Xabi Alonso mantiene el respaldo del Real Madrid a la espera de la Supercopa

La directiva blanca mantiene su confianza en el entrenador tras la racha de empates, pero el torneo de Arabia Saudí se presenta como un punto de inflexión decisivo para el proyecto

La presión en el Real Madrid no entiende de pausas. Cada partido representa una prueba de fuego para el entrenador, una realidad inherente al gigantesco escudo que luce sobre el pecho. Xabi Alonso conoce perfectamente esta dinámica desde su llegada al banquillo blanco, y aunque los últimos resultados no acompañan, el club continúa transmitiendo una confianza que, de momento, no flaquea.

Tras encadenar tres empates consecutivos, las alarmas han comenzado a sonar con mayor intensidad en las oficinas del Santiago Bernabéu. La distancia con el Barcelona, que hace apenas unas jornadas parecía gestionable, se ha convertido en un abismo de cuatro puntos que obliga a mirar hacia arriba con preocupación. El desplazamiento a San Mamés se presenta como una nueva oportunidad para enderezar el rumbo, pero la sensación generalizada es que el equipo necesita algo más que buenas sensaciones.

El respaldo institucional permanece intacto, al menos en los despachos. Las evaluaciones en el Real Madrid no se realizan partido a partido, sino que siguen un calendario más amplio y reflexivo. La directiva analiza múltiples variables más allá del resultado inmediato: la actitud del grupo, el compromiso táctico, la evolución del juego y la capacidad de reacción ante la adversidad. En este sentido, Xabi Alonso sigue cumpliendo los requisitos básicos que le fueron exigidos cuando firmó su contrato.

Sin embargo, el mes de diciembre y las primeras semanas de enero se perfilan como un periodo crítico. El calendario no perdona y las oportunidades para revertir la tendencia son limitadas. La plantilla ha sido consciente de esta situación desde las reuniones mantenidas la semana pasada, algunas de las cuales contaron con la presencia de Florentino Pérez. El mensaje fue claro: los próximos compromisos exigen un salto de calidad y una entrega absoluta.

El choque contra el Girona, sin embargo, no reflejó esa mejoría esperada. Aunque el equipo mostró una actitud más comprometida, la falta de efectividad y los errores defensivos volvieron a dejar dos puntos por el camino. Una dinámica que empieza a agotar la paciencia de una afición acostumbrada a la excelencia y que no entiende de procesos cuando los títulos se escapan.

La Supercopa de España en Arabia Saudí emerge como el verdadero termómetro del proyecto Xabi Alonso. El torneo, que se disputará en Yeda a mediados de enero, no solo ofrece un título accesible, sino que representa una oportunidad de oro para recuperar la confianza y el prestigio. La competición llega en el momento justo, cuando el equipo necesita un revulsivo emocional y competitivo que aleje los fantasmas de la crisis.

La experiencia del curso pasado con Carlo Ancelotti sirve como referente y advertencia. El técnico italiano vivió su peor momento tras la derrota contundente en la Supercopa contra el Barcelona y el posterior sufrimiento en los octavos de Copa del Rey ante el Celta de Vigo. Fue precisamente Endrick, el joven delantero brasileño, quien se convirtió en el salvador inesperado con dos goles que evitaron la eliminación y, probablemente, la destitución de Ancelotti. En el club aún no comprenden por qué ese mismo futbolista, capaz de cambiar un destino, ahora apenas cuenta con minutos.

Aquella situación, vivida hace exactamente doce meses, fue calificada internamente como un equipo fuera de control. El caos táctico, la falta de respuestas y la sensación de barco a la deriva casi cuestan el puesto al entrenador más laureado de la última década. La lección quedó grabada: en el Real Madrid, los períodos de transición tienen fecha de caducidad y los resultados son el único argumento irrefutable.

Por el momento, esa sensación de descontrol no ha llegado con Xabi Alonso. El trabajo diario en Valdebebas mantiene su ritmo, los jugadores siguen creyendo en las indicaciones del cuerpo técnico y la planificación a medio plazo no se ha visto alterada. La confianza en el ex entrenador del Bayer Leverkusen se basa en su metodología, su conocimiento del club y su capacidad para transmitir ideas claras. Pero el fútbol, especialmente en la élite, es implacable con las buenas intenciones si no vienen acompañadas de victorias.

El propio Xabi Alonso ha sido consciente de esta realidad en cada comparecencia pública. En la previa del duelo en San Mamés, volvió a agradecer el respaldo activo de Florentino Pérez, pero también dejó claro que la plantilla debe traducir ese apoyo en rendimiento. Las palabras ya no sirven. Lo que se espera es una reacción contundente en el césped, una demostración de carácter que calme los nervios y devuelva la ilusión a una masa social que empieza a inquietarse.

La proximidad de la Supercopa multiplica la presión. Cada partido previo se convierte en un ensayo general para el torneo que puede definir el curso. Un mal resultado en Yeda, especialmente si llega ante el Atlético de Madrid en un hipotético derbi, abriría un debate que actualmente solo existe en los pasillos. La directiva no quiere llegar a ese punto, pero tampoco puede permitirse el lujo de despedir a un entrenador en plena temporada sin una alternativa clara y sin haber agotado todas las opciones de éxito.

El compromiso del grupo es indiscutible. En las reuniones internas, capitaneos y pesos pesados asumieron su responsabilidad y prometieron un cambio de actitud. El problema no radica en la falta de implicación, sino en la falta de acierto y, en ocasiones, de acierto táctico en momentos clave. Xabi Alonso debe encontrar la tecla que desbloquee el potencial de una plantilla llena de talento pero carente de la solidez necesaria para competir por todos los títulos.

El tiempo juega a favor y en contra del entrenador. Por un lado, la temporada es larga y quedan muchos objetivos por delante. Por otro, el calendario de enero no admite más errores. La Supercopa no es solo una opción más en el palmarés, es una necesidad urgente para un proyecto que necesita oxígeno y credibilidad. El Real Madrid no puede permitirse perder dos títulos en un mes sin que eso tenga consecuencias.

La figura de Endrick sigue generando debate interno. Mientras algunos sectores técnicos demandan su participación como solución a los problemas ofensivos, el cuerpo técnico prefiere una integración pausada. La contradicción entre lo que se vivió hace un año, cuando el brasileño salvó al equipo, y la actualidad, donde apenas tiene minutos, es un misterio que solo Xabi Alonso puede desvelar con sus decisiones.

La pelota está en el tejado del entrenador. Tiene el respaldo, tiene el talento y tiene la oportunidad. Lo que necesita son los resultados. La Supercopa de Arabia Saudí no será el final de ninguna historia, pero puede ser el principio del desenlace. En el Real Madrid, las segundas oportunidades existen, pero nunca llegan gratis. El precio, como siempre, se mide en victorias, títulos y capacidad para levantar trofeos cuando la presión alcanza su punto más álgido.

Referencias