La noche del jueves 27 de noviembre de 2025 quedará marcada en la memoria televisiva como una de esas excepcionales jornadas donde la ausencia de un referente consagrado altera por completo el equilibrio de fuerzas en la parrilla. La baja médica de Andreu Buenafuente, uno de los pilares indiscutibles de La 1, creó un vacío inesperado que las cadenas rivales aprovecharon de formas muy distintas, con resultados que hablan tanto de la fortaleza de ciertos formatos como de la evidente debilidad de otros. Este tipo de situaciones, impredecibles pero altamente reveladoras, sirven como termómetro perfecto para medir la salud real de cada cadena y cada programa.
El prime time, esa franja codiciada que decide cada noche cuál es la cadena más vista, ofreció una de las sorpresas más destacadas de la temporada. Mientras La 1 reestructuraba su oferta sin su estrella, fue Horizonte, el programa de reportajes e investigación de Cuatro, quien supo leer mejor que nadie el momento para situarse como la opción preferida por el público. Con una cuota de pantalla del 11,7%, el espacio firmó una de sus mejores entregas del curso, demostrando que cuando se ofrece contenido de calidad en el momento oportuno, la respuesta del espectador no se hace esperar. Este dato no solo representa un éxito aislado, sino que confirma la tendencia ascendente de un formato que ha sabido encontrar su hueco en una parrilla cada vez más competitiva.
Este dato resulta especialmente significativo si consideramos que Horizonte no suele ser un habitual del liderazgo en esta franja. Su éxito del jueves habla de una audiencia ávida de propuestas diferentes al entretenimiento convencional, pero también de la capacidad de Mediaset para posicionar sus productos cuando la competencia muestra flancos débiles. La ausencia de Buenafuente, lejos de beneficiar directamente a La 1, terminó siendo un regalo inesperado para la cadena de Paolo Vasile. La estrategia de programación de Cuatro, que ha apostado por contenidos de investigación y reportajes de actualidad, encuentra en este resultado una validación clara de su apuesta editorial.
Mientras tanto, en Telecinco, la situación no podía ser más preocupante. Gran Hermano, el reality que durante años fue sinónimo de audiencia masiva y liderazgo indiscutible, continúa sumergido en una crisis sin precedentes que parece no tener fin. Los datos del jueves son, si cabe, más alarmantes que los de semanas anteriores. El previo del reality, que debería servir como aperitivo para enganchar al espectador, se hundió hasta el 5,4%, quedando incluso por detrás de Cifras y letras en La 2, que obtuvo un 6,4% en la misma franja. Esta situación, donde un programa de máxima factura y presupuesto es superado por un formato clásico y de bajo coste de la segunda cadena de TVE, debería provocar una profunda reflexión en la dirección de Telecinco.
La gala principal, lejos de remontar, confirmó la tendencia negativa al registrar un 11% de cuota de pantalla, cifra que representa un nuevo mínimo histórico para el formato en la historia de Telecinco. Estos números no son un accidente aislado, sino la confirmación de un desgaste progresivo que lleva semanas manifestándose. El reality, que en ediciones anteriores superaba holgadamente el 20% de share, ahora lucha por mantenerse en dos dígitos, una caída vertiginosa que debería encender todas las alarmas en la dirección de la cadena. La caída es tan pronunciada que incluso programas de nicho o reposiciones están consiguiendo acercarse a sus cifras.
La pregunta que surge es inevitable: ¿ha llegado Gran Hermano al final de su ciclo? Los datos apuntan a que el formato, tras múltiples ediciones y spin-offs, ha perdido su capacidad de sorpresa y atracción. La audiencia parece cansada de una dinámica repetida, y las estrategias de casting y edición no están consiguiendo reconectar con el público. Para Telecinco, que ha basado gran parte de su estrategia en el reality, estos números son un problema estructural que requiere soluciones drásticas. La cadena necesita reinventar el formato o encontrar un sustituto capaz de asumir el liderazgo que Gran Hermano ha perdido.
En el terreno del access, la historia fue otra, pero con un protagonista igual de familiar. El Hormiguero, el programa de Pablo Motos en Antena 3, volvió a demostrar por qué lleva años siendo el líder indiscutible de su franja. Con un 16% de cuota de pantalla, el formato de entrevistas y humor consolidó su dominio, dejando claro que su conexión con el público no depende de las circunstancias externas. La química entre Motos y sus colaboradores, la capacidad para generar momentos virales y la selección de invitados relevantes convierten al programa en una máquina de audiencia fiable y constante.
La competencia directa, La revuelta en La 1, sufrió un revés significativo al caer hasta el 13,4%, perdiendo más de un punto respecto a la semana anterior. Esta caída, en la misma noche en que la cadena pública perdía a Buenafuente, dibuja un panorama preocupante para la franja de máxima audiencia de la tarde. La distancia de casi tres puntos con El Hormiguero refleja una diferencia de ritmo, propuesta y, sobre todo, conexión con la actualidad. La 1 necesita repensar su estrategia de access si quiere competir de verdad con el imperio de Antena 3 en esta franja.
El refrito de Futuro imperfecto en La 1, a pesar de no ser una entrega original, resistió mejor de lo esperado con un 8,7%, demostrando que la ficción española de calidad mantiene su tirón incluso en reposición. Este dato es especialmente relevante porque muestra que el público valora el producto nacional y que las reposiciones, si están bien seleccionadas, pueden ser una opción viable para rellenar huecos programáticos. En laSexta, El intermedio firmó un sólido 7,8%, consolidándose como referente del humor político, mientras que el documental Los Borbones: una familia real alcanzó el 6,4%, un dato respetable para un género que tradicionalmente tiene audiencias más reducidas pero fieles.
El resto de la parrilla ofreció matices interesantes. La encrucijada en Antena 3 se mantuvo estable con un 8,5% en prime time, mostrando una consistencia que otros formatos envidiarían. La estabilidad de este programa habla de una audiencia fidelizada que busca contenido de investigación y reportajes sociales. En Cuatro, First Dates obtuvo un doble pase con 6,7% y 8,5%, demostrando que el dating show mantiene su fidelidad de público y que su fórmula, lejos de agotarse, sigue funcionando en la franja de prime time.
Los datos completos de la noche dibujan un ranking donde la audiencia se reparte de forma más fragmentada que nunca. La batalla por el liderazgo ya no es entre dos o tres grandes, sino entre múltiples propuestas que comparten porciones cada vez más pequeñas de la tarta. En este contexto, la capacidad de adaptación y la oferta de contenido diferenciado se convierten en las únicas armas efectivas. Las cadenas que entienden esto, como Antena 3 con El Hormiguero o Cuatro con Horizonte, están ganando terreno. Las que insisten en formatos agotados, como Telecinco con Gran Hermano, pagan el precio de la falta de innovación.
La lección del jueves es clara: la televisión española vive un momento de transición donde los referentes tradicionales pierden peso y nuevas (o no tan nuevas) propuestas encuentran su oportunidad. La ausencia de Andreu Buenafuente no solo dejó ver la dependencia de La 1 de su estrella, sino que también reveló el hambre de audiencia por contenidos que no sigan las fórmulas gastadas. Horizonte lo entendió perfectamente y ofreció exactamente lo que el público buscaba. Gran Hermano, en cambio, sigue sin encontrar la tecla y parece condenado a un declive que solo una revolución interna podría revertir. La televisión del futuro pertenece a quienes saben leer los cambios y adaptarse rápidamente.