Luke Littler revalida el título mundial de dardos con autoridad

El joven prodigio inglés de 18 años aplasta al neerlandés Gian van Veen por 7-1 en Alexandra Palace, con una media de 106.08 puntos

El Alexandra Palace de Londres volvió a convertirse en el escenario de una gesta histórica para los dardos. Con el recinto repleto de aficionados, Luke Littler, el fenómeno británico de apenas 18 años, selló su segunda corona mundial consecutiva al imponerse contundentemente al neerlandés Gian van Veen por un marcador de 7 sets a 1. La exhibición del joven de Warrington no dejó dudas sobre su dominio actual en el mundo del tiro con dardo.

La trayectoria de Littler recuerda a las grandes transiciones deportivas. Al igual que el baloncesto presenció el relevo generacional entre Michael Jordan y LeBron James, o el fútbol debatió entre el legado de Maradona y la magia de Messi, los dardos viven su propia revolución. Durante casi dos décadas, Phil Taylor, con sus 14 títulos mundiales entre 1995 y 2013, erigió el estándar de excelencia en esta disciplina tan arraigada en la cultura de los pubs británicos. Su retirada en 2018 dejó un vacío que pocos imaginaban llenar con tanta rapidez.

Sin embargo, no ha sido la leyenda de Taylor quien ha catapultado los dardos a la categoría de espectáculo global, sino un adolescente que hace apenas dos años debutaba en el escenario mundial. Littler, apodado 'Luke the Nuke' (Luke la Bomba Nuclear), ha transformado el panorama del deporte con su talento precoz y su carisma desenfadado. Su victoria sobre Van Veen, de 23 años y conocido como 'The Giant', confirma que su primer título no fue una simple anécdota, sino el inicio de una era.

El enfrentamiento entre ambos jugadores tenía un precedente personal. Se habían visto las caras por primera vez en la final del Mundial Juvenil de noviembre de 2023, cuando Littler contaba solo 16 años. En aquella ocasión, el inglés se alzó con el título y, apenas cinco semanas después, sorprendía al planeta llegando a la final del Campeonato Mundial absoluto, donde sucumbió ante su compatriota Luke Humphries. Desde entonces, el 2025 ha sido testigo de cinco duelos más entre ambos, con un saldo de tres victorias para cada uno, lo que avizoraba una rivalidad épica para los próximos años.

Van Veen llegaba a esta final en un momento dulce. En octubre había conquistado el Campeonato Europeo, demostrando que había superado definitivamente la dartitis—ese bloqueo mental que paraliza el brazo en el momento de la liberación del dardo—que había frenado su progresión profesional hasta 2024. Su confianza era palpable cuando se hizo con el primer set y se colocó 2-0 arriba en el segundo, a solo una leg de ampliar su ventaja. Para ganar un set se necesitan tres 'legs', partidas de 501 puntos donde los jugadores deben finalizar con un doble.

Pero precisamente ese desafío inicial despertó la bestia en Littler. A partir de ese momento, el campeón defensor accionó un interruptor competitivo que borró cualquier atisbo de duda. Su puntería se volvió quirúrgica, sus rachas de triples 20 imparables y su capacidad para cerrar legs bajo presión, demoledora. Van Veen, que había mostrado una solidez envidiable durante todo el torneo, vio cómo se le cerraban todos los resquicios. Cada intento de reacción chocaba contra la muralla de precisión del líder del ranking mundial.

El neerlandés, visiblemente abrumado por la exhibición, terminó no solo derrotado, sino admirando el espectáculo. En los últimos sets, sus aplausos a las jugadas de Littler reflejaban la resignación ante la superioridad evidente. El 7-1 final representa la victoria más abultada desde que el propio Phil Taylor aplastara a otro neerlandés, Raymond van Barneveld, con idéntico resultado en la final de 2009.

Las cifras hablan por sí solas. Littler concluyó el encuentro con una media de 106.08 puntos por tirada, una cifra espectacular que solo es superada por la 107.67 que registró Rob Cross en su consagración de 2018. Para encontrar una actuación tan dominante hay que remontarse precisamente a la era Taylor, aunque con una diferencia sustancial: mientras la leyenda de Stoke-on-Trent era un veterano curtido de 40 años cuando desplegaba su 'instinto asesino', Littler es un adolescente que acaba de cumplir la mayoría de edad.

La proyección del británico genera preguntas inevitables sobre su techo. Con dos mundiales en su habilidad antes de los 19, ¿cuántos más puede conquistar? Su combinación de talento natural, mentalidad ganadora y juventud dibuja un horizonte sin límites. Para el deporte, su éxito significa una ventana de oportunidad sin precedentes: un rostro joven, mediático y accesible que puede atraer a nuevas generaciones y mercados donde los dardos eran una curiosidad marginal.

La final también confirma el ascenso de Van Veen al podio mundial. Pese a la derrota, su actuación le sitúa como el nuevo número 3 del ranking, consolidándolo como el principal rival de la era Littler. La rivalidad promete emociones fuertes: el neerlandés tiene cinco años más de experiencia y ha demostrado capacidad para competir de tú a tú, pero necesita encontrar la clave para traducir esa regularidad en victorias cuando más importan.

El ecosistema de los dardos profesionales vive un momento de efervescencia. La audiencia televisiva crece, los premios aumentan y la competencia se intensifica. En este contexto, Littler se ha convertido en el imán perfecto: un fenómeno viral antes que deportista, que ha sabido capitalizar su exposición mediática sin desviar su foco competitivo. Su presencia en redes sociales, su naturalidad frente a las cámaras y su habilidad para generar momentos espectaculares han hecho del joven un activo invaluable para la Professional Darts Corporation (PDC).

La noche londinense quedará en la memoria como otra página dorada en la historia de un deporte que, lejos de estancarse, renueva su brillo con cada generación. Mientras el trofeo Sid Waddell descansa en manos de Littler por segundo año, el universo de los dardos contempla su futuro con una ilusión que no se veía desde los tiempos de Taylor. La diferencia es que ahora, el protagonista no es un señor entrado en años, sino un chico con pinta de vecino del instituto que acaba de demostrar, una vez más, que la edad es solo un número cuando el talento es infinito.

Referencias