido mostró un ritmo contenido. Ambos conjuntos se estudiaron mutuamente, conscientes de que un error podría resultar fatal en una eliminatoria a vida o muerte. La temperatura gélida en Vitoria pareció influir en el desarrollo inicial, con jugadores que tardaron en encontrar su mejor versión.
El Alavés, dirigido por Eduardo Coudet, mostró una mayor intención ofensiva, especialmente a través de las acciones del brasileño Calebe. El extremo fue la principal amenaza visitante, aunque su activismo le jugó una mala pasada cuando el colegiado Muñiz Ruiz le amonestó apenas a los dos minutos por simular una falda dentro del área. Sin embargo, Calebe no se amilanó y continuó creando peligro. En una de sus mejores jugadas, sirvió un balón medido a Toni Martínez que el defensa Lejeune desvió providencialmente a córner.
Por su parte, el Rayo Vallecano, bajo las órdenes de Iñigo Pérez, encontró dificultades para desarticular el bloque local. Su primera aproximación clara llegó en el minuto 30, cuando Gumbau probó fortuna desde la frontal del área con un disparo que no encontró portería. La lesión de Camello, quien tuvo que abandonar el terreno de juego por problemas físicos, obligó al técnico franjirrojo a realizar un doble cambio táctico. Balliu también dejó su posición y dieron entrada a Chavarría y Álvaro García.
El impacto del recién ingresado Álvaro García fue inmediato. En su primer contacto con el balón, ideó una asistencia de calidad hacia Fran Pérez que obligó al meta Raúl a estirarse para evitar el gol del Rayo. Sin embargo, esta fue una de las pocas ocasiones claras de una primera parte donde el juego se desarrolló principalmente en el centro del campo y las defensas se impusieron a los ataques.
La segunda mitad: eficacia y castigo
El descanso sirvió para que Coudet ajustara su estrategia y los frutos se recogieron nada más reanudarse el juego. Una pérdida de balón del Rayo Vallecano en la salida desde atrás fue aprovechada por el Alavés con rapidez y contundencia. Abde recuperó la esférica en zona de presión y Denis, con visión de juego, detectó el desmarque de Mañas. El joven atacante irrumpió con determinación en el área rival y, aunque su disparo fue rechazado por Lejeune, la fortuna sonrió a los locales: el rechace cayó a los pies de Toni Martínez, quien no perdonó y empujó el esférico al fondo de las mallas.
El 1-0 obligó al Rayo Vallecano a adelantar líneas y buscar la igualada con urgencia. Iñigo Pérez movió el banquillo e introdujo a Isi y De Frutos para darle más profundidad a su ataque. El conjunto madrileño se volcó hacia el área de Raúl, pero se encontró con un Alavés bien ordenado defensivamente y letal en la transición.
Álvaro García, el hombre más activo del Rayo, intentó liderar la remontada. Primero con un remate cruzado que se marchó rozando el poste, y posteriormente con un centro preciso desde la banda izquierda que De Frutos no pudo conectar correctamente. Las ocasiones se sucedían para el equipo visitante, pero la falta de acierto y la inspiración del portero local mantuvieron la ventaja en el marcador.
El punto culminante: expulsión y sentencia
El destino del Rayo Vallecano se selló definitivamente en el minuto 70. Isi, recién incorporado al campo, recibió su segunda tarjeta amarilla y fue expulsado por un codazo involuntario a Aleñá durante una disputa por el balón. La acción, juzgada como agresión por el árbitro, dejó al conjunto franjirrojo con diez hombres y con la misión de remontar casi imposible.
Con superioridad numérica, el Alavés controló el ritmo del encuentro y administró su ventaja con experiencia. A falta de diez minutos para el final, Carlos Vicente aprovechó un error en la salida de Cárdenas, portero del Rayo, para anotar el segundo gol y certificar la clasificación. El tanto sirvió para evitar cualquier tipo de sufrimiento en los minutos finales y para que la afición de Mendizorroza pudiera celebrar con tranquilidad el pase a la siguiente ronda.
Una victoria con sabor a gloria
El triunfo refleja el excelente momento por el que atraviesa el Deportivo Alavés, que ha aprovechado el factor campo en sus dos últimas eliminatorias coperas para instalarse entre los ocho mejores equipos del torneo. La solidez defensiva, la eficacia ofensiva y la capacidad de aprovechar los errores del rival han sido las claves de este éxito.
Para el Rayo Vallecano, la eliminación supone un duro golpe. La lesión de Camello, la expulsión de Isi y la falta de puntería en los momentos clave condenaron a un equipo que había mostrado buenas sensaciones en las últimas jornadas de LaLiga. La Copa del Rey se le escapa una temporada más, con la amargura de no haber podido mostrar su mejor versión en Vitoria.
El Alavés, por su parte, ya piensa en los cuartos de final, donde se medirá a un rival de entidad. La ilusión vuelve a reinar en la capital alavesa, y con Coudet al mando, los babazorros sueñan con repetir la gesta de 2017, cuando llegaron a la final del torneo. La afición ya tiene una nueva cita con la historia, y Mendizorroza se prepara para volver a ser la fortaleza inexpugnable que tanto éxitos ha dado a lo largo de los años.