Atlético Baleares elimina al Espanyol en la Copa del Rey

El conjunto balear de Tercera RFEF firma la sorpresa del torneo al apear al perico con un contundente 1-0 en Palma

La Copa del Rey volvió a demostrar por qué es el torneo de los sueños y las sorpresas. En una noche fría en el Estadio Balear de Palma, el Atlético Baleares, equipo de Tercera RFEF, escribió una de esas páginas que pasarán a la historia al eliminar al RCD Espanyol por un ajustado pero justo 1-0. La eliminatoria, correspondiente a los dieciseisavos de final, dejó en evidencia las carencias de un conjunto perico que, pese a su buen momento en LaLiga Santander, naufragó por completo en territorio mallorquín.

El encuentro comenzó con un guion que pocos esperaban. Los locales, con la motivación que otorga jugar ante un rival de categoría superior, salieron al césped con una intensidad que sorprendió a los visitantes. Desde el pitido inicial, el Atlético Baleares tomó las riendas del partido, presionando arriba y cerrando espacios con una organización táctica impecable. Los hombres de Manolo González, por su parte, parecían ajenos a la importancia del choque, mostrando una pasividad preocupante que les costaría caro.

Durante los primeros cuarenta y cinco minutos, el dominio territorial fue claramente balear. Los centrocampistas locales se mostraron superiores en la disputa de balones divididos, mientras que la zaga perica mostraba fisuras ante cada contraataque. Las ocasiones más claras llegaron por las bandas, con centros peligrosos que obligaron al portero visitante a intervenir en más de una ocasión. El Espanyol, lejos de imponer su calidad individual, se mostró impreciso en la circulación y sin ideas en la creación de juego. La falta de profundidad y la ausencia de movilidad en ataque hacían prever lo que vendría después.

La segunda mitad comenzó con un cambio de actitud en el conjunto barcelonés, pero fue el Atlético Baleares quien golpeó primero. A los pocos minutos de la reanudación, una jugada ensayada por la banda izquierda acabó con un centro medido que encontró la cabeza de Tovar, que batió la portería defendida por Pacheco. El 1-0 desató la euforia en las gradas y obligó al Espanyol a reaccionar con urgencia.

El gol sirvió como electroshock para los pericos, que por fin despertaron del letargo. Manolo González movió el banquillo con varios cambios ofensivos, introduciendo a Dolan, Terrats y Javi Hernández en busca de la igualada. La dinámica cambió radicalmente: el Espanyol pasó a dominar el balón y asediar el área rival con una lluvia de centros laterales y balones parados. Sin embargo, la falta de acierto y la fortaleza defensiva del Baleares mantuvieron intacta la ventaja.

Los últimos quince minutos fueron un asedio constante. El conjunto visitante apretó con desesperación, pero se encontró con un muro defensivo bien plantado y con un portero inspirado. Las llegadas por las bandas de Koleoshote y los centros de Javi Hernández se estrellaron una y otra vez contra la zaga local. Incluso en el tiempo añadido, el Espanyol tuvo su ocasión más clara: un balón muerto en el área pequeña que Roberto no logró empujar por milímetros.

El pitido final confirmó la eliminación del Espanyol y el paso a octavos del Atlético Baleares. La justicia deportiva quedó patente: los locales merecieron el triunfo por su entrega, su orden táctico y su eficacia en los momentos clave. Por el contrario, el conjunto perico mostró su peor versión, con una actitud pasiva durante gran parte del encuentro y una falta de ideas clamorosa cuando más se necesitaba.

Las repercusiones de este resultado son significativas. Para el Atlético Baleares, la clasificación supone un impulso económico y moral inmenso, además de la oportunidad de seguir soñando con un torneo que le da visibilidad nacional. Para el Espanyol, la eliminación representa un jarro de agua fría en una temporada que pintaba bien en el campeonato doméstico. La derrota pone en entredicho la capacidad del equipo para competir en dos frentes simultáneamente y evidencia la necesidad de reforzar la plantilla en el mercado invernal.

El análisis del partido revela varias claves. La primera, la importancia de la motivación en competiciones de este tipo. El Baleares jugó cada balón como si fuera el último, mientras que el Espanyol pareció dar por hecho su superioridad. La segunda, la efectividad defensiva frente a la posesión estéril. Los locales defendieron con orden y sacrificio, mientras que los visitantes acumularon balones parados sin generar peligro real. La tercera, la capacidad de los equipos modestos para competir cuando se juegan todo y el rival no está fino.

La Copa del Rey vuelve a demostrar que no entiende de categorías ni de presupuestos. Una noche mágica en Palma, una eliminación sorpresa y una lección de humildad para un Espanyol que deberá olvidar rápidamente este tropiezo y centrarse en LaLiga. Para el Atlético Baleares, el sueño continúa. Y eso es lo que hace grande a este torneo.

Referencias