Jada Pinkett Smith, demandada por amenazas a amigo de Will Smith

Bilaal Salaam, amigo cercano del actor durante décadas, reclama tres millones por daño emocional y supuestos intentos de silenciarlo

El matrimonio formado por Will Smith y Jada Pinkett Smith vuelve a encontrarse en el centro de la controversia mediática. Esta vez, quien ocupa la diana de las críticas es la actriz y productora, que ha sido objeto de una demanda millonaria presentada por un antiguo amigo íntimo del protagonista de 'El príncipe de Bel-Air'. El conflicto, que destapa presuntas prácticas de intimidación y coacción, ha resurgido con fuerza en los medios de comunicación internacionales.

El demandante, identificado como Bilaal Salaam, se autodefine en los documentos judiciales como el mejor amigo de Will Smith durante casi cuatro décadas. Salaam, que colaboró estrechamente con el actor a lo largo de los años, incluso aparece en las memorias del intérprete publicadas en 2021, donde se incluyen fotografías que testimonian su larga relación. Ahora, este vínculo de amistad ha dado un giro dramático que podría costarle a Pinkett Smith tres millones de dólares en concepto de indemnización por daño emocional intencional.

El núcleo de la disputa se remonta al 25 de septiembre de 2021, cuando ambos protagonistas coincidieron en el vestíbulo de los cines Reagency Calabasas Commonsbel, en California. Según la versión de Salaam, aquel encuentro se convirtió en una confrontación agresiva por parte de la actriz, quien le habría espetado: «Si continúas divulgando mis asuntos personales, acabarás desapareciendo o recibiendo una bala». Una amenaza directa que, de confirmarse, revelaría una faceta oscura y preocupante de la estrella de Hollywood.

El contexto de la supuesta intimidación no es baladí. Salaam asegura que los problemas comenzaron tras el incidente que sacudió la ceremonia de los premios Oscar en 2022, cuando Will Smith subió al escenario para propinar una bofetada al comediante Chris Rock tras un chiste sobre la alopecia de Jada Pinkett Smith. Aquel episodio, que generó un terremoto mediático y casi le costó la estatuilla al actor, desencadenó una crisis de imagen sin precedentes para la pareja.

En medio de aquel huracán publicitario, el círculo cercano a los Smith habría presionado a Salaam para que participara en una campaña de relaciones públicas destinada a mitigar el daño reputacional. Sin embargo, el demandante se negó rotundamente a involucrarse en lo que consideró «prácticas ilegales, poco éticas o moralmente cuestionables». «Mi conciencia no me permitiría participar en ningún encubrimiento o estrategia engañosa de comunicación», reza la denuncia.

Fue tras esta negativa, según Salaam, cuando comenzó a recibir presiones y amenazas veladas del entorno de la pareja. La confrontación de septiembre de 2021 habría sido el punto culminante de una supuesta «campaña de represalia» en su contra. El demandante asegura que la actriz no actuó sola aquel día, sino que iba acompañada de «aproximadamente siete miembros de su séquito», quienes habrían presenciado la escena.

La situación, lejos de calmarse, habría escalado cuando Pinkett Smith le habría exigido firmar un acuerdo de confidencialidad bajo amenazas implícitas. El documento legal detalla que, tras el altercado verbal, el equipo de seguridad de los Smith escoltó a Salaam hasta su vehículo, mientras la actriz continuaba con los «insultos y amenazas verbales».

Este no es el primer escándalo que sacude al matrimonio Smith. La bofetada de los Oscar de 2022 sigue siendo un episodio recurrente en los medios, especialmente después de que la propia Jada revelara en 2023 que la pareja llevaba separada desde 2016, aunque manteniendo el vínculo legal del matrimonio. Esta confesión añadió una capa adicional de complejidad a su relación, ya de por sí escrutada por el público.

Para Salaam, las consecuencias de su supuesto silenciamiento han sido devastadoras. En la demanda, el antiguo amigo de Will Smith describe cómo la «campaña de represalia» le ha causado un daño emocional severo y le ha afectado profesionalmente. Además, asegura que las amenazas se intensificaron cuando el entorno de los Smith se enteró de que estaba preparando unas «memorias de un denunciante» donde relataría su experiencia.

El caso ha despertado un intenso debate sobre el poder de las celebridades y sus mecanismos para controlar la narrativa pública. Las acusaciones de Salaam apuntan a prácticas de intimidación y coacción que, de demostrarse, podrían tener graves repercusiones para la reputación de Pinkett Smith. El hecho de que el demandante haya mantenido una relación cercana con Will Smith durante décadas aporta una credibilidad adicional a sus declaraciones.

Desde el entorno de la actriz, aún no ha habido una respuesta oficial a estas acusaciones. El silencio de sus representantes alimenta la especulación y mantiene viva la polémica en las redes sociales y los medios especializados en cotilleos del corazón. La comunidad de Hollywood observa con atención cómo se desarrolla este caso, que podría establecer un precedente sobre la responsabilidad de las estrellas ante antiguos colaboradores.

La demanda, presentada en una corte de California, no solo busca una compensación económica por los supuestos daños sufridos, sino también una reparación simbólica que reconozca el daño emocional causado. Salaam ha decidido romper su silencio después de años de presunta intimidación, un paso que requiere valentía ante el poderío mediático de la familia Smith.

El contexto temporal resulta especialmente significativo. El incidente del cine de Calabasas ocurrió meses antes de la bofetada de los Oscar, lo que sugiere que las tensiones entre Salaam y Pinkett Smith ya eran considerables antes del mayor escándalo público de la pareja. Esto podría indicar que la estrategia de control de daños de los Smith ya estaba activa mucho antes de que el mundo presenciara la agresión a Chris Rock.

Para el público, este nuevo capítulo en la saga de los Smith plantea preguntas incómodas sobre la transparencia y autenticidad de las figuras públicas. La imagen de una pareja poderosa y unida que proyectan contrasta con las acusaciones de comportamientos intimidatorios hacia antiguos allegados. La dualidad entre la faceta pública y la privada de las celebridades vuelve a estar en debate.

El caso también pone de relieve el papel de los amigos y colaboradores en el entorno de las estrellas de Hollywood. Muchos de ellos firman acuerdos de confidencialidad como condición para mantener su cercanía a la fama y las oportunidades profesionales que esta conlleva. Sin embargo, la presunta coacción para forzar dichos acuerdos cruza una línea legal y ética que el sistema judicial deberá evaluar.

Mientras tanto, la carrera de Jada Pinkett Smith, que ya había visto mermada su reputación tras los Oscar, podría verse aún más afectada. La actriz, que ha sido defensora de causas sociales y ha promovido la autenticidad emocional a través de su plataforma 'Red Table Talk', ahora se enfrenta a acusaciones que cuestionan precisamente esos valores que ha predicado.

El desarrollo de este proceso judicial será seguido con lupa por la industria del entretenimiento. Si la justicia falla a favor de Salaam, podría abrir la puerta a que otros antiguos colaboradores de estrellas de Hollywood denuncien prácticas similares. La cultura del silencio que durante décadas ha protegido a las celebridades de sus excesos podría estar comenzando a resquebrajarse.

Por ahora, la única certeza es que el matrimonio Smith continúa generando titulares por motivos controvertidos. Desde la bofetada que conmocionó al mundo hasta estas nuevas acusaciones de intimidación, la pareja parece atrapada en un ciclo de escándalos que pone a prueba su capacidad de recuperación pública. La resolución de esta demanda no solo determinará la responsabilidad legal de Jada Pinkett Smith, sino que también marcará un capítulo más en la compleja relación entre poder, fama y verdad en Hollywood.

Referencias