El PSV Eindhoven ha escrito una de las páginas más brillantes de su historia continental al imponerse por un contundente 3-0 al Liverpool en el mítico estadio de Anfield. Un resultado que nadie podía prever y que sacude la fase de grupos de la Champions League, dejando a los de Arne Slot en una posición comprometida y elevando a los neerlandeses como serios candidatos en su llave.
El encuentro comenzó con el dominio territorial que se esperaba de los locales, pero pronto se evidenciaron las lagunas defensivas que el PSV supo explotar con una precisión quirúrgica. La primera mitad dejó entrever las intenciones de ambos conjuntos, con un Liverpool que controlaba el balón pero carecía de profundidad, mientras el conjunto visitante aguardaba su momento con una disciplina táctica admirable.
El golpe de efecto llegó antes del descanso. Richard Til se convirtió en el verdugo de los reds con un remate de calidad que superó al guardameta rival, estableciendo el 1-0 cuando el Liverpool parecía más cómodo. La jugada desnudó los problemas de concentración en la retaguardia inglesa, incapaz de neutralizar la transición holandesa.
La segunda mitad debía servir para la reacción de los de Anfield, pero lo que vino fue un colapso total. La lesión de Ekitiké obligó a un cambio forzado, interrumpiendo el ritmo de los locales. El PSV, lejos de amedrentarse, aprovechó la situación para crecerse en el campo.
El momento decisivo llegó con un error garrafal de Konaté en la salida de balón. El central francés perdió el control del esférico ante la presión visitante, lo que permitió a Driouech robarle la cartera y batir al portero con un disparo cruzado que se coló por el primer palo. El 2-0 dejó a Anfield en silencio y abrió la caja de Pandora para los de Slot.
El técnico neerlandés movió ficha introduciendo a Chiesa y a Isak en busca de una remontada épica, pero la fortuna no acompañó. El italiano tuvo dos ocasiones claras que no pudo materializar, mientras que Szoboszlai estrelló un potente disparo en el larguero. La mala suerte se cebó con los reds.
La polémica no faltó. El árbitro Hernández Hernández se convirtió en protagonista al no permitir un saque rápido del PSV tras una falta, decisiones que desconcertaron a ambos banquillos. Además, el Liverpool reclamó dos posibles penaltis por manos de Dest dentro del área, pero el colegiado no pitó nada.
El punto culminante llegó en el tiempo añadido. Con los locales volcados al ataque, el PSV sentenció a la contra. Driouech, en su segundo gol de la noche, culminó una jugada de velocidad que dejó sin opciones a la defensa inglesa. El 3-0 definitivo fue una obra de arte del fútbol de transición, ejecutada a la perfección por los neerlandeses.
El rendimiento individual dejó muchos interrogantes en el Liverpool. Van Dijk falló en el liderazgo defensivo, Mac Allister no pudo imponer su ritmo en el centro del campo y Salah estuvo desaparecido durante largos tramos. Por el contrario, el PSV brilló por su colectivo, con una defensa sólida liderada por Yarek y una delantera letal en las transiciones.
Las implicaciones de este resultado son enormes. El Liverpool ve comprometida su clasificación para los octavos de final y la presión sobre Arne Slot alcanza niveles máximos. La afición de Anfield, conocida por su apoyo incondicional, comenzó a mostrar signos de impaciencia ante la falta de ideas del equipo.
Por su parte, el PSV se coloca en una posición de privilegio en el grupo, demostrando que puede competir de tú a tú contra los grandes de Europa. La efectividad de sus delanteros y la solidez táctica de su entrenador convierten a los neerlandeses en un rival temible para cualquier adversario.
El análisis táctico revela que el Liverpool pecó de precipitación en ataque y desorden defensivo. Los constantes cambios de posición de Salah y Gakpo no encontraron el espacio necesario, mientras que la ausencia de un mediocentro defensivo puro dejó huecos en la medular. El PSV, con un 4-3-3 bien estructurado, cerró espacios y esperó su momento para castigar.
La estadística de posesión (65% para el Liverpool) engaña, ya que los de Eindhoven generaron más peligro con menos balón. Los contraataques fueron su mejor arma, ejecutados con precisión por Perisic y Til antes de ser sustituidos por Pepi y el propio Driouech.
El futuro inmediato del Liverpool pasa por una profunda reflexión. Slot debe encontrar soluciones urgentes a una defensa que encaja con facilidad y un ataque que no termina de funcionar. La lesión de Ekitiké, que parecía seria, complica aún más el panorama.
En definitiva, una noche para el olvido en Anfield y una para la historia del PSV. El fútbol vuelve a demostrar que los papeles se rompen cuando la efectividad y la disciplina táctica se imponen al nombre y el presupuesto. Los neerlandeses han puesto el listón muy alto y el Liverpool tiene una semana para recomponerse antes de su próximo desafío europeo.