El Rayo Vallecano consiguió este jueves una clasificación agónica para la siguiente ronda de la Copa del Rey tras superar al Real Ávila por 2-1 en un encuentro vibrante que se decidió en la prórroga. Los de Íñigo Pérez necesitaron de un gol en el minuto 94 de Isi Palazón para forzar la prórroga y otro tantos de Álvaro García en el 119 para doblegar a un rival que se entregó hasta el último suspiro en el estadio Adolfo Suárez.
El conjunto abulense, militante en categorías inferiores, planteó un duelo intenso y bien ordenado que mantuvo en jaque durante gran parte del choque a un Rayo Vallecano que llegaba como favorito. Los locales, dirigidos por Marc García, demostraron una entrega excepcional y estuvieron a punto de consumar la sorpresa ante un oponente de Primera División que se vio sorprendido por la fortaleza defensiva y el orden táctico del equipo castellano-leonés.
El partido transcurrió con un dominio alterno en el que el Rayo intentó imponer su calidad y experiencia, mientras que el Ávila basaba su estrategia en una defensa sólida y en aprovechar las transiciones rápidas. La primera mitad dejó pocas ocasiones claras, con un conjunto local bien plantado en campo propio que frustraba las aproximaciones del equipo visitante. Los vallecanos, conscientes de la trascendencia del encuentro, buscaban con insistencia las bandas pero se topaban con una muralla defensiva bien cohesionada.
Tras el paso por los vestuarios, el guion no varió demasiado. El Rayo Vallecano aumentó su presión en busca del gol que desnivelara el marcador, pero el Ávila resistía con notable eficacia. La portería defendida por Samu se convirtió en una de las figuras del encuentro, con intervenciones decisivas que mantenían vivas las esperanzas de los suyos. La tensión era palpable en cada balón dividido y en cada acción a balón parado.
Cuando todo parecía encaminarse hacia una victoria histórica para el conjunto local, llegó el golpe de teatro. En el minuto 94, cuando el árbitro añadía el tiempo de descuento, Isi Palazón apareció en el área para batir a Samu con un disparo cruzado que significó el 1-1. La acción desató la euforia en el banquillo visitante y supuso un jarro de agua fría para una afición que ya cantaba la victoria. El gol obligaba a la prórroga y ponía a prueba la resistencia física y mental de unos jugadores abulenses que llevaban todo el partido cediendo terreno.
La prórroga confirmó el desgaste acumulado por el Real Ávila. Los minutos pasaban factura a un plantel que había dado todo sobre el césped. El central Pascual, uno de los más destacados en el eje de la zaga local, tuvo que abandonar el terreno de juego en el minuto 117 visiblemente agotado y con molestias físicas, siendo sustituido por Mario Camero. Su esfuerzo titánico simbolizaba la entrega de todo un equipo que se había dejado la piel en cada acción.
El Rayo Vallecano, consciente de la superioridad física que le confería la frescura de sus cambios, insistía por las bandas buscando centros al área. Las intervenciones de Samu seguían siendo determinantes, pero la presión visitante era constante y asfixiante. En el minuto 119, cuando el partido parecía abocado a la tanda de penaltis, llegó la jugada definitiva.
De Frutos se escapó por la derecha y puso un centro medido al corazón del área. Allí apareció Álvaro García, que con un cabezado preciso y pese a su estatura, superó a Samu, que se quedó a medio camino entre la salida y la estancia en la línea. El 2-1 certificaba la remontada y dejaba a los locales sin opción de reacción con tan solo un minuto por delante.
La crueldad del deporte se hizo evidente en el rostro de los jugadores del Real Ávila, que cayeron derrotados pero con la cabeza bien alta tras una actuación memorable. La afición, consciente del esfuerzo desplegado por sus jugadores, les tributó una calurosa ovación final que reconocía su magnífica actuación. El equipo de Marc García había estado más cerca de la sorpresa de lo que el marcador final refleja.
Por su parte, el Rayo Vallecano celebra una clasificación sufrida que le permite seguir vivo en una competición que le ilusiona. Los de Íñigo Pérez tendrán que mejorar sustancialmente su rendimiento si quieren aspirar a grandes cosas en el torneo del KO, ya que en esta ocasión estuvieron a punto de caer eliminados ante un rival de inferior categoría.
El sorteo ha emparejado al conjunto madrileño con el RCD Espanyol, a quien visitará el próximo 7 de diciembre en el estadio de Cornellá-El Prat. Será un duelo de Primera ante un rival directo en la lucha por la permanencia, lo que añade un plus de motivación al compromiso copero. Por su parte, el Real Ávila deberá reponerse rápidamente de la decepción para afrontar su compromiso liguero en Galicia ante el Coruxo, también el 7 de diciembre.
El encuentro deja varias enseñanzas para ambos conjuntos. El Rayo Vallecano demostró que tiene recursos para revertir situaciones adversas, aunque también evidenció problemas para superar bloques defensivos bien estructurados. La falta de efectividad en la definición estuvo a punto de pasarle factura, y solo la inspiración de sus jugadores más desequilibrantes en los instantes finales evitó la sorpresa.
El Real Ávila, por su parte, puede sentirse orgulloso de su actuación. El planteamiento táctico fue casi perfecto, la ejecución defensiva admirable y la entrega innegable. La diferencia de categoría solo se hizo evidente en los minutos finales, cuando el desgaste físico condicionó las opciones de un equipo que había competido de tú a tú contra un rival de elite. La experiencia adquirida en este tipo de compromisos es invaluable para un proyecto que aspira a crecer y consolidarse.
La Copa del Rey vuelve a demostrar su magia y su capacidad para generar emociones intensas. Partidos como este son los que engrandecen la competición, donde equipos modestos pueden soñar con hacer la machada y donde los grandes deben sudar para evitar el ridículo. La pasión desplegada por ambos conjuntos, la tensión de un desenlace en el último minuto y la épica de una remontada en la prórroga son los ingredientes que hacen de esta competición un evento especial en el calendario futbolístico español.
El rendimiento individual también merece mención. Samu, en la portería del Ávila, fue uno de los grandes protagonistas con una actuación soberbia que evitó una goleada. Su liderazgo desde la meta y sus intervenciones en momentos clave mantuvieron con vida a su equipo durante casi todo el encuentro. Por el Rayo, además de los goleadores, destacaron la labor de De Frutos en la creación de juego y la capacidad de Luiz Felipe para aguantar el tipo en defensa pese a las duras entradas recibidas.
El árbitro también tuvo que trabajar en un partido intenso con numerosas acciones ajustadas. Las tarjetas amarillas mostradas, especialmente la de Sisse por una dura entrada sobre Luiz Felipe, reflejaban la tensión de un duelo donde cada balón era una batalla. La gestión del tiempo añadido fue correcta y permitió que el guion dramático llegara a su climax con el gol de Isi en el último suspiro del tiempo reglamentario.
En definitiva, un partido memorable que quedará en la memoria de los aficionados del Real Ávila como una de esas noches mágicas donde su equipo estuvo a un paso de la gesta. Para el Rayo Vallecano, una advertencia de que en la Copa del Rey no hay rivales fáciles y que cualquier despiste puede costar caro. La competición continúa y ambos equipos ya piensan en sus próximos desafíos, con la lección bien aprendida de que en el fútbol, hasta el último segundo todo puede pasar.