Hace ya más de dos años que Olga Carmona inscribió su nombre en la historia del fútbol español. Con 25 años y procedente de Sevilla, la lateral izquierda marcó el gol que dio el primer Mundial a la selección femenina en aquella memorable final de Sydney frente a Inglaterra. Un tanto que no solo cambió el destino de un equipo, sino que transformó el panorama del fútbol femenino en España.
Aquel 20 de agosto de 2023 marcó un antes y un después. Hasta entonces, la Roja no había superado nunca una eliminatoria en un gran torneo. Desde aquel día, el equipo ha experimentado una metamorfosis competitiva inédita: cuatro finales en tres años, incluyendo la Nations League de 2024 y la reciente Eurocopa. Este viernes, en el gélido estadio de Kaiserslautern, la selección afronta la ida de una nueva final de la Liga de las Naciones contra Alemania, con la vuelta programada para el martes en el Metropolitano de Madrid.
El peso de la victoria y la gestión emocional
En una conversación previa al duelo germano, Carmona muestra una madurez que trasciende su edad. Reconoce que el día de la final del Mundial guarda lagunas en su memoria, recuerdos fragmentarios que se entremezclan con la intensidad del momento. "Recuerdo cosas puntuales", confiesa, aludiendo a la carga emocional que supuso marcar el gol decisivo y, horas después, enfrentarse a la noticia del fallecimiento de su padre.
Este contraste entre el éxito deportivo y el dolor personal ha forjado su carácter. La futbolista ha canalizado esta experiencia en un libro recientemente publicado, "El gol que lo cambió todo", donde desgrana los detalles de aquella jornada que cambió su vida. La obra no es solo un testimonio personal, sino un retrato de una generación que ha roto barreras.
La generación de oro y su legado dual
Cuando se le pregunta sobre el legado de este equipo, Carmona distingue entre dos dimensiones: el puramente futbolístico y el social. "Tenemos una responsabilidad enorme", afirma. Por un lado, el grupo ha establecido un estándar de excelencia que parece inalcanzable. Por otro, su impacto trasciende el terreno de juego, inspirando a nuevas generaciones y acelerando la igualdad en el deporte.
La capitana subraya que el éxito no ha llegado por casualidad. "Solo nosotras sabemos lo que nos ha costado", insiste, refiriéndose a los años de infrafinanciación, la falta de visibilidad y los obstáculos que tuvieron que superar para competir en igualdad de condiciones. Este contexto hace que cada título tenga un valor añadido, representando un paso adelante en la lucha por la igualdad.
El estilo de juego: una identidad innegociable
Uno de los pilares del éxito de la selección es su fiel adhesión a un estilo de juego basado en el control y la posesión. Carmona no duda al afirmar que su filosofía es innegociable. "Muy pocas selecciones en el mundo pueden hacer lo que nosotras reproducimos en el campo", asegura con orgullo.
Esta identidad, heredada y perfeccionada, se ha convertido en su principal fortaleza. La autocrítica y la búsqueda constante de mejora son rasgos distintivos de un grupo que, a pesar de los triunfos, nunca se da por satisfecho. "La autoexigencia nos mantiene en el top", explica, destacando que la mentalidad ganadora no se alimenta únicamente de victorias, sino de la evolución continua.
La nueva etapa con Sonia Bermúdez
El cambio en el banquillo, con Sonia Bermúdez al frente de la selección, ha supuesto un nuevo impulso para el equipo. Carmona describe el ambiente como "feliz y cómodo", señalando que la nueva seleccionadora ha sabido gestionar el talento del plantel manteniendo la esencia del grupo.
Bermúdez, exfutbolista de élite, aporta una visión que conecta con las jugadoras, comprendiendo sus necesidades tanto deportivas como personales. Esta conexión se traduce en un rendimiento en campo que mantiene el nivel exigido por ser campeonas del mundo.
El desafío alemán y la presión de los títulos
El duelo contra Alemania representa un nuevo capítulo en la historia de éxitos de la Roja. Las germanas, tradicionalmente dominadoras del fútbol femenino europeo, suponen un rival de máximo nivel. Sin embargo, la confianza del equipo español es sólida, fundamentada en una racha de resultados que les ha convertido en referentes mundiales.
Carmona aborda la presión de llegar a finales consecutivas con naturalidad. "Se da por hecho que debemos llegar a finales", reconoce, pero matiza que el verdadero valor está en valorar el proceso. La ilusión permanece intacta, alimentada por la responsabilidad de defender el título de Nations League conquistado en 2024.
La futbolista también menciona un detalle humano que conecta con su realidad: si levantan la copa, parte del premio servirá para ayudar a su madre con la hipoteca. Este gesto refleja la cercanía del equipo con sus raíces, lejos de la distancia que a menudo se asocia al éxito deportivo.
Mentalidad ganadora y futuro inmediato
La clave del dominio español reside en una mentalidad que combina humildad, trabajo y ambición. Carmona insiste en que ganar una vez es difícil, pero mantenerse en la cima es aún más complejo. La concentración constante y la exigencia personal son los motores que evitan la relajación.
Ante la pregunta de qué les diferencia de otras selecciones, la respuesta es clara: la capacidad de reproducir un modelo de juego único y la determinación de mejorarlo cada día. Este compromiso colectivo es el que les ha llevado a disputar su cuarta final en tres años.
El partido de Kaiserslautern no es solo una final más; es la oportunidad de cerrar el año 2025 con un título y consolidar la hegemonía de un equipo que ha revolucionado el fútbol femenino. La vuelta en Madrid será la coronación de un ciclo que, lejos de agotarse, parece tener aún mucho recorrido.
Para Olga Carmona, cada final es una oportunidad de demostrar que España no fue un simple destello, sino una realidad sostenida con trabajo, talento y una identidad clara. El desafío alemano será la prueba de fuego de una generación que ha aprendido a convivir con el éxito sin perder la esencia que les llevó a la cima del mundo.