Linda Hamilton habla de sus 20 años de celibato y su nueva etapa en Stranger Things

La mítica Sarah Connor de Terminator se incorpora a la última temporada de la serie de Netflix y reflexiona sobre su salud mental y su vida personal

Linda Hamilton, la actriz que inmortalizó a Sarah Connor en la saga Terminator, regresa a la televisión en la quinta temporada de Stranger Things. A sus 69 años, aprovecha su nueva etapa para hablar abiertamente de su trastorno bipolar y de una decisión que ha marcado su vida: el celibato voluntario durante dos décadas.

Su incorporación a la ficción de los hermanos Duffer supone un guiño nostálgico para los fans del género. La serie, ambientada en los ochenta, encuentra en Hamilton un vínculo directo con esa era. Interpretará a la enigmática Doctora Kay, una mujer con planes secretos en un Hawkins aislado. La actriz describe a su personaje como alguien con "deseos personales profundos" que la hacen fascinante, además de su naturaleza despiadada, que encontró "divertida" de interpretar.

Este regreso llega tras su reaparición en Terminator: Destino oscuro (2019). Lejos de buscar solo roles de acción, Hamilton elige proyectos que le permiten explorar matices psicológicos complejos, tanto en pantalla como en su vida real.

La salud mental ha sido central en su discurso público desde que le diagnosticaron trastorno bipolar. "Literalmente, no tuve la sensatez de callarme", reconoce con ironía. Su objetivo: contribuir a la comprensión de una enfermedad que afecta a millones. "No me gusta el misterio, y si puedo ayudar a personas que luchan con sus comportamientos, sé lo que es. Sé lo que es luchar 20 años por comprenderlo", afirma.

La muerte de su padre cuando tenía cinco años marcó su infancia, sumiendo su familia en una dinámica compleja que influyó en su desarrollo. Esta pérdida temprana, unida a las dificultades de convivir con un trastorno no diagnosticado, forjó una personalidad resiliente.

Esa introspección profunda la llevó al celibato hace veinte años. Una decisión que, lejos de ser una renuncia, se ha convertido en fuente de plenitud. "No me arrepiento de irme a la cama sola por la noche", declara contundente. Matiza: "Bueno, con mis dos preciosas perritas, Gladys y Wilma; hay que tocar y acariciar algo, ¿sabes?".

Hamilton posee una visión equilibrada sobre las emociones. Para ella, dolor y felicidad son experiencias válidas sin jerarquía. "¿Por qué es peor el dolor que la felicidad? Para mí, todo tiene la misma importancia", reflexiona. Esta perspectiva le permite abrazar su situación sin victimizarse. "Así que, para mí, funciona", concluye.

Reconoce que su elección la sitúa en una corriente que gana terreno entre jóvenes. Sin buscarlo, se ha convertido en referente del movimiento volcel (voluntariamente célibe), que promueve la abstinencia como decisión empoderadora. Entre sus figuras más conocidas está la cantante Rosalía. Hamilton, sin embargo, se muestra reacia a imponer su modelo: "Intento no imponer mis creencias a nadie, porque soy una persona muy particular".

Su vida transcurre lejos del estrépito de Hollywood, en un entorno donde el amor adopta formas no convencionales. "Tengo todo el amor del mundo. Todos los días", asegura. Este amor proviene de sus mascotas, su entorno cercano y, fundamentalmente, de su relación consigo misma. Gladys y Wilma simbolizan esa necesidad de conexión que se canaliza de manera diferente.

La decisión de Hamilton de compartir su experiencia responde a un propósito: normalizar elecciones que desafían expectativas sociales. En una industria obsesionada con la juventud y las relaciones románticas, representa una voz que aboga por la autenticidad.

Su trayectoria, marcada por personajes fuertes como Sarah Connor, refleja su evolución personal. Connor, la madre guerrera, encarna la lucha contra circunstancias adversas. Hamilton, en su vida real, ha librado batallas similares contra la enfermedad mental y las presiones sociales, emergiendo con una claridad de propósito que trasciende el entretenimiento.

La incorporación de Hamilton a Stranger Things es un puente generacional. Los hermanos Duffer encuentran en ella un símbolo vivo de los ochenta. Para los espectadores jóvenes será una cara nueva; para los veteranos, una reencarnación de la fortaleza que ya admiraron.

Más allá de su trabajo, Hamilton se ha convertido en defensora inconsciente de la salud mental y la libertad personal. Su franqueza ha ayudado a desmitificar el trastorno bipolar. Su honestidad sobre el celibato cuestiona la narrativa dominante que asocia la realización personal con la vida en pareja.

La actriz insiste en que su felicidad actual es completa. "Estoy en mi mejor momento", declara sin dudar. Esta afirmación cobra peso viniendo de alguien que ha navegado por la turbulencia de la enfermedad mental, la pérdida familiar temprana y la fama. Su "mejor momento" no depende de un blockbuster o una relación, sino de una paz interior conquistada.

En un mundo donde las redes presionan para compartir cada aspecto de la vida, Hamilton ha encontrado equilibrio. Comparte lo que puede ayudar, pero guarda el espacio que necesita. Su celibato no es una condena, sino una elección consciente.

La conexión con el movimiento volcel sugiere que su mensaje resuena más allá de su cohorte demográfica. Las mujeres jóvenes que eligen el celibato como empoderamiento encuentran en Hamilton validación. La actriz, sin embargo, prefiere no erigirse en líder, sino compartir su verdad.

Con Stranger Things, Hamilton añade otro personaje memorable a su filmografía. La Doctora Kay, con sus planes secretos, podría convertirse en el siguiente ícono de una carrera llena de mujeres fuertes.

La historia de Linda Hamilton es un recordatorio de que la verdadera fuerza reside en la capacidad de confrontar la verdad de uno mismo. Ya sea luchando contra máquinas del futuro o contra los propios demonios, la actriz ha demostrado una coherencia que trasciende el entretenimiento.

A medida que se acerca el estreno de Stranger Things el 26 de noviembre, la expectativa crece no solo por resolver los misterios de Hawkins, sino por ver cómo Hamilton deja su huella. Su presencia garantiza intensidad y profundidad.

En definitiva, Linda Hamilton representa una versión de la madurez en Hollywood que rara vez se ve: honesta, sin filtros y cómoda en su propia piel. Sus 20 años de celibato no son una nota curiosa, sino la expresión de una filosofía que prioriza la autenticidad. Mientras otros buscan la eterna juventud, ella ha encontrado la eterna paz.

Referencias