George Clooney dice adiós a las escenas de beso tras hablar con Amal

El actor de 64 años decide poner fin a las escenas románticas en pantalla, inspirado por la postura de Paul Newman y tras una reflexión con su esposa

George Clooney ha puesto punto final a una era. El intérprete estadounidense, conocido por sus más de tres décadas de éxitos en la industria del celuloide, ha tomado una determinación que marca un antes y un después en su trayectoria profesional: no volverá a protagonizar escenas de beso con ninguna actriz. Esta controvertida decisión, lejos de ser un capricho, surge de una profunda reflexión personal y de un modelo a seguir que ha marcado la historia de Hollywood.

La fuente de inspiración para esta resolución no es otro que Paul Newman, una de las leyendas más respetadas del séptimo arte. Durante el rodaje de "Los indeseables" en 1971, Newman estableció un principio que mantendría hasta el final de su carrera: no interpretaría secuencias románticas con ninguna actriz que no fuera su esposa, Joanne Woodward. Este compromiso con la fidelidad artística y personal ha resonado durante décadas, y ahora, más de cincuenta años después, encuentra un eco en la decisión de Clooney.

El detonante para esta elección vitalicia surgió en un momento íntimo y significativo. Cuando el actor cumplió 60 años, mantuvo una conversación franca y directa con su mujer, Amal Clooney, la prestigiosa abogada especializada en derechos humanos. Fue entonces cuando el intérprete de Kentucky puso sobre la mesa sus inquietudes sobre el paso del tiempo y su lugar en una industria obsesionada con la juventud. "Le dije: 'Mira, todavía puedo jugar al baloncesto con los chicos. Juego con chicos de 25 años. Todavía aguanto, estoy en forma. Pero dentro de 25 años tendré 85. No importa cuántas barritas de granola comas, es un número real'", relató Clooney al Daily Mail.

Esta honestidad consigo mismo y con su pareja le llevó a una conclusión inevitable: su etapa como galán romántico ha llegado a su fin. No se trata de una renuncia amarga, sino de una aceptación realista de las etapas vitales y de un deseo de mantener la dignidad artística sin caer en parodias de sí mismo. La industria cinematográfica, con su tendencia a emparejar actores maduros con protagonistas veinte o treinta años más jóvenes, ha sido objeto de crítica por parte de Clooney en ocasiones previas.

El historial romántico en pantalla de George Clooney es extenso y envidiable. A lo largo de su carrera, sus labios han rozado los de algunas de las estrellas más brillantes de Hollywood. En "Ocean's Eleven" (2001) y posteriormente en "Viaje al paraíso" (2022) compartió besos con Julia Roberts, su amiga cercana y colaboradora frecuente. Catherine Zeta-Jones fue su pareja en "Crueldad intolerable" (2003), mientras que Jennifer Lopez protagonizó con él "Un romance muy peligroso" (1998). La lista continúa con Michelle Pfeiffer en "Un día inolvidable" (1996) y Vera Farmiga en "Up in the Air" (2009), entre muchas otras.

Sin embargo, esta larga lista de conquistas cinematográficas no ha estado exenta de contratiempos. En septiembre de 2022, durante la promoción de "Viaje al paraíso", Clooney confesó a The New York Times que un director había cuestionado su técnica para los besos en pantalla. "Recuerdo que al principio de mi carrera tuve que hacer una escena de beso con una chica y el director me dijo: 'Así no'. Y yo pensé: 'Tío, ¡es mi jugada! ¡Así es como lo hago en la vida real!'", recordó con humor el actor. Esta anécdota revela la vulnerabilidad incluso de las estrellas más consolidadas cuando se exponen a la intimidad frente a las cámaras.

La colaboración con Julia Roberts en la comedia romántica de 2022 puso a prueba la paciencia de ambos intérpretes. La escena del beso requirió nada menos que 80 tomas para conseguir la versión final. "Le dije a mi mujer [Amal]: 'Me llevó 80 tomas', y ella me dijo: '¿Qué demonios?'", bromeó Clooney. Roberts, por su parte, añadió contexto a esta cifra: "Fueron necesarias 79 tomas en las que salimos riendo y luego una toma en la que salimos besándonos". La respuesta de Clooney fue contundente: "Bueno, teníamos que hacerlo bien". Esta metodología exhaustiva contrasta con la naturalidad que el actor intenta proyectar, demostrando que la perfección en el cine a menudo requiere repetición extrema.

Es curioso observar que dos de los premios más prestigiosos de su carrera, los Oscar que ganó en 2006 por "Syriana" y en 2013 por "Argo", correspondieron a películas donde no tuvo ninguna escena romántica. Este detalle no es baladí: su talento interpretativo brilla con mayor intensidad cuando no está sujeto a los convencionalismos del galán, sino cuando puede sumergirse en personajes complejos y narrativas de mayor profundidad.

La perspectiva de la edad ha sido un tema recurrente en las últimas declaraciones de Clooney. En marzo de este año, durante una entrevista con CBS, ya había adelantado su negativa a continuar en el género romántico, argumentando que no quería competir con protagonistas de 25 años. Ahora, con esta nueva declaración, eleva el listón de su compromiso: no solo rechaza las comedias románticas, sino cualquier secuencia de beso sin importar el género cinematográfico.

Esta decisión plantea interrogantes sobre sus proyectos futuros. El actor tiene varios trabajos en el horizonte, y los aficionados especulan sobre cómo afectará esta nueva regla a sus papeles. ¿Significará esto una transición hacia personajes más dramáticos o de acción? ¿O tal vez una mayor dedicación a la dirección y producción, facetas donde ya ha demostrado excelencia?

Lo que está claro es que Clooney no teme a la vejez, sino que la aborda con pragmatismo. Su comparación con Newman no es casual: ambos han construido carreras sólidas más allá del físico, y ambos han valorado el compromiso matrimonial por encima de las exigencias de una industria que a menudo sacrifica la coherencia personal en aras del espectáculo.

La reacción de Amal a esta decisión no ha sido pública, pero su influencia es evidente. Como pareja, han representado un modelo de relación basado en el respeto mutuo y la independencia profesional. Mientras él brilla en el cine, ella lo hace en los tribunales internacionales defendiendo causas de derechos humanos. Esta dinámica de poder equilibrado refuerza la legitimidad de su conversación sobre el futuro.

En definitiva, la elección de George Clooney marca el cierre de una época dorada del romanticismo cinematográfico. Sus besos en pantalla han formado parte del imaginario colectivo de varias generaciones, pero el actor prefiere terminar esta etapa por voluntad propia antes que verse forzado por las circunstancias. Es un acto de dignidad artística que, lejos de restarle relevancia, le añade una capa de madurez y coherencia a una carrera ya de por sí excepcional.

Hollywood perderá uno de sus galanes más carismáticos, pero ganará un actor más comprometido con su verdad personal. Y en una industria donde la autenticidad escasea, esta decisión podría ser el papel más memorable que George Clooney haya interpretado nunca: el de sí mismo, sin máscaras y sin besos de conveniencia.

Referencias