El Craven Cottage presenció una noche que pasará a los anales de la Premier League como uno de los episodios más dramáticos de los últimos años. El Fulham, lejos de amilanarse ante la maquinaria del Manchester City, estuvo a las puertas de consumar una gesta que habría eclipsado cualquier otra hazaña en la historia reciente del fútbol inglés. Aunque la victoria final visitante dejó un regusto amargo en los aficionados locales, el espíritu exhibido por los de Marco Silva merece un capítulo aparte en esta jornada 14 de la competición.
El encuentro comenzó con el guion previsible. El City, líder indiscutible y con la confianza de un equipo que domina los grandes escenarios, desplegó su arsenal ofensivo desde el primer silbato. Los movimientos de Haaland y la precisión quirúrgica de De Bruyne desquiciaron una y otra vez la defensa londinense. A los 23 minutos, el noruego abría el marcador con un remate cruzado imposible para Leno. El segundo llegó antes del descanso, obra de Foden, que capitalizó un error en la salida de balón de los locales.
Con un 0-2 adverso, pocos esperaban lo que vendría después. El segundo tiempo arrancó con el City gestionando el resultado, pero un detalle táctico de Silva cambió el rumbo. La entrada de Willian por la banda izquierda y el desplazamiento de Pereira a una posición más central desestabilizaron el orden defensivo de los citizens. A los 58 minutos, un centro medido del brasileño la empujó Mitrovic para recortar distancias. El gol despertó a la grada y sembró la duda en el campeón.
Lo que siguió fue una avalancha de juego vertical del Fulham. El empate llegó en el 71, tras una jugada individual de Andreas Pereira que culminó con un disparo raso al palo largo. Ederson, intuido, no pudo evitar el 2-2. El City, acostumbrado a controlar los tiempos, vio cómo el partido se le escapaba de las manos. Guardiola movió ficha con triple cambio, pero la dinámica ya era otra.
El momento cumbre llegó en el 84. Una contra fulminante dejó a Decordova-Reid solo ante el portero. Su toque sutil superó a Ederson, pero el balón se estrelló en el poste. La grada se cubrió las caras. A un palmo del 3-2. A un palmo de la gesta. El rechace lo aprovechó el City para montar una transición que terminó con el 2-3, obra de Grealish en el 88. El golpe fue demoledor.
En los descuentos, el Fulham se volcó con corazón pero sin cabeza. Una última ocasión de Palhinha de cabeza se marchó por encima del larguero. El pitido final dejó a los jugadores locales exhaustos en el césped. Habían estado a un solo gol de la remontada que se habla durante décadas. La prensa especializada ya apunta que esta actuación, pese a la derrota, redefine el techo del equipo esta temporada.
El análisis táctico revela que Silva apostó por un 4-2-3-1 flexible que mutó a 3-4-3 en ataque. Esta osadía, poco frecuente contra el City, desnudó las contras pero generó superioridad numérica en zona de creación. El dato clave: el Fulham completó 18 pases progresivos en el último tercio, su mejor registro en lo que va de curso.
Para el Manchester City, la lección es clara: ni liderando cómodo puede relajarse. Guardiola admitió en rueda de prensa que "el fútbol te castiga si bajas el pistón». Los tres puntos mantienen a los suyos en lo más alto, pero la sensación de haber escapado por los pelos perseguirá al vestuario.
La Premier League 2025-26 ya tiene su primera gran historia. No importa que el marcador final refleje una derrota; lo que cuenta es que el Fulham demostró que, con fe y orden, cualquier gigante puede tambalearse. Los aficionados londinenses se fueron del estadio con el orgullo por las nubes y una certeza: este equipo dará mucho que hablar. La próxima vez, quizás, el balón entre en vez de al palo.