His and Hers: crítica de la serie de Netflix con Tessa Thompson

El crimen que reúne a una pareja en crisis en el nuevo thriller de William Oldroyd para Netflix

El asesinato de una mujer en un pequeño municipio de las afueras de Atlanta sirve de catalizador para reunir a una pareja en crisis en His and Hers, la nueva apuesta de Netflix por el thriller policíaco. La serie, que llega a la plataforma el 8 de enero, está dirigida por el cineasta británico William Oldroyd, conocido por su trabajo en películas de autor como Lady Macbeth y Mi nombre era Eileen. Con un elenco encabezado por Tessa Thompson y Jon Bernthal, la producción promete una mirada más sofisticada al género, aunque finalmente se ajusta a las convenciones establecidas.

La trama se desarrolla a partir de un crimen brutal: la muerte a puñaladas de Rachel, una mujer de mediana edad, en un pueblo predominantemente blanco en el estado de Georgia. Este suceso atrapa la atención de Anna, una presentadora de noticias de Atlanta que vuelve a la primera línea después de un año de ausencia profesional. Su licencia forzada respondió a una tragedia personal: la pérdida de su bebé, un duelo que la alejó de los focos y de su matrimonio.

La protagonista, interpretada por Thompson, regresa a su medio solo para descubrir que su puesto ha sido ocupado por Lexy, una periodista ambiciosa a la que percibe como una trepadora profesional. Para recuperar su lugar, Anna solicita cubrir el caso del asesinato, confiando en que sus vínculos con el lugar de los hechos —su pueblo natal— le darán una ventaja competitiva. Sin embargo, al llegar al lugar del crimen se enfrenta a una sorpresa mayor: el detective a cargo de la investigación es Jack Harper, su marido, del que está separada pero no divorciada.

El personaje de Bernthal encarna a un policía local con su propia carga emocional. La dinámica entre ambos se complica cuando se revela que Jack mantenía una relación extramarital con la víctima, creando un triángulo de conflictos de interés que contamina la investigación. Jack intenta ocultar cualquier evidencia que lo vincule con Rachel, mientras debe lidiar con la presencia de Anna, cuya insistencia en el caso dificulta sus esfuerzos por controlar la narrativa.

La trama se enreda aún más con la introducción de Zoe, la hermana de Jack interpretada por Marin Ireland, quien compartió con Anna y Rachel un pasado adolescente lleno de secretos. Estas conexiones históricas añaden capas de tensión y suscitan preguntas sobre lealtades, traiciones y la naturaleza de la memoria colectiva en comunidades pequeñas. La serie explora cómo el pasado nunca desaparece del todo y cómo los secretos enterrados resurgen en momentos de crisis.

Oldroyd, quien firma la dirección de varios episodios y el desarrollo del proyecto, aporta su sensibilidad cinematográfica a la narrativa serial. Su mano detrás de la cámara se manifiesta en secuencias dramáticas que profundizan en la psicología de los personajes principales, especialmente en los momentos de confrontación entre Anna y Jack. La directriz británica logra extraer interpretaciones contenidas y matizadas de Thompson y Bernthal, quienes transmiten la complejidad de una pareja que se ama pero se hiere mutuamente.

No obstante, a pesar de este barniz de prestigio artístico, His and Hers no logra desmarcarse completamente de las fórmulas del género. La estructura del whodunit —el misterio de quién es el asesino— sigue un camino predecible, con pistas distribuidas estratégicamente y giros que resultan familiares para los espectadores habituados a este tipo de ficción criminal. La serie se convence a sí misma de que está ofreciendo algo distinto, pero en esencia reproduce los mismos patrones que han hecho populares producciones similares.

La adaptación de la novela homónima de Alice Feeney, ex periodista convertida en escritora de thrillers, mantiene la esencia del material original. Feeney, con su experiencia en medios de comunicación, construye una protagonista que refleja las tensiones del mundo del periodismo televisivo, donde la competencia por el rating choca con la búsqueda de la verdad. Sin embargo, la transición al formato serial revela cierta rigidez en la trama, que se siente más como un melodrama de suspenso que como una innovación en el terreno del noir contemporáneo.

El ritmo de la serie alterna momentos de tensión policíaca con escenas introspectivas que exploran el duelo parental, la culpa y la reconstrucción de la identidad después de una pérdida. Esta dualidad es tanto una fortaleza como una debilidad: por un lado, humaniza a los personajes; por el otro, diluye la urgencia del misterio criminal. El espectador se ve dividido entre interesarse por la resolución del caso y por el destino de la pareja protagonista.

El escenario rural de Georgia, con su demografía particular y su dinámica de pequeña comunidad, podría haberse aprovechado mejor para explorar temas de clase, raza y pertenencia. La serie lo menciona tangencialmente, pero no profundiza en estas capas sociales, prefiriendo centrarse en el drama interpersonal. Esta decisión narrativa, aunque válida, deja un sabor agridulce: se percibe el potencial de una crítica más aguda que nunca se materializa.

En el terreno técnico, la fotografía y la dirección artística crean una atmósfera opresiva que refleja el estado emocional de los personajes. La paleta de colores oscuros y la utilización de espacios cerrados refuerzan la sensación de claustrofobia emocional que atrapa a Anna y Jack. La banda sonora, discreta pero efectiva, acompaña sin distraer, permitiendo que el peso recaiga en las interpretaciones.

El reparto secundario, liderado por Rebecca Rittenhouse como la rival profesional de Anna y Marin Ireland como la hermana conflictiva, aporta matices interesantes. Rittenhouse consigue que su personaje no sea un arquetipo plano de villana, sino una profesional con su propia agenda. Ireland, por su parte, encarna a una mujer marcada por los secretos familiares, cuya lealtad está dividida.

Aunque His and Hers no revoluciona el género, cumple con las expectativas de entretenimiento para los aficionados al thriller doméstico. La química entre Thompson y Bernthal justifica el visionado, al igual que la dirección segura de Oldroyd. Sin embargo, quien busque una propuesta que desafíe las convenciones o que ofrezca una perspectiva fresca sobre el crimen y sus repercusiones, podría encontrarla algo conservadora.

En definitiva, la serie se posiciona como un producto de calidad dentro de un género saturado. Su fuerza reside en el retrato de una pareja en descomposición que intenta recomponerse en medio de una tragedia colectiva. Su debilidad, en no atreverse a romper los moldes que pretende cuestionar. Para los suscriptores de Netflix que disfrutan de historias de misterio con componente emocional, será una opción sólida. Para los críticos más exigentes, será un ejercicio competente pero no memorable.

Referencias