El Girona ha puesto el foco de su estrategia de mercado en un nombre de alto nivel: Marc-André ter Stegen. La operación, sin embargo, se presenta como uno de los rompecabezas más complejos de esta ventana de fichajes. El propio Míchel, técnico del conjunto rojiblanco, dejó caer la bomba durante la reciente Gala de les Estrelles del Futbol Català, donde afirmó abiertamente que "necesitamos un portero". Una declaración que no dejó lugar a dudas sobre las intenciones del club.
La noticia, adelantada la semana pasada por varios medios especializados, generó una gran expectación en el entorno del fútbol catalán. Sin embargo, las fuentes consultadas dentro de la directiva del Girona son cautas: la operación es extremadamente complicada y podría prolongarse hasta el último día del mercado de invierno, el próximo 31 de enero. La paciencia se convierte así en la principal virtud para los aficionados del club de Montilivi.
El deseo de Ter Stegen de explorar sus opciones en el Barcelona, donde la competencia por la titularidad se ha visto reducida, abre una puerta que el Girona intenta entreabrir. El guardameta alemán, consciente de su situación en el conjunto azulgrana, no cerraría la puerta a una cesión hasta final de temporada. Esta posibilidad es el único filón que explota el club gerundense para intentar cerrar una operación que, en condiciones normales, parecería inalcanzable.
El principal escollo no es deportivo, sino económico. El Girona opera con un margen salarial muy ajustado, limitado por el fair play financiero de LaLiga. La ficha de Ter Stegen, una de las más elevadas del Barcelona, resulta inasumible para las arcas del club sin una importante contribución del conjunto culé. La negociación gira en torno a encontrar una fórmula que permita al Barcelona aliviar parte de la carga salarial mientras el Girona asume una cantidad que no desequilibre su estructura económica.
Algunos analistas han sugerido que la salida de Domagoj Livakovic, portero croata internacional que busca nuevo destino, podría liberar espacio presupuestario. Sin embargo, esta vía es una quimera: el guardameta balcánico percibía en el Girona tan solo 300.000 euros anuales, una cifra ínfima que apenas genera margen de maniobra. La realidad es que el club necesitaría una solución mucho más creativa para hacer viable el fichaje de un portero de élite.
El tiempo juega en contra. Mientras el Girona espera, el calendario futbolístico no se detiene. La Supercopa de España, que se disputará en Yeda (Arabia Saudí), ha generado un auténtico quebradero de cabeza para el Barcelona. El sorteo de semifinales emparejó a los azulgranas con el Athletic Club de Ernesto Valverde, con el partido fijado para el próximo miércoles 7 de enero a las 20:00 hora peninsular.
La logística del torneo ha generado tensiones en la plantilla blaugrana. La expedición catalana partirá el lunes 5 de enero, después de entrenar en la Ciudad Deportiva Joan Gamper. El vuelo está programado para las 10:30 horas, lo que supone un contratiempo especial para los jugadores con hijos pequeños, que celebrarán la noche de Reyes lejos de casa. Es uno de los gajes del oficio que generan cierta frustración en el vestuario.
El Barcelona tiene preparados dos planes de regreso según su evolución en la competición. Si caen en semifinales, regresarán en la madrugada del miércoles para preparar los octavos de final de la Copa del Rey, cuyo rival se conocerá estando en tierras árabes. Si alcanzan la final, el regreso se produciría directamente desde Yeda el domingo por la noche, llegando a Barcelona en la madrugada del lunes.
Esta maratón de partidos condiciona indirectamente la operación Ter Stegen. El club azulgrana no tiene capacidad para centrarse en salidas mientras compite por dos títulos consecutivos. La directiva del Girona lo sabe y, por eso, ha marcado la estrategia de esperar pacientemente hasta que el Barcelona tenga margen para sentarse a negociar.
La situación deportiva del portero alemán en el Barcelona es paradójica. A sus 32 años, Ter Stegen acumula más de 400 partidos con la elástica culé, pero la llegada de nuevos proyectos técnicos ha reducido su protagonismo. Aunque sigue siendo uno de los mejores guardametas del mundo, la necesidad de minutos para mantenerse en forma de cara a su selección le hace valorar opciones que antes descartaría.
El Girona, por su parte, busca dar un salto de calidad en una temporada histórica. La posibilidad de contar con un portero de la talla de Ter Stegen elevaría el nivel competitivo del equipo y le permitiría soñar con Europa. Sin embargo, la realidad económica es implacable: el club debe cumplir con los límites salariales o arriesgarse a sanciones que podrían comprometer su estabilidad.
Los agentes del jugador mantienen contactos fluidos con ambos clubes. La voluntad de Ter Stegen es clara: quiere jugar. Si el Barcelona no puede garantizarle un rol protagonista, una cesión se convierte en la mejor opción para todas las partes. El Girona ofrece la proximidad geográfica y un proyecto deportivo atractivo, pero necesita que el Barcelona asuma la mayor parte de su ficha.
El mercado de invierno es conocido por sus negociaciones complejas y últimos minutos. Las partes están conscientes de que la operación, si se produce, será en la recta final. Mientras tanto, el Girona seguirá explorando alternativas menos ambiciosas pero más viables económicamente, como el joven portero del filial o opciones del mercado sudamericano.
La clave está en la flexibilidad del Barcelona. Si el club culé decide que Ter Stegen puede salir cedido, deberá asumir una parte sustancial de su salario. La fórmula más probable sería una cesión con opción de compra, aunque la cantidad sería simbólica. El objetivo del Barcelona es claro: que el jugador mantenga el ritmo de competición sin generar un gasto adicional.
Para el Girona, el desafío es deportivo y de marketing. Contar con un portero de renombre mundial potenciaría su marca internacional y le abriría puertas en mercados como el alemán. Sin embargo, el riesgo de no poder inscribirle por límites salariales es real y preocupa a la directiva.
La negociación, en estos momentos, es un juego de espera. El Girona no puede forzar la situación y el Barcelona no tiene prisa. Ter Stegen, mientras tanto, sigue entrenando a la espera de una resolución que podría marcar el resto de su temporada. La próxima semana, tras la Supercopa, será clave para desenterrar el futuro de esta operación que mantiene en vilo a tres partes con intereses divergentes pero un objetivo común: encontrar una solución que beneficie a todos.