El Estadio do Dragão fue testigo de una nueva demostración de poderío europeo del FC Porto, que se impuso con claridad meridiana al OGC Nice por un contundente 3-0 en un encuentro correspondiente a la fase de grupos de la Europa League. El conjunto luso mostró una versión sólida y efectiva, controlando todos los aspectos del juego ante un rival francés que nunca encontró su ritmo.
Desde el pitido inicial, los hombres de Vítor Bruno impusieron su ley sobre el césped. La presión alta y la rápida circulación de balón desbordaron las líneas defensivas del Nice, que apenas pudo inquietar la portería defendida por Diogo Costa. La primera mitad ya dejó entrever las diferencias entre ambos equipos, con un Porto dominador y un Nice replegado en su campo, esperando una oportunidad de contragolpe que nunca llegó con peligro real.
El partido estuvo marcado por la intensidad física y las numerosas interrupciones. Las faltas se sucedieron a lo largo de los noventa minutos, rompiendo el ritmo del encuentro en múltiples ocasiones. Precisamente, una de las acciones más polémicas llegó en el minuto 78, cuando Antoine Mendy vio tarjeta amarilla por una entrada peligrosa sobre Borja Sainz. El defensa francés entró con dureza y el colegiado no dudó en mostrarle la cartulina, una decisión que generó protestas en el banquillo visitante.
La defensa portista, capitaneada por Jan Bednarek, demostró una solidez a prueba de balas. El central polaco, pese a ser amonestado en el minuto 77 por una dura entrada, fue uno de los pilares del equipo. Su capacidad para anticiparse y despejar los balones envenenados que llegaban al área fue fundamental para mantener la portería a cero. Junto a él, Pepê y Francisco Moura formaron una línea defensiva compacta que frustró todas las aproximaciones del ataque francés.
El medio campo fue el gran dominador del encuentro. Stephen Eustaquio, que entró en el minuto 80 sustituyendo a Gabri Veiga, aportó frescura y control en la zona de creación. El canadiense se mostró intratable en la recuperación y preciso en la distribución, permitiendo al Porto mantener el balón durante largos períodos. Por su parte, Pablo Rosario también dejó su impronta con una actuación física que incomodó a los rivales, aunque tuvo que medir sus entradas tras ver varias faltas señaladas en su contra.
El ataque portista brilló por su eficacia. Los tres goles llegaron en momentos clave, desmontando cualquier atisbo de reacción del Nice. Aunque el minuto a minuto no especifica los autores, lo cierto es que la puntería estuvo de lado de los locales. Los cambios ofensivos dieron resultado: la entrada de Rodrigo Mora y Luuk de Jong en el minuto 73 revitalizaron el ataque en los instantes finales, asegurando el resultado cuando el cansancio empezaba a hacer mella.
El banquillo del Nice intentó reaccionar con varios cambios. Francesco Farioli movió ficha en el minuto 68, dando entrada a Isak Jansson, Hicham Boudaoui y Kevin Carlos en busca de oxígeno para su equipo. Sin embargo, la falta de conexión entre líneas y la imprecisión en el último pase impidieron que los franceses generaran ocasiones claras. Mohamed-Ali Cho y Sofiane Diop abandonaron el campo sin haber podido incidir en el desarrollo del encuentro.
Las lesiones también protagonizaron los últimos compases del duelo. Primero fue Rodrigo Mora el que requirió asistencia médica en el minuto 75, provocando una pausa en el juego. Inmediatamente después, Charles Vanhoutte del Nice también sufrió una molestia que detuvo el encuentro. Estas interrupciones, sumadas a las cinco adicionales señaladas por el cuarto árbitro, alargaron el partido hasta el minuto 96.
La tarjeta amarilla a Borja Sainz en el 90+3 fue la guinda a una noche complicada para el Nice. El delantero, que había entrado para dar profundidad, vio la cartulina por perder tiempo, un gesto que reflejaba la frustración de un equipo que nunca estuvo cómodo sobre el verde.
El colegiado tuvo que trabajar para mantener el orden en un encuentro que se calentó en varios tramos. Las faltas de Kevin Carlos, Morgan Sanson y Melvin Bard mostraron la desesperación de un Nice que veía cómo el partido se les escapaba de las manos. Por parte del Porto, la experiencia de Diogo Costa bajo palos fue crucial para gestionar los momentos de presión, aunque fueron escasos.
El resultado deja al Porto en una posición privilegiada en su grupo, consolidándose como uno de los favoritos para avanzar a la siguiente ronda. La victoria por 3-0 no solo aporta tres puntos valiosos, sino que también mejora el average goleador, un factor decisivo en competiciones europeas. El equipo luso demostró que tiene nivel para competir con los grandes, combinando una defensa sólida con un ataque letal.
Por su parte, el Nice deberá reflexionar sobre su actuación. La falta de ideas en ataque y la fragilidad defensiva ante un rival de nivel son aspectos a corregir de inmediato si quieren seguir con opciones de clasificación. La Europa League no perdona estos deslices, y la derrota en Oporto complica notablemente su camino en la competición.
El próximo compromiso del Porto será clave para certificar su liderato, mientras que el Nice necesitará una victoria urgente para no quedar descolgado en la tabla. Lo que está claro es que el fútbol portugués sigue dando que hablar en Europa, y el Dragão continúa siendo una fortaleza inexpugnable para los visitantes.