La noche del viernes quedará grabada en la memoria del Manuel Pellegrini más feliz. El técnico chileno, que acababa de sellar su continuidad al frente del Betis para la próxima temporada, presenció cómo su equipo firmaba una de esas actuaciones que pasan a la historia del club verdiblanco. La victoria por 2-0 en el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán no solo representó tres puntos más en la clasificación de LaLiga, sino que significó el primer triunfo del entrenador como visitante en la casa del eterno rival.
El contexto no podía ser más propicio para una celebración de estas características. Horas antes del pitido inicial, el club heliopolitano había hecho pública la noticia de la extensión del contrato del 'Ingeniero', un gesto de confianza mutua que encontró su mejor respuesta sobre el césped. En la zona mixta, con el rostro radiante pero manteniendo su característica compostura, Pellegrini analizó lo sucedido para los micrófonos de Movistar LaLiga TV.
"El plano personal es absolutamente secundario", fue su primera declaración cuando le preguntaron por la coincidencia entre su renovación y el triunfo. Esta frase resume a la perfección la filosofía de un entrenador que siempre ha priorizado el colectivo por encima de lo individual. Sin embargo, nadie podía negar que el timing resultaba casi poético: renovación y victoria histórica en el mismo día.
El desarrollo del encuentro ofreció dos caras claramente diferenciadas. La primera mitad se caracterizó por una tensión palpable, con ambos conjuntos mostrándose excesivamente respetuosos y, en consecuencia, algo frenéticos en sus acciones. "Es que el derbi es el derbi", explicó el técnico con una sonrisa cómplice, "suelen darse hechos de esa naturaleza, nadie quiere cometer errores". Esta precaución mutua generó un juego de ida y vuelta sin profundidad, donde las ocasiones claras brillaron por su ausencia.
El Betis, lejos de intimidarse ante la magnitud del choque, salió al campo con la personalidad que Pellegrini ha intentado inculcar desde su llegada. "Era muy importante para nosotros venir aquí con la personalidad que tratamos de inculcarle siempre a este equipo", subrayó. Esa mentalidad se tradujo en una presión alta y en intentar tomar el control del balón desde los primeros compases, aunque la ansiedad propia del derbi provocó que las jugadas finalizaran con precipitación.
El paso por los vestuarios resultó determinante. El Betis volvió al terreno de juego con una calma que contrastaba con la fiebre del primer acto. "En el segundo tiempo bajamos un poco las revoluciones una vez que bajamos el balón", reconoció el chileno. Esta mayor serenidad permitió a los verdiblancos asociarse con criterio, encontrar espacios en la defensa hispalense y crear ocasiones de gol de forma reiterada. Los dos tantos que certificaron la victoria podrían haber sido más si la puntería hubiera estado más afinada. "Hicimos dos goles y tuvimos por lo menos tres mano a mano", detalló Pellegrini, satisfecho con el rendimiento ofensivo.
La valentía táctica del entrenador se manifestó en una decisión concreta: la apuesta por Pablo García en el once inicial. El joven futbolista ocupó la plaza de Antony, una de las bajas sensibles del equipo, y respondió con una actuación prometedora. "Dentro de las características que tenemos, el que mejor podía reemplazar a Antony era Pablo García", justificó el técnico. "A pierna cambiada, encarador, busca remate... Era el sustituto ideal".
El elogio hacia el canterano no quedó ahí. Pellegrini, con su experiencia de tres décadas en los banquillos, entiende que estos partidos son los que forjan a los futbolistas de élite. "Respondió como esperábamos, un jugador que está comenzando, que tiene muchas cualidades para ser un gran jugador", analizó. No obstante, añadió una advertencia constructiva: "todavía le falta para estar, pero con estos partidos se van haciendo". Es esa capacidad para potenciar talento sin generar presión excesiva una de las señas de identidad del entrenador.
La lista de ausencias era considerable y de máximo nivel. Isco Alarcón, Giovani Lo Celso, Antony, Sofyan Amrabat y Héctor Bellerín, todos ellos piezas clave en el esquema habitual, permanecieron en la grada por diversos motivos. Ante este escenario, muchos equipos habrían echado mano de las excusas, pero no el Betis de Pellegrini. "Lo más importante es que tuvimos bajas muy importantes, pero hay un plantel comprometido y nunca nos hemos quejado por los que no están", sentenció con rotundidad. Esta frase encapsula el espíritu ganador que ha permeado la institución.
La exigencia, según el técnico, debe recaer siempre sobre los presentes. "Hay que exigirle a los que están", recalcó, dejando claro que en su modelo no existen excusas válidas. Esta filosofía ha permitido al Betis mantenerse competitivo en las tres competiciones que disputa, rotando efectivos sin que el nivel decaiga de forma alarmante. "No hay equipo A y B", insistió Pellegrini, "en cada partido intentamos ver quiénes están mejor por recuperación, por carga, por muchísimas cosas que la prensa durante la semana no sabe pero uno internamente sí".
Esta última declaración revela la complejidad de la gestión de un plantel moderno. Factores como la carga de minutos, el estado físico, el riesgo de lesión o incluso aspectos psicológicos determinan las alineaciones. El entrenador chileno, con su método tan analítico, valora estos elementos antes de confeccionar cada once, algo que escapa al análisis superficial de la actualidad futbolística.
El triunfo adquiere mayor mérito si se considera el momento del Sevilla. Los de Nervión llegaban al derbi tras imponerse al FC Barcelona en el mismo feudo, un resultado que les había inyectado moral. "El Sevilla es un buen equipo, trató de jugar", reconoció Pellegrini con deportividad. Sin embargo, la personalidad del Betis para imponer su fútbol en un escenario tan hostil resultó decisiva. "Me gustó la personalidad del equipo de salir a ganar el partido en un campo donde recién el Sevilla le había ganado al Barcelona", valoró.
Esta capacidad para competir de tú a tú en cualquier estadio define al proyecto heliopolitano. Desde su llegada, Pellegrini ha inculcado una identidad basada en el dominio del balón, la presión ordenada y la valentía para desarrollar su juego sin complejos. El derbi del Sánchez-Pizjuán fue la materialización perfecta de estos principios.
La victoria no solo significa un golpe moral en la tabla, sino que refuerza la confianza en el modelo de juego. En una temporada donde el calendario se ha vuelto más exigente que nunca por la participación europea, demostrar que el equipo puede mantener su nivel con rotaciones es un activo invaluable. Los jugadores que habitualmente no tienen tantos minutos demostraron estar preparados para la cita, algo que habla muy bien del trabajo diario en los entrenamientos.
El mensaje final de Pellegrini fue claro y contundente: el Betis compite siempre, independientemente de las circunstancias. La plantilla está comprometida con los objetivos, y cada jugador asume su responsabilidad cuando le toca actuar. Esa cultura de trabajo, unida a una idea futbolística clara, convierte al conjunto verdiblanco en un rival temible para cualquier adversario.
El derbi sevillano dejó varias enseñanzas. La primera, que la renovación de Pellegrini no es un acto de fe, sino una decisión basada en resultados y, sobre todo, en un estilo de juego reconocible. La segunda, que el Betis posee una plantilla con suficiente calidad y compromiso como para afrontar los retos más exigentes incluso con ausencias notables. Y la tercera, que el espíritu de un equipo se forja en victorias como esta, las que se consiguen en el campo del eterno rival, con la presión máxima y la exigencia al límite.
Cuando el árbitro pitó el final, los miles de seguidores verdiblancos que habían hecho el desplazamiento estallaron en júbilo. Pellegrini, desde el borde del césped, permitió una sonrisa de satisfacción. Sabía que este triunfo iba más allá de los tres puntos. Era una confirmación de que el proyecto sigue vivo, que la confianza del club en su figura estaba justificada, y que los hinchas, efectivamente, se merecían una noche así.
El camino continúa con la misma ambición de siempre. La Europa League y la Copa del Rey siguen en el horizonte, y LaLiga exige regularidad. Pero después de una noche como esta, el Betis de Pellegrini demostró que tiene alma, carácter y calidad para soñar en grande. El derbi fue una fiesta para los verdiblancos, pero también una lección de fútbol: con trabajo, ideas claras y valentía, se pueden conquistar los escenarios más difíciles.