Balizas V16: no habrá prórroga en 2026 pero sí flexibilidad inicial

El director de la DGT confirma que la obligatoriedad es inamovible a partir del 1 de enero, aunque los agentes serán tolerantes los primeros días

A menos de treinta días para que finalice el año, España se prepara para una transformación significativa en materia de seguridad vial. La llegada de 2026 traerá consigo la desaparición definitiva de los tradicionales triángulos de emergencia, sustituidos por las modernas balizas V16 conectadas. Este cambio, anunciado con cinco años de antelación, genera aún cierta expectación y, sobre todo, numerosas interrogantes entre la población conductora.

El tiempo ha transcurrido rápido y, pese a la larga preparación, una parte considerable de automovilistas aún no ha adquirido este dispositivo. Las dudas no solo surgen por la funcionalidad del equipo, sino también por cuestiones relacionadas con la privacidad de los datos y su visibilidad real en condiciones adversas. Durante las últimas semanas, las tiendas físicas y plataformas digitales han registrado un incremento notable en la demanda, con promociones que desaparecen casi tan rápido como aparecen, especialmente en periodos como el Black Friday.

Sin embargo, entre quienes posponen las decisiones, conductores despistados y aquellos que aún resisten al cambio, es inevitable que el 1 de enero de 2026 haya vehículos circulando sin la baliza correspondiente. Esta realidad ha alimentado la especulación sobre una posible prórroga en la entrada en vigor de la normativa. Precisamente esta cuestión se trasladó hace unos días a Pere Navarro, máximo responsable de la Dirección General de Tráfico, durante el acto inaugural del VIII Encuentro de Ciudades para la Seguridad Vial y la Movilidad Sostenible.

La respuesta de Navarro dejó clara la postura oficial, aunque con un matiz importante. Por un lado, fue tajante al confirmar que no existirá ninguna prórroga, recordando que la normativa se anunció con media década de margen. Por otro, ofreció una garantía de pragmatismo: los agentes de la autoridad actuarán con flexibilidad durante un periodo inicial, centrándose fundamentalmente en la labor informativa y pedagógica antes que en la sanción pura y dura.

Esta doble vertiente significa que, si bien la fecha límite es estricta, aquellos conductores que aún recurran a los triángulos en los primeros días del año nuevo probablemente reciban solo un recordatorio verbal. No obstante, esta tolerancia tiene un límite temporal y no debe interpretarse como una invitación a la negligencia. La normativa es clara: a partir de enero, circular sin la baliza V16 homologada conllevará una multa administrativa mínima de 80 euros.

Es fundamental entender que la obligatoriedad abarca no solo la posesión del dispositivo, sino también su correcta homologación. Una baliza que no cumpla con los estándares técnicos establecidos equivaldrá a no llevarla, con idénticas consecuencias sancionadoras. Los conductores deben verificar que el producto adquirido incluya el certificado correspondiente y la marca de conformidad reglamentaria.

Las ventajas de este sistema son evidentes para la DGT. Navarro enfatizó que supone un salto cualitativo en protección, posicionando a España como referente europeo en prevención de accidentes. La posibilidad de señalizar una emergencia sin abandonar el vehículo elimina uno de los principales riesgos: el atropello del conductor mientras coloca los triángulos. Además, la conectividad permite transmitir la ubicación exacto del incidente a otros usuarios, creando una red de alerta temprana que beneficia a toda la comunidad vial.

No obstante, es crucial desmitificar ciertas creencias erróneas. La baliza V16 no actúa como un servicio de emergencias automático. Su función se limita a la señalización luminosa y geolocalizada. Por tanto, no sustituye la llamada telefónica a la compañía de seguros ni, en casos de gravedad, al servicio de urgencias. El protocolo sigue siendo el mismo: activar la baliza y, de forma paralela, contactar con los servicios correspondientes para gestionar la asistencia en carretera.

Otro aspecto que preocupa a los usuarios es la gestión de los datos personales. La baliza transmite información sobre la posición del vehículo, lo que plantea cuestiones legítimas sobre quién accede a estos datos y con qué finalidad. La normativa contempla salvaguardas, pero conviene que cada conductor revise las políticas de privacidad del fabricante y comprenda exactamente qué información se comparte y durante cuánto tiempo.

El mercado se ha inundado de opciones con precios y características diversas. Desde modelos básicos que cumplen con lo mínimo exigido, hasta versiones avanzadas con integración en aplicaciones móviles y funcionalidades adicionales. La recomendación es adquirir la baliza cuanto antes, evitando las aglomeraciones y posibles subidas de precios que se producirán en las últimas semanas del año.

Para aquellos que aún dudan, la estrategia de la DGT es clara: concienciación antes de sanción. Los controles se intensificarán progresivamente, pero la prioridad inicial será educar. Los agentes dispondrán de información para resolver dudas y orientar a los conductores, aprovechando cualquier incidente menor como oportunidad de sensibilización.

En resumen, el mensaje es inequívoco: la normativa entrará en vigor sin demoras, pero las autoridades comprenden que la adaptación masiva requiere un periodo de transición práctico. La responsabilidad recae en cada conductor: adquirir una baliza homologada, familiarizarse con su funcionamiento y entender que es un complemento, no un sustituto, de los procedimientos tradicionales de seguridad. El reloj avanza y, con él, la certeza de que los triángulos pasarán a la historia como un elemento del pasado motorizado.

Referencias