La trayectoria de Chenoa representa un testimonio de coherencia en el competitivo mundo del espectáculo. Nacida en Mar del Plata en 1975, la cantante llegó a Mallorca con apenas ocho años, transportando en su equipaje una herencia musical que marcaría su destino. Sus padres, profesionales de la música, le ofrecieron una infancia atípica donde los conciertos eran el paisaje cotidiano. "Me acostumbraron a dormir entre el jaleo de los conciertos", recuerda. Tan familiar le resultaba ese ambiente que su cuna improvisada era el interior del bombo de la batería donde su padre, Luis, marcaba el ritmo de las actuaciones nocturnas.
Aquella exposición precoz a la escena forjó en ella una naturalidad escénica que pocos artistas consiguen desarrollar. Con doce años, en Maspalomas, vivió su primera experiencia ante el público. Sus padres trabajaban en la zona hotelera durante las navidades, y una noche especial la vio subirse a las tablas para interpretar 'White Christmas' junto a su padre al piano. "Llevaba una falda blanca, tengo la foto en la cabeza porque fue un impacto", confiesa. Aquel villancico clásico se convirtió en su carta de presentación formal al mundo del espectáculo.
Sin embargo, el camino hacia el estrellato no fue directo ni fácil. Durante seis años, Chenoa mantuvo una doble vida profesional que agotaría a cualquiera. Por las mañanas, abría las puertas de la guardería Ratolíns donde trabajaba como educadora infantil. Por las noches, se transformaba en la voz del Casino de Mallorca. "Llegaba a casa a las doce de la noche, y a las seis ya estaba de vuelta en la calle", describe sobre aquella época de sacrificio. Fue precisamente entre el bullicio de los niños donde recibió la llamada que cambiaría su vida: había superado el casting de Operación Triunfo.
La academia de OT se convirtió en el trampolín que proyectó su nombre a toda España. Pero la fama trajo consigo un desafío inesperado. Su carácter directo y sin filtros generó dos reacciones opuestas: mientras una parte del público se identificaba con su autenticidad, otros sectores la criticaban por no adaptarse al molde tradicional de la artista complaciente. Chenoa no duda en calificar aquellos ataques como "prejuicios de los 2000". En una época donde no existían movimientos como Me Too ni el activismo digital actual, los comentarios sobre su estética, su forma de hablar o su supuesta prepotencia eran constantes. "¡Qué cansinos!", exclama al recordar aquellos años.
Frente a la presión por homologarse, la artista tomó una decisión radical que ha definido su carrera: "Decidí no venderme, y no me vendí, no me dio la gana". Esta declaración de principios se convirtió en su mantra personal y profesional. Mientras otras figuras optaban por conformar una imagen comercial, Chenoa prefirió mantener su integridad, aunque eso implicara enfrentar rechazos o verse relegada en determinados momentos.
Aquella firmeza ideológica, lejos de perjudicarla, ha construido una carrera sólida y respetada. A lo largo de más de dos décadas, ha demostrado que es posible sobrevivir en la industria sin renunciar a la esencia personal. Sus discos, sus actuaciones y, sobre todo, su conexión genuina con el público han validado su estrategia.
El presente de Chenoa muestra a una artista en su mejor momento. Lejos de la nostalgia, mira hacia adelante con optimismo. "Este ha sido el mejor año de mi vida", afirma con contundencia. La razón de tanta satisfacción radica en su nueva etapa televisiva. Proyectos como OT 2025 y 'Tú cara me suena' le han devuelto la ilusión y le ofrecen el equilibrio que la música, por su naturaleza inestable, no le proporcionaba.
"Reconozco que estoy muy feliz con lo que estoy haciendo en este momento. Me estoy dando un poquito de alegría y un poquito de paz", confiesa. La artista valora poder disfrutar de su trabajo sin la presión constante de la industria discográfica. "Me merezco que lo que haga tenga un equilibrio, y con la música no es así", argumenta sobre su decisión de enfocarse en la televisión.
Aunque no descarta retomar la música en el futuro, por ahora sus prioridades son claras. La pequeña que dormía en el bombo de la batería ha crecido para convertirse en una mujer que domina su propio destino. Su historia demuestra que la autenticidad, lejos de ser un obstáculo, puede ser la mejor estrategia de supervivencia en un mundo donde muchos optan por la conformidad. Chenoa no solo sobrevivió a los prejuicios de los 2000, sino que los convirtió en la base de un legado basado en la coherencia y el respeto propio.