El Palau Blaugrana presenció una auténtica demostración de poderío del Barça de balonmano ante el Paris Saint-Germain. El conjunto dirigido por Carlos Ortega no dio opción a los franceses y selló un triunfo contundente por 38-33 que sienta las bases para el acceso directo a los cuartos de final de la Champions League. La superioridad azulgrana fue tan evidente que el encuentro se convirtió en un monólogo local desde los primeros compases del duelo.
El partido, lejos de ser un duelo equilibrado entre dos gigantes del balonmano continental, se desniveló rápidamente gracias a un Barça que salió al parquet con una intensidad defensiva asfixiante y un ritmo ofensivo vertiginoso que dejó sin respuesta al PSG. La clave del encuentro estuvo en una primera mitad perfecta de los catalanes, que sentenciaron el choque antes de llegar al descanso con una ventaja abrumadora.
El primer tiempo: una lección de balonmano
Desde el pitido inicial, el Barça impuso su ley. La defensa presionaba arriba y recuperaba balones con facilidad, lo que permitía lanzar contragolpes demoledores. En este contexto, Dika Mem se erigió como la gran figura del encuentro. El extremo catalán estuvo encendido desde el primer minuto, anotando siete goles antes del descanso y demostrando una efectividad demoledora en cada acción. Su capacidad para desbordar por la banda y definir con precisión se convirtió en la pesadilla de la defensa parisina.
Junto a Mem, Aleix Gómez también brilló con luz propia. El lateral derecho sumó ocho tantos en el global del encuentro, liderando el ataque azulgrana con acierto y veteranía. Su conexión con el resto del equipo fue fluida, y su olfato goleador mantuvo al Palau Blaugrana en un estado de euforia constante durante los primeros treinta minutos.
El PSG, por su parte, mostró una imagen desconcertante. El conjunto galo pareció perder la brújula ante la presión culé, y solo el extremo Prandi mantuvo el tipo con un rendimiento individual destacable. El jugador francés anotó ocho de los dieciséis goles de su equipo en la primera mitad, prácticamente la mitad del total, evidenciando la falta de respuesta colectiva de los visitantes. Sin embargo, sus esfuerzos resultaron insuficientes para contener la avalancha azulgrana.
El resultado al descanso, 26-16, reflejaba a la perfección la diferencia de nivel entre ambos equipos. Los de Ortega habían firmado una actuación redonda, combinando eficacia en ataque con una solidez defensiva que dejó a los franceses sin opciones de crear peligro con regularidad.
La segunda mitad: gestión y orgullo visitante
Tras el paso por los vestuarios, el PSG intentó reaccionar aumentando la agresividad en defensa. Los parisinos salieron con otra actitud, más dura en el marcaje y con intención de recortar distancias. Sin embargo, la sensación dominante fue que nunca contaron con opciones reales de remontar un desventaja tan abultada. El Barça, consciente de su amplia renta, gestionó el ritmo del encuentro sin forzar excesivamente.
Prandi continuó siendo el único argumento ofensivo consistente del PSG y cerró su cuenta particular con 14 goles, un registro individual impresionante que, no obstante, no pudo evitar la derrota de su equipo. El extremo francés demostró su calidad, pero el balonmano es un deporte de equipo y careció del apoyo necesario para competir de tú a tú con el Barça.
Por parte culé, la intensidad bajó ligeramente, lo cual es comprensible ante una ventaja tan amplia. Aun así, el conjunto azulgrana mantuvo la diferencia en el marcador sin problemas, alternando momentos de relajación con acciones de calidad cuando el PSG amenazaba con acercarse. La rotación de jugadores permitió dar descanso a las figuras principales sin perder competitividad en la pista.
El resultado final, 38-33, certificó una victoria más que merecida para el Barça. Los cinco goles de diferencia finales no reflejan la verdadera superioridad exhibida por los catalanes, especialmente en la primera mitad, donde la diferencia llegó a ser de diez tantos.
Implicaciones en la clasificación
Este triunfo resulta fundamental para los intereses del Barça en la Champions League de balonmano. Con esta victoria, los azulgranas suman su octava victoria consecutiva en competición europea, una racha espectacular que les consolida en lo más alto de la clasificación del grupo. El paso de gigante hacia los cuartos de final es una realidad cada vez más cercana, y el equipo de Ortega depende de sí mismo para asegurar el acceso directo a la siguiente ronda.
La regularidad del Barça en esta fase de grupos ha sido excepcional. Cada partido supone una demostración de poderío tanto en defensa como en ataque, con un bloque sólido y equilibrado que combina la experiencia de veteranos como Aleix Gómez con la frescura y talento de jóvenes como Dika Mem. Esta mezcla resulta letal para cualquier rival que se cruce en su camino.
El PSG, por su parte, deberá reflexionar sobre su actuación. Aunque la segunda mitad mostró una mejoría, la imagen ofrecida en los primeros treinta minutos fue preocupante. El conjunto francés, que aspira a competir con los mejores de Europa, necesita encontrar la solidez colectiva que le permita afrontar los desafíos más exigentes sin depender exclusivamente del acierto individual de jugadores como Prandi.
El factor cancha y el ambiente del Palau
El Palau Blaugrana volvió a demostrar por qué es uno de los fortines más temidos del balonmano europeo. La afición respondió con una entrega total, animando sin descanso y creando un ambiente intimidatorio para el rival. El apoyo de la grada se convirtió en un plus motivacional para los jugadores, que respondieron con una actuación memorable.
La conexión entre el equipo y su público es uno de los activos más valiosos del Barça en esta competición. En los momentos clave, la energía de la grada se transmite a la pista y eleva el rendimiento de los jugadores. Este factor, aunque intangible, marca diferencias en encuentros de máxima exigencia como los de la Champions.
Perspectivas de futuro
Con este triunfo, el Barça no solo consigue puntos vitales en la clasificación, sino que también envía un mensaje claro al resto de candidatos al título: el equipo catalán está en forma, motivado y dispuesto a pelear por la gloria europea. La exhibición ante el PSG demuestra que los azulgranas tienen nivel para superar a cualquier rival cuando juegan a su mejor nivel.
La próxima fase de la competición exigirá mantener esta regularidad y seguir trabajando en los detalles que pueden marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso. La plantilla de Ortega parece tener la madurez y el talento necesarios para afrontar este reto con garantías.
En definitiva, el Barça firmó una noche memorable en el Palau Blaugrana. La combinación de una defensa implacable, un ataque fluido y las actuaciones estelares de Dika Mem y Aleix Gómez resultó demasiado para un PSG que nunca encontró su sitio en la pista. La victoria por 38-33 refuerza el liderazgo culé en Europa y acerca al equipo a los cuartos de final con paso firme y ambiciones intactas.