Marilyn Manson regresa a Madrid tras la tormenta de la cancelación

El controvertido artista actúa el 28 de noviembre en Vistalegre con un concierto que prohibe la presencia de medios, generando rechazo entre los periodistas musicales

La figura de Brian Hugh Warner, más conocido como Marilyn Manson, vuelve a Madrid este viernes 28 de noviembre después de siete años de ausencia en la capital. Su regreso a los escenarios españoles no pasa desapercibido, y lo hace en un momento en el que su carrera parece haber resistido una de las crisis de imagen más intensas de los últimos tiempos. El artista estadounidense presenta su nuevo material discográfico, One Assassination Under God - Chapter 1, un trabajo que le ha devuelto a la primera línea del metal comercial y que materializa su nueva etapa con la discográfica independiente Nuclear Beast, sello histórico que alberga nombres de la talla de Slayer o Sepultura.

El camino hasta aquí no ha sido sencillo. En 2021, la actriz Evan Rachel Wood, ex pareja del músico, presentó una denuncia formal acusándole de agresión sexual. Este fue el detonante de una serie de eventos que pusieron en jaque la reputación del cantante. A esa primera acusación se añadieron los testimonios de otras cuatro mujeres que denunciaron presuntos abusos emocionales y físicos por parte de Warner. Los rumores sobre supuestas obsesiones de índole pedófila y una condena a 20 horas de servicio comunitario por escupir a una videógrafa completaron un panorama desolador para su carrera pública.

El desenlace legal llegó con la retirada de una demanda por difamación que el propio Manson había interpuesto contra Wood, acompañada de una indemnización de 327 000 dólares a favor de la actriz. Un cierre que, lejos de acabar con su trayectoria, parece haber marcado el inicio de una sorprendente recuperación. En apenas tres años, el artista ha logrado reconstruir su imagen y convencer a una parte significativa de su audiencia de que se trató de una campaña orquestada en su contra.

La gira actual confirma esta resurrección profesional. Las entradas se agotan en cuestión de horas en prácticamente todas las ciudades que visita, una demostración de que su capacidad de convocatoria sigue intacta. Sin embargo, no todos los territorios han recibido su regreso con los brazos abiertos. El concierto inaugural de la gira en Brighton, Reino Unido, fue cancelado bajo la presión de colectivos activistas que argumentaron que el espectáculo iba en contra de los valores de la ciudad. Una excepción en un tour que, por lo demás, transita sin fricciones por el resto de Europa.

El show de Madrid, que tendrá lugar en el Palacio de Vistalegre, cuenta con la banda californiana Dead Posey como telonera. Pero más allá de la música, lo que ha encendido la polémica en España es la decisión del equipo del artista de prohibir la presencia de periodistas y fotógrafos acreditados. Una medida que afecta exclusivamente a los medios de comunicación y que deja sin cobertura profesional un evento de gran relevancia cultural.

La negativa a permitir el acceso de la prensa al concierto madrileño ha sido interpretada como un ataque directo al derecho a informar. La asociación Periodistas Asociados de Música (PAM) ha emitido un comunicado público en el que califica esta restricción de injustificada y perjudicial para el trabajo de los profesionales de la cultura. Curiosamente, la misma maquinaria de promoción que ahora cierra las puertas a los medios no dudó en utilizarlos para anunciar y vender las entradas de los conciertos.

Esta contradiccción no parece casual. Manson se encuentra en pleno proceso de rehabilitación pública, una fase en la que el control de la narrativa se convierte en una herramienta esencial. Al vetar la presencia de periodistas, su equipo busca gestionar la imagen que se proyecta de su regreso, evitando preguntas incómodas o críticas que pudieran enturbiar el mensaje de resurgimiento que quiere transmitir. Sin embargo, esta estrategia genera un efecto paradójico: cuanto más se intenta controlar la información, más se acentúa la polémica en torno a la figura del artista.

El fenómeno Manson plantea interrogantes sobre la naturaleza de la cancelación cultural y su efectividad real. Mientras algunos personajes públicos desaparecen completamente del mapa tras escándalos similares, otros como Warner demuestran una capacidad de resistencia que desafía las expectativas. Su caso ilustra cómo la lealtad de una base de fans sólida, combinada con una gestión estratégica de la comunicación, puede neutralizar incluso las acusaciones más graves.

La decisión de prohibir a los medios en el concierto de Madrid refuerza la idea de que el músico prefiere una relación directa con su audiencia, sin intermediarios que puedan filtrar o cuestionar su mensaje. Es una apuesta arriesgada que, de momento, parece funcionar en términos de ventas y expectación, pero que deja un regusto amargo entre los profesionales del sector.

El regreso de Marilyn Manson a España no es, por tanto, un simple concierto más en la agenda del entretenimiento. Es un caso de estudio sobre cómo se gestiona la reputación en la era digital, sobre los límites del perdón público y sobre el poder real de los movimientos sociales que promueven la rendición de cuentas. Mientras el Palacio de Vistalegre se llene de seguidores este viernes, fuera de sus paredes la discusión sobre si su regreso es merecido o no continuará vigente. Lo que está claro es que, al menos para sus fans, el anticristo superstar nunca se fue.

Referencias