Ernesto Sevilla: humor, familia y la carrera que dejó atrás

Descubre la vida personal del cómico albaceteño, su hermana melliza dentista y su paso de Bellas Artes al éxito televisivo

Ernesto Sevilla se ha consolidado como una de las figuras más reconocidas del panorama cómico español. Con más de dos décadas de trayectoria, el albaceteño de 47 años ha pasado de los escenarios underground de la mano de La hora chanante a convertirse en un rostro familiar para millones de espectadores a través de series como La que se avecina o Museo Coconut.

Su reciente aparición en el programa El Hormiguero junto a Santiago Segura y Pablo Chiapella ha vuelto a ponerlo en el foco mediático, especialmente por el estreno de La Navidad en sus manos 2 en Netflix. Sin embargo, más allá de sus personajes y sketches, la vida personal de Sevilla guarda curiosidades que pocos conocen.

Orígenes familiares y una hermana melliza

Nacido en Albacete en 1978, Ernesto creció en un hogar profundamente vinculado al mundo educativo. Sus padres, Gabriel y Josefina, profesores ambos, crearon un ambiente donde el conocimiento y la cultura tenían un papel protagonista. En este contexto, Ernesto no fue hijo único, sino que compartió su infancia con dos hermanas: Carmen, la mayor, y Josefina, su melliza, que le precedió en el mundo apenas por quince minutos.

La relación con su hermana gemela ha sido siempre especial. Mientras él se decantó por el mundo del espectáculo, Josefina eligió una profesión completamente diferente: la odontología. En la actualidad ejerce como dentista en una clínica de la que su hermano es asiduo cliente. Con su característico humor, Ernesto no duda en bromear sobre ello, llegando a calificarla en redes sociales como la "dentista psicópata", siempre con el cariño que le caracteriza.

Esta dualidad profesional entre los hermanos gemelos refleja la versatilidad familiar. Mientras uno se dedica a arrancar sonrisas del público, la otra se encarga de mantenerlas sanas. Una simbiosis que Ernesto celebra públicamente, compartiendo fotografías en su consulta y mostrando con orgullo el trabajo de su hermana.

De los lienzos a los escenarios

Antes de que el humor se convirtiera en su vocación, el joven Ernesto tenía otros planes. Se matriculó en la carrera de Bellas Artes en la facultad de Cuenca, una decisión que revelaba su faceta creativa y artística. Sin embargo, el destino tenía preparado un guion diferente. El llamado del humor fue más fuerte y, aunque nunca ejerció como licenciado en Bellas Artes, esa formación artística nunca lo abandonó.

Durante el confinamiento, confesó en una entrevista a El Mundo: "Tengo un pasillo muy largo y estos días dibujo en sus paredes cuando me aburro. Como pienso pintarlo después... me da igual". Esta declaración resume su espíritu: la creatividad brota de forma natural, sin pretensiones, por puro disfrute. Su pasión por el dibujo permanece intacta, convirtiéndose en un hobby que le acompaña en los momentos de ocio.

Una amistad de toda la vida

Si hay una relación que ha marcado profundamente la trayectoria de Ernesto Sevilla, es la que mantiene con Joaquín Reyes. Ambos cómicos comparten una conexión que trasciende lo profesional, construida desde la más tierna infancia. "Nos conocemos desde que nacimos", llegó a afirmar Sevilla en una entrevista, subrayando la profundidad de este vínculo.

La historia entre ambos comienza mucho antes del éxito. Sus padres, todos ellos profesores, eran amigos, lo que propició que crecieran juntos. A pesar de la diferencia de edad—Reyes es cuatro años menor—compartieron aulas en la misma facultad de Bellas Artes. Esta convivencia temprana forjó una complicidad que luego trasladarían a la televisión, creando juntos algunos de los formatos más recordados del humor español.

El salto a la fama

El año 2002 marcó un punto de inflexión con el estreno de La hora chanante en la segunda cadena de Televisión Española. Este programa, de culto desde su primera emisión, revolucionó el humor en nuestro país con un estilo irreverente, absurdo y lleno de referencias pop. Ernesto Sevilla, junto a Joaquín Reyes y otros colaboradores, creó personajes inolvidables que se convirtieron en referentes generacionales.

El éxito de este formato abrió las puertas a Muchachada Nui, otro hito en la carrera del albaceteño. Ambos programas consolidaron su estatus como uno de los humoristas más influyentes de su generación, con un estilo particular que mezcla la sátira con el surrealismo más descarado.

Más allá del sketch

La versatilidad de Ernesto Sevilla quedó demostrada cuando comenzó a recibir ofertas para trabajar como actor en series de ficción. Su paso por La que se avecina le permitió mostrar otra faceta interpretativa, alejada del humor puro y duro, aunque siempre manteniendo su sello personal. Posteriormente, Museo Coconut le dio la oportunidad de liderar un proyecto televisivo con su particular estilo.

Esta transición del sketch a la interpretación tradicional no fue sencilla, pero Sevilla lo abordó con la misma naturalidad que caracteriza su trabajo. Su capacidad para adaptarse a diferentes formatos ha sido clave para mantenerse relevante en una industria en constante evolución.

Nuevos proyectos y presente

La colaboración con Santiago Segura y Pablo Chiapella en La Navidad en sus manos 2 representa su último proyecto cinematográfico. Esta secuela navideña, disponible en Netflix desde el 6 de diciembre, reúne a tres de los cómicos más populares de España en una comedia familiar que promete convertirse en un clásico de las fiestas.

La película llega en un momento dulce para Sevilla, que continúa explorando nuevas vías creativas sin abandonar sus raíces. Su presencia en El Hormiguero junto a sus compañeros de profesión demuestra que, a pesar de los años, mantiene intacta su capacidad para conectar con el público.

El legado de un humorista único

A lo largo de más de veinte años, Ernesto Sevilla ha construido una carrera basada en la autenticidad. Desde sus inicios en Albacete hasta convertirse en un referente nacional, su trayectoria combina talento, trabajo y una personalidad que no deja indiferente. La conexión con su familia, especialmente con su hermana melliza, y amigos como Joaquín Reyes, muestra un hombre que valora las relaciones personales por encima de la fama.

Su historia demuestra que no siempre es necesario ejercer la carrera universitaria para encontrar la vocación verdadera. Las Bellas Artes quedaron en un segundo plano, pero la creatividad aprendida en esos años permea todo su trabajo. Hoy, con casi cincuenta años, Ernesto Sevilla sigue siendo ese mismo chico de Albacete que dibuja en las paredes cuando se aburre, pero que también llena pantallas y escenarios con un humor inconfundible.

Referencias